Más allá de “Spotlight”: ocho películas minúsculas sobre periodismo

Ocho títulos desapercibidos y minúsculos sobre ese periodismo en minúscula y desapercibido.

Con el estreno de Spotlight, que la que ya hemos hablado aquí, vuelve a estar en portada el Periodismo (en mayúsculas) en el Cine (en mayúsculas). El séptimo arte nos ha dado joyas que hablan de la profesión que muchos intentamos ejercer dignificando, mitificando o criticando distintos aspectos de lo que significa narrar lo que acontece en el mundo que nos rodea. Algunas, de hecho, figuran en los altares de Mejores Películas de la Historia del Cine (mayúsculas elegantes ahí), como es el caso de la inconmensurable Ciudadano Kane. Otras, por su parte, nos han contado como la honradez y profesionalidad es capaz de derrocar imperios, como Todos los hombres del presidente. Pero hay muchas películas, que nos hablan de ese periodismo que no va en mayúsculas y que no crea imperios ni los derroca. Ese periodismo que pasa desapercibido, y que, en cierto sentido, nos cuenta otra verdad de una profesión cada día menos fácil de defender.

Sed de escándalo (Mervyn LeRoy, 1931)

Periodismo en el cine

Edward G. Robinson bien podría haberle dado clases a Jake Gyllenhaal sobre el periodismo carroñero pues 83 años antes de Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014), él ya escarbaba en las papeleras de las historias de folletín que los diarios publicaban sin ton ni son. Mervyn LeRoy contaba la historia de Randall (genial Robinson), un editor de un periódico de capa caída que decide resucitar una antigua historia de crímen pasional, aunque ello suponga destrozarle la vida a los Townsend, una feliz pareja de recién casados. Para ver cómo funciona ése periodismo que vende por ser el cuarto poder de la vida de la gente, y no de las instituciones a quiénes ésta obedece.

Un gran reportaje (Lewis Milestone, 1931)

Periodismo en el cine 2

La original de las canónicas adaptaciones que la siguieron. Una comedia fresca pero ácida sobre lo que significa el periodismo y que no pasaría a la historia ni como cine sobre periodismo ni como parte de la carrera de un Milestone que parecía que un año antes lo hubiese dado todo con esa obra maestra que es Sin novedad en el frente (1930). Sí, Adolphe Menjou no es ni Cary Grant en Luna Nueva (Howard Hawks 1940) ni Jack Lemon en Primera Plana (Billy Wilder,1974) pero oigan, lo intentó. Para ver ese periodismo que es la vida, sin más.

El reloj asesino (John Farrow, 1948)

Periodismo en el cine 3

Si quisiésemos entender el poder de quien posee un medio de comunicación, lo lógico es que nos remitiésemos a Ciudadano Kane, pero como esto va de esas otras miradas al periodismo, sería interesante transitar caminos más cuestionalbes. Es el caso de este juguetón thriller en el que Charles Laughton hacía gala de su malévola presencia para ponerle las cosas difíciles a un inocente Ray Milland. Para pensar sobre periodismo que puede condenar a inocentes y liberar de culpa a criminales.

Nayak, el héroe (Satyajit Ray, 1966)

Periodismo en el cine 4

Una periodista se encuentra con un actor famoso en un tren. Y, claro, no puede por menos que intentar hablar con él. Resulta ser que terminan comiendo juntos, pero lo que es una charla informal, esconde un relato periodístico de toda una vida de aventuras. Una rareza que, si bien tiene al periodismo en un lugar alejado de su historia principal (las aventuras del actor), sí que ofrece una mirada distinta a la profesión, encarnada por una mujer que se encuentra encasillada en ella. Para descubrir las historias de vida, narraciones de interés humano, o simplemente el periodismo de contar las pequeñas cosas, que siempre esconden más grandeza de la que aparentan.

Al filo de la noticia (James L. Brooks, 1987)

Periodismo en el cine 5

Encantadora comedia que, no obstante, da fe de los prejuicios y enajenaciones mentales que muchos periodistas achacan a su profesión. Vendidos a ellos mismos como súmmum de la objetividad y transparente voz del pueblo, los periodistas no son más que hombres y mujeres mortales: con sus celos y recelos que empañan, siempre, el ejercicio de su profesión. De dicha premisa, James L. Brooks extrae sustrato cómico que no es ajeno al retrato de una profesión profundamente contradictoria en plena transformación tecnológica. Para ver el periodismo con buenos ojos, sin la pesada integridad moral de The Newsroom.

Territorio comanche (Gerardo Herrero, 1996)

Una época tan convulsa como los noventa, entre el derrumbe del sistema comunista y la globalización del capitalismo como único magma social, el cine no encuentra voz para periodistas. A pesar de ello, la cruda novela de Arturo Pérez Reverte, mejor novelista ayer que articulista hoy, nos transportaba a una Bosnia en guerra para narrar los intríngulis de la profesión del reportero de guerra, sin contemplación ni asomo de romanticismo. Gerardo Herrero adaptó en el 96 al novela con un guión del propio autor, y, aunque la película flojease en muchos sentidos, queda en la memoria su proyección del periodista y un gran Carmelo Gómez cuya sombra intentaba esquivar Imanol Arias. Para ver el periodismo sin filtros de instagram.

Veronica Guerin (Joel Schumacher, 2003)

Si cualquier película con Cate Blanchett de protagonista no fuese razón suficiente, podríamos aventurar que esta es, tal vez, la película más seria de Joel Schumacher. No tanto por lo turbio del asunto que trata, sino por su fatídico “Basado en Hechos Reales” que preludia un drama a ritmo de thriller acelerado. Para ver el periodismo y las consecuencias de la verdad.

Ellas (2011, Malgorzata Szumowska)

Si quisiésemos estudiar la temática de la prostitución estudiantil que ejercen libremente y de manera voluntaria mujeres que usan el sexo para pagarse estudios o lo que fuere, la película de Szumowska haría una estupenda doble sesión con Joven y bonita (François Ozon, 2013). Pero esto va de periodismo y la verdad es que la periodista que interpreta la siempre estupenda Juliette Binoche bien podría ser el último gran ejemplo del periodismo comprometido. Y no comprometido con lo socialmente aceptable o correcto, comprometido con la profesión y la búsqueda de un relato que narre y ponga en evidencia la falsa moral europea. Aunque ello la lleve a algo que poco tiene que ver con el periodismo. ¿O si? En definitiva, para ver el periodismo en la piel de Binoche, que no es poco.

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