Nader Y Simin, Una Separación, lección contando una historia

Tras arrasar en Berlín, llega a España esta historia que sorprende por lo que no dice mientras te inmiscuye en ella.

La semana pasada llegó a nuestras carteleras Nader y Simin, una separación tras haber triunfado en el último Festival de Berlín llevándose los galardones a Mejor película, Mejor actor y Mejor actriz. A pesar de lo reacio que pueda ser el público general en España ante historias de este calibre, lo cierto es que esta pequeña muestra del cine iraní que se está haciendo tiene todo lo que un público occidental puede pedir, además de varias cosas más que ojalá viéramos de manera más habitual por aquí. Dirigida por Asghar Farhadi (que ya obtuvo muy buenas críticas con su anterior film, A propósito de Elly) no hay ni que decir que la película ha sido elegida por Irán para optar a ser una de las cinco candidatas a Mejor película en habla no inglesa durante los próximos Oscars. Y posibilidades tiene, ciertamente.

La película cuenta la historia, curiosamente, de Nader y Simin, una pareja que en su momento decidió abandonar el país en busca de una vida mejor pero que se topa con varias motivaciones por parte de él para quedarse. Ante esa falta total de entendimiento, de comprensión hacia el otro y de expectativas de que ese otro haga algo más por salvar la relación, la pareja decide divorciarse. Es este el punto en el que arranca la película, en ese juzgado iraní que nos acompañará durante toda ella pero que, irónicamente, no será hasta la última escena cuando lo haga por el mismo motivo.

De arranque lento y costumbrista, Nader y Simin, una separación contiene un giro de guión llegando a la media hora de metraje que da un vuelco total a la historia convirtiéndola en lo que será a partir de ahí, un drama judicial que sorprende por lo cercano que es con el público. Alejada totalmente de lo que se espera de este género, esta aceleración que toma la película beneficia a su ritmo pero no entorpece para nada el desarrollo de los personajes, a cada cual más interesante y mejor interpretado. No es una historia de buenos ni malos, y eso la hace grande. A la interpretación total del espectador se dejan estas valoraciones, quedando así unos personajes sólidos y bien definidos muy cercanos a la realidad. Dependiendo del punto de la historia en el cual nos encontremos, podemos ver como nadie es tan bueno como parecía al principio pero tampoco será luego tan malo como la historia nos podía dejar ver. Son personas con vidas diferentes, caminos que se cruzan e intereses que defienden, pero el hecho de que el director se mantenga siempre al margen de querer influir en nuestra percepción de los personajes aleja a esta película definitivamente de lo que estamos acostumbrados a ver en juicios en la gran pantalla. Farhadi teje una historia limpia a ojos del espectador, que aumenta en interés conforme avanzamos en el metraje y que además deja un buen debate tras los créditos finales. Su mérito radica en decir más sin decir nada, algo muy poco habitual y que denota un enorme talento.

La sensación final que queda al ver una película como esta es que nos han contado una historia simple y sencilla de una manera tan perfecta que ha multiplicado sus efectos. Sin ser una obra maestra ni pretenderlo, pues destila humildad por todas sus escenas, Nader y Simin, una separación consigue lo que muchas otras ni se acercan a lograr con historias más jugosas y medios infinitos. A Farhadi hay que marcarle al hombre.

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