Nightcrawler, el comercio de la sangre

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Dan Gilroy (El legado de Bourn) estrena en VOD su primera película como director con Jake Gyllenhaal como el ya legendario Lou Bloom

Cine en su sentido más adictivo

9 Interpretaciones
8 Propuesta visual
8 Guión
8 Ritmo
8.3

Somos hijos de la violencia, y aunque no nos guste estamos encadenados a ella. La paladeamos, la degustamos y la ingerimos en cantidades industriales. A cualquier hora y en cualquier lugar somos víctimas de una adicción desmesurada por el morbo descarnado y la locura desatada.  Públicamente renegamos de ella, pues la hipocresía precede a la honradez, pero en la intimidad de nuestros hogares la fomentamos con el arte del voyeurismo más pueril más aún en una época en la que la conectividad global se ve impulsada por las redes sociales y los fenómenos virales capaces de hacer llevar una imagen o una noticia a cualquier rincón de nuestro planeta en cuestión de segundos. Hemos dejado que los medios nos manipulen y nos sirvan en bandeja toda la basura que generamos aderezada con altas dosis de mal gusto, por el simple hecho de mantener con vida una maquinaria del dolor que se alimenta del sufrimiento ajeno para el deleite propio. Somos esclavos de los reality-shows, del “periodismo realista” y de los “mass media”. Todos ellos se han embarcado en una batalla por alcanzar el más desagradable todavía, mientras abandonan la magia legendaria de su oficio como transmisores de la actualidad para alcanzar la cima de ese esperpento creado por la amoralidad más aberrante que es el sensacionalismo. En el camino quedan los desmembrados restos de la ética humana, la empatía social y el respeto por el sagrado arte del periodismo de rigor… y si nunca nos hemos plateado esta realidad, aquí está Nightcrawler para ofrecernos ese espejo en el que buscar nuestro corrompido reflejo.

Nightcrawler Renne Russo Jake Gyllenhaal

El asfalto y el neón se dan la mano para que Dan Gilroy baile su particular danza macabra con la que nos introduce en su sátira descarnada

La obra de Dan Gilroy fue en su estreno un soplo de aire fresco (y amargo) en el panorama cinematográfico que continúa ganando enteros con las revisiones sin desmoronarse ni perder contundencia. Parece ser que aún siguen quedando realizadores capaces de comprometerse con la realidad sin desligarse del arte cinematográfico para ofrecer interesantes y refrescantes propuestas con las que deleitarnos a aquellos que continuamos con nuestra fe por el séptimo arte intacta. El hermano de Tony Gilroy (director de títulos como Michael Clayton o El legado de Bourne  y también guionista) ofrece un contundente debut que le consagra como guionista, labor para la que demostró su sobrada valía en títulos como la ya mencionada El legado de Bourne, a la vez que se postula como un director muy capacitado para el difícil arte del nervio narrativo. Su propuesta visual arranca con la frialdad panorámica de una nocturna Los Ángeles que gracias a la fotografía de Robert Elswit y se transforma en el paradigma de urbe despersonalizada que funciona como caldo de cultivo para que los criminales arraigados en sus entrañas campen a sus anchas. El asfalto y el neón se dan la mano para que Dan Gilroy baile su particular danza macabra con la que nos introduce en su sátira descarnada. Su guión tiene de todo, y todo bueno. Hay en Nightcrawler ironía y un humor tan negro que escuece; pero también hay sueños americanos pisoteados y falsos profetas de la prosperidad. Hay implicaciones que se palpan con los dedos y se sienten en nuestras carnes, y dobles lecturas que resultan imposibles de ignorar. Y sobre todo, hay un personaje redondo que sostiene toda la fuerza de la narración y la vomita al espectador con la virulencia más enloquecedora.

Jake Gyllenhaal Nightcrawler

Lou Bloom es un personaje redondo que consagra a un Jake Gyllenhaal desatado en todas sus facetas

Lou Bloom (Jake Gyllenhaal) es cine en estado puro. Uno de esos antihéroes que en contadas ocasiones noquean nuestras retinas y lo que queda vivo de nuestras conciencias. Un Travis Bickel o un Tony Montana del quinto poder. Un personaje redondo que consagra a un Jake Gyllenhaal desatado en todas sus facetas. Físicamente sobrecogedor con una riqueza gestual inusitada que potencia las matizaciones que el guión realiza sobre su personaje, y con un talento indomable para dominar cada una de las escenas, Gyllenhaal se fusiona con su papel hasta el punto de llevarnos a acariciar el terror en cada mirada y la desquiciante sensación de angustia en cada diálogo. Una interpretación legendaria que está arropada por la carga erótica que imprime Rene Russo (esposa del director) a su personaje, o la genialidad de un Bill Paxton que funciona como el buen vino.

Gilroy sabe manejar esas virtudes y encadenarlas a su trabajo tras las cámaras. Nightcrawler parece coquetear con la visceralidad del Scorsese de los 70, y la frialdad enfermiza que Nicholas Winding Refn ofreció en Drive. Se intuyen ecos incluso de esa genialidad que es El gran carnaval de Billy Wilder. Pero aun así su película juega con el divino arte de la originalidad, todo lo demás no son más que matices para expandir su inspiración. Una excelente gestión de los referentes que le permiten dar rienda suelta a su talento como narrador. De ese modo, su cinta viaja desde la calma tensa de su introducción al apocalíptico clímax final sin sucumbir en ningún momento a los mecanismos de una industria autocomplaciente. Gilroy sabe dirigir y ofrecer un espectáculo coherente y completo que funciona en cada uno de sus excelentes 113 minutos.

Nightcrawler es, para el que aún no lo sepa, una de las propuestas más interesantes que nos dejó el pasado curso cinematográfico. Un caramelo para cualquier cinéfago, que se verá transportado a ese cine de doble cara en el que la superficie y el fondo tienen algo que ofrecer. La confirmación de un talento tras las palabras, y la presentación de uno de esos nombres que merecen la pena seguir tras las cámaras.

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