Noche de fin de año, edulcorado bodrio navideño

Garry Marshall vuelve para dirigir la que, esperamos, sea su última película como director, la secuela de Historias de San Valentin.

Desde que Richard Curtis y su Love Actually (2003) encandilaran a medio mundo con esas historias paralelas tan enternecedoras, parece que Garry Marshall no piensa parar en su empeño por repetir los logros que en su día alcanzase la comedia británica. Obviamente, Historias de San Valentín (Valentin’s Day, 2010), pese a su recaudación de más de 200 millones de euros, apenas alcanzó la simpatía del filme de Curtis. Ahora, apenas un año y medio después, Marshall vuelve a concentrar a un número enorme de estrellas para aprovechar los días festivos y lograr de nuevo una recaudación a la altura de su anterior trabajo. El mismo director reconoció al anunciar el proyecto que Noche de fin de año era una secuela de Historias de San Valentín, con lo que las expectativas en cuanto al proyecto, por muchos actores y actrices –la mayoría en estado de desgracia- que compusieran su reparto, no hacían más que caer en picado. Tras su estreno quedan, por tanto, dos conclusiones: que Marshall debería dejar de dirigir películas, y que actores como Robert De Niro, Michelle Pfeiffer o Hilary Swank deben estar pasándolo muy mal como para rebajarse a este sinsentido.

Noche de fin de año maneja varias tramas que se suceden en la ciudad de Nueva York y en los días previos a nochevieja. Desde una chef (Katherine Heigl) encargada de organizar el catering de una de las fiestas más importantes de la ciudad, hasta una antigualla aburrida de su trabajo (Michelle Pfeiffer) que decide aprovechar el último día del año para hacer todas aquellas tonterías que no había podido hacer en toda su vida –de verdad, auténticas chorradas que hasta un crío de cinco años podría escribir (“Ir en un taxi sin coger tráfico”)-, la película se desenvuelve con demasiada brevedad entre todas las historietas. De esta manera, ninguno de los personajes logra suponer un atractivo suficiente como para que el espectador se compenetre con los edulcorados -y extremadamente rápidos- enamoramientos o los (anti)épicos discursos que siempre resultan estar siendo vistos por todo el puñetero país -¿Quién quiere escuchar a una organizadora del evento más hortera de Estados Unidos?-.

El guion de Katherine Fugate apenas arriesga con los personajes o en las relaciones que establecen entre ellos, así como tampoco lo hace Marshall a la hora de ponerse tras las cámaras. Cada una de las escenas de la película baila entre los estereotipos más trillados del panorama cinematográfico, los planos se muestran más atentos a las sonrisas perfectas de sus protagonistas que a lo que realmente acontece, y tras terminarla queda la sensación que hemos visto a una decena de rostros conocidos moverse en una postal de la ciudad de Nueva York, probablemente la única que sale ganando de la contienda.

Noche de fin de año no es una buena película, no lo es ni para estas fechas en las que todos estamos un poco más sensibles. Su único disfrute reside en los distintos cameos, ver a De Niro pasar sus últimas horas junto a la diosa de Ébano de Pepe Colubi, Halle Berry, y asistir a unas tomas falsas cargadas de ironía y que sin duda son la parte más divertida de todo el filme.

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