El nombre del bambino: no me llames entrecôte, llámame bistecca

Francesca Archibugi nos cocina un remake matizado de Le Prénom que sabe a más de lo mismo: entretenida y sólida pieza de comedia protagonizada por un notable reparto en su salsa

La bistecca, como el entrecôte, está rica y nos la comemos

6 Pieza de entretenimiento
7.5 Elenco actoral en su salsa
3 Remake reciente al vacío de originalidad
5.5 Conjunto de matices italianos
5.5

Decía Kvothe en El nombre del viento que era esencial conocer los nombres de todas las cosas, pues en ello residía un gran poder. Que los nombres importaban, en resumen. Y lo cierto es que El nombre del bambino, la nueva película de la directora Francesca Archibugi, le da la razón. Situación demasiado habitual en el caso de Kvothe, por otro lado. El nombre del bambino nos invita a la que promete ser una tranquila velada en casa de Betta (Valeria Golino) y Sandro (Luigi Lo Cascio), a la que también acudirán el hermano de Betta y mejor amigo de Sandro, Paolo (Alessandro Gassman), su mujer Simona (Micaela Ramazzotti) y un amigo común de la infancia, Claudio (Rocco Papaleo). La teoría dice que todo saldrá a pedir de boca: a todos les encantará la comida que con tanto esfuerzo cocinó Betta, Sandro podrá tuitear sus exitosos pensamientos en torno a la rutinaria velada, el carísimo vino -regalo de un cliente- que trajo Paolo hará las delicias de los comensales y la corrección política tendrá una noche plácida. Sin embargo, todo se empezará a desmoronar cuando Paolo comunique que el nombre de su futuro hijo será el de Benito, como Mussolini. Se empezarán a poner viejos rencores y secretos sobre la mesa y, claro, a ver quién paga el pato y los platos rotos.

Pero como en toda cena que se precie, terminados los aperitivos y acabada la primera copa de vino, perdemos el decoro inicial, y al igual que los protagonistas del filme que nos ocupa, empezamos a hablar en plata: El nombre del bambino es un remake de Le Prénom (El nombre), una comedia francesa bastante exitosa del año 2012 escrita y dirigida por Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte, quienes adaptaban su propia obra de teatro homónima. Sí, lo han oído bien: italianos haciendo un remake de una película francesa sólo tres años después. Sí, aquello por lo que a muchos europeos se nos llena la boca mientras acusamos a Hollywood como si fuera el hijo tonto del demonio. Y, por si éramos pocos, parió la abuela: la mano ejecutora de todo esto es Francesca Archibugi, que aun siendo mayoritariamente desconocida en España, es una reconocida cineasta italiana que ganó el Premio del Jurado Ecuménico del Festival de Cannes en 1993 por La gran calabaza. Y he aquí el quid de la cuestión… ¿qué le lleva a una autora de su calibre a hacer un remake puro y duro de una película de hace sólo tres años? ¿Le gustó mucho Le Prénom y sintió la imperiosa necesidad de emularla en su propia cultura? ¿Le atrajo su gran éxito comercial? Antes cité el libro de El nombre del viento y ahora dejo las preguntas en el aire.

Il nome del figlio_El nombre del bambino_Le Prénom_Francesca Archibugi_Luigi Lo Cascio_Alessandro Gassman

¿Qué le lleva a una ganadora del Premio del Jurado Ecuménico de Cannes a hacer un remake puro y duro de una comedia francesa de hace sólo tres años? ¿Sintió la imperiosa necesidad de emularla en su propia cultura o le atrajo su gran éxito comercial?

Sea como fuere, considero que el plato fuerte de esta crítica ha de ser, necesariamente, una comparativa entre El nombre del bambino y su partenaire. La comida principal viene a ser la misma: una sólida y entretenida comedia de salón de pura lengua (diálogo) bañada de un espléndido grupo de actores a los que se les ve en su salsa mientras fluyen entre el drama y la comedia y que nos trae cierta sátira política, cierto derrumbe de clichés y prejuicios y, sobre todo, el inconfundible sabor del paso del tiempo, ingrediente fundamental  en la consolidación de la amistad. Francesca Archibugi respeta en grado sumo la estructura y el guion original, adaptando el mismo a la cultura italiana, favoreciéndose así una obra más temperamental pero con menor peso dramático. Pero no cocina nada nuevo. Cambiamos el entrecôte por la bistecca alla fiorentina.

Sin embargo, los condimentos romanos le aportan distintos matices frente a los parisinos, aunque no siempre supongan un acierto. El nombre del bambino opta por reforzar la temática familiar frente a la diatriba filosófica, más del gusto francés. Esto lo consigue de forma irregular. Por un lado, acierta a la hora de acentuar la crisis matrimonial entre los personajes de Betta/Élizabeth (en la original francesa) y Sandro/Pierre mientras se moderniza incorporando una novedad (y problema) de plena actualidad como supone el submundo de Twitter. También lo hace al reforzar el personaje de la madre de Betta/Élizabeth y Paolo/Vincent, paradójicamente, alejándolo, en sentido explícito, de la pantalla, cuya excesiva presencia en la misma era uno de los principales defectos de Le Prénom. También acierta a la hora de reforzar notablemente al personaje de Simona, cuyo homónimo francés, Anna, era, a todas luces, el más soso del filme. Por último, conviene destacar, aunque esto ya sea algo a gusto de cada consumidor, que logra perfilar perfectamente a los protagonistas vía diálogo sin hacer uso de ese background con voz en off y montaje ágil más típico del cine francés que el foie gras. Pero, por otro lado, El nombre del bambino falla en sus apuestas por masificar el uso de los flashback en pos del calado nostálgico, y reforzar los personajes de los hijos de Betta/Élizabeth y Sandro/Pierre. Además, como guinda del pastel, tiene unos planos b/n propios del  found footage justificados por un dron que emplean los niños que diluyen la tensión dramática y dejan un terrible sabor de boca.

Il nome del figlio_El nombre del bambino_Le Prénom_Francesca Archibugi_Micaela Ramazzotti_Alessandro Gassman_Rocco Papaleo

El nombre del bambino ofrece lo mismo que Le Prénom, una sólida y entretenida comedia sostenida por un notable reparto, con ciertos matices no siempre acertados

El nombre del bambino es, pues, más de lo mismo. En Europa demostramos que por mucha defensa del nacionalismo gastronómico que nos hartemos a hacer, también sabemos importar las recetas de éxito y convertirlas en comida rápida. Y si básicamente está bien hecho y está rico, los espectadores nos lo comemos encantados. Y repetiremos, claro está. Y todo ello no se si es una broma de mal gusto o no pero de lo que pueden estar seguros es de que aquí le llamamos a las cosas por su nombre, para orgullo de Kvothe. Así pues, como en la archiconocida canción española No me llames Dolores, cantada por Lola Flores, Rocío Jurado o Concha Piquer…

…no me llames entrecôte, llámame bistecca.

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