#NoOscarFest: “Yo, él y Raquel” de Alfonso Gomez-Rejon

¿Cuándo fue la última vez que te emocionaste en una película? No me refiero al “ay, qué bonita”, no. Me refiero a sentir ese algo en el pecho que aprieta más de la cuenta, a tener que controlar tu lagrimal no sea cosa que te deje en mal lugar. Me refiero a esa sensación que te provocan películas que conectan contigo y te dejan con el corazón en la mano. La conexión, esa es la maldita clave.

Aunque esta sarta de memeces que acabo de soltar puedan parecer eso, chorradas, a veces uno se descubre así, tonto ante una obra que ha conectado con él. Confieso que si una película empieza con una escena en stop-motion en la que el protagonista imagina que “el mejor de los tiempos” sería verse delante de una barra libre de comida vietnamita que sirve una chica de Pussy Riot mientras toca el arpa, me tiene medio convencido desde el minuto uno.

Pero si el minuto dos es una descripción del “peor de los tiempos” consistente en un tío siendo torturado por profesionales mientras cuelga maniatado sobre una piscina de ácido infestada de cocodrilos más cabreados de lo normal (por lo del ácido, claro), que además sufre por no poder evitar oler etuberías que sueltan aire que huele a leche podrida derramada, cosa que también cabrea a los torturadores mientras le golpean… entonces ya, mira, me ha desarmado completamente. Y lleva dos minutos y diecinueve segundos contando los créditos iniciales. Eso es Yo, él y Raquel de Alfonso Gomez-Rejon: una locura que desarma.

Yo, él y Raquel de Alfonso Gomez-Rejon #NoOscarFest

Lleva dos minutos y diecinueve segundos y ya te tiene ganado.  Eso es Yo, él y Raquel: una locura que desarma

Y se esfuerza en hacerlo hasta para el que mejor defensa quiera plantar: aquél que se postra sobre su inconmensurable conocimiento cinéfilo para repetir en cada crítica que todo le suena a déjà vu porque él se ha visto todas las películas de Feuillade y ha comprendido en qué consiste el cine de Godard. A él: Yo, él y Raquel lo mira por encima del hombro con una sonrisa sarcástica.

Resulta ser que Yo, él y Raquel cuenta la historia de dos jóvenes de último año de instituto cuya afición es rodar películas amateur dándole una vuelta irónica (y loca) a los títulos de las películas clásicas que les gustan. Y la película, que ya era desde el minuto dos  algo realmente divertido, se va revelando como un juego para freaks cuyas jugadas cuestan de pillar. de estas jugadas.

Alfonso Gomez-Rejon nos ha brindado, sin comerlo ni beberlo, un encantador juego metacinéfilo. Yo, él y Raquel es un juguete de piezas de referentes y referencias sin fin al que no sobra ni un solo guiño. Aquí podéis ver a unos tipos que hicieron reunieron los mejores, porque todos daría para un libro: desde detalles insignificantes en la puesta en escena, hasta bromas de vestuario, pasando por juegos con una genial banda sonora (como refleja excelentemente Shipra Harbola en Indiwire).

Yo, él y Raquel de Alfonso Gomez-Rejon #NoOscarFest

Gomez-Rejon consigue una doble pirueta: hace que el tremendo juego referencial gire en torno a la emoción

Pero, por si todo lo mencionado anteriormente no fuese suficiente, resulta que Gomez-Rejon no se conforma con dejar sin defensa a los más avezados. Con delicadeza y extremo cuidado de no pasarse con el azúcar, hace que todo esto gire en torno a la emoción: a una historia de sensible amistad, alejada (para bien) de los dejes de la última oleada de películas young adult, de las que os hablamos aquí.

Una escena, cuya síntesis (no es baladí) es un found-footage en un hospital, reduce todo a puro sentimiento. Qué es el cine sino eso. Yo, él y Raquel extrae oro de cada segundo: convierte a dos amigos, una pantalla, un proyector y una película en una de las escenas más desprejuiciadamente bellas que servidor ha visto en tiempo. Una expresión pura de amor al cine, o simplemente de amor, que termina por hacerte presa de tus emociones. Algo así como hacer que ardan como lo harían en manos de Amrish Puri arrancando un corazón del pecho de un pobre desgraciado mientras grita Kalimaaa!!

La última vez que me emocioné tanto, fue escuchando la voz de Scarlett Johansson susurrarle a Joaquim Phoenix que su historia de amor es como las páginas de un libro pero que la vida era eso que está entre las páginas y va mucho más allá de su libro. “Es en este espacio infinito entre las palabras donde me estoy encontrando a mí misma. Es un lugar que no existe en el plano físico. Es donde está todo lo demás que ni siquiera sabía que existía”, decía en Her (Spike Jonze, 2013). Justo entre las páginas de un libro, tampoco es baladí, se desubre el giro final de Yo, él y Raquel.

Pero antes de dejarnos llevar por la lágrima, también podemor reír. Y bien a gusto.

"Sockwork Orange" — a Greg Gaines & Earl Jackson Production #MeAndEarl

A video posted by @meandearl on

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