[Oscar 2014] Mejor actriz, el año de Cate Blanchett

La actriz australiana lo ha ganado absolutamente todo hasta el momento y sólo una sorpresa mayúscula podría arrebatarle el merecido premio

Mejor actriz Oscar 2014

Se le pueden dar tantas vueltas al asunto como uno quiera, pero lo cierto es que en la ceremonia del domingo va a haber más suspense en torno a qué canción le toca interpretar a Bette Midler que a la hora de saber quién va a ganar el Óscar a la Mejor Actriz. Ni Meryl Streep en un papel escrito para ganar premios, ni Sandra Bullock poniéndose seria en la película más nominada de la noche, ni Dylan Farrow con su carta desde el New York Times pueden hacer descarrilar la imparable andadura de Cate Blanchett hacia su segundo Óscar, el primero como actriz protagonista.

Hay que remontarse a 2006 y el triunfo de Helen Mirren por La Reina para encontrar una carrera tan poco reñida como la de este año. Es cierto que, objetivamente, el dominio de Natalie Portman en los premios precursores hace tres años fue tan aplastante como el de Mirren, pero algunos apuntaban, más por la esperanza de animar un poco las cosas que por convicción, a una posible victoria de Annette Bening para compensar pasadas derrotas. Este año a nadie se le ocurre ni siquiera insinuar un sobresalto de última hora en la categoría. Quien se juegue dinero o el honor de ganar la porra sabe que la cruz de este apartado la tiene que poner junto al nombre de Cate Blanchett.

El grupo de finalistas está formado por actrices bien curtidas en el arte de los premios. Todas, excepto Amy Adams, han ganado ya un Óscar, y juntas suman 38 candidaturas en las dos categorías de interpretación, si bien casi la mitad (18) corre a cuenta de Meryl Streep. En realidad, la categoría de Mejor Actriz se define este año más por las ausencias que por el dignísimo pero rutinario quinteto de candidatas. Aunque admiro a Amy Adams, no comparto el entusiasmo por La gran estafa americana ni por su trabajo en la película, y creo que una actriz extranjera (Adèle Exarchopoulos, Veerle Baetens), una representante del cine independiente (Greta Gerwig, Brie Larson) o una interpretación genuinamente cómica (como la de Julia Louis-Dreyfus en Sobran las palabras) habrían sido opciones más meritorias para ocupar un puesto entre las elegidas.

 

La favorita:
Cate Blanchett por Blue Jasmine

CateBlanchett

La modernización que hace Woody Allen del personaje de Blanche Dubois (Un tranvía llamado deseo) es el vehículo perfecto para que Cate Blanchett luzca su asombrosa precisión técnica en la creación de personajes. Es una interpretación temeraria, a veces incluso incómoda, en la que la actriz australiana reinventa un personaje clásico al que dota de un carácter tragicómico absolutamente contemporáneo. Desde el temprano estreno estival de Blue Jasmine, una fecha siempre peligrosa para las olvidadizas memorias de los que reparten premios, Cate Blanchett se colocó como favorita en la carrera al Óscar, y ninguna de las grandes aspirantes al premio ha conseguido apearla de la cabeza. Su historial en los Óscar ha contribuido también a afianzar su estatuto de favorita. Su triunfo como secundaria por El Aviador sabe a poco para una de las grandes actrices de nuestro tiempo, y muchos recuerdan aún con amargura su derrota por Elizabeth frente a Gwyneth Paltrow. La carta abierta de Dylan Farrow en el New York Times, en la que la hija adoptiva de Woody Allen pedía directamente a la actriz que no alabara públicamente a Allen, no parece haber dañado sus posibilidades de triunfo. Por si acaso, la actriz ha esquivado astutamente el nombre de Allen en los discursos de agradecimiento de los premios que ha recibido desde la publicación de la misiva, especialmente en los BAFTA, donde centró su intervención en la figura del recientemente desaparecido Philip Seymour Hoffman.

 

La alternativa: 
Amy Adams por La gran estafa americana

AmyAdams

De la introducción habrá quedado claro que ni la película, en general, ni el trabajo de Amy Adams, en particular, me entusiasman demasiado. Que no se me entienda mal. Amy Adams me parece una de las mejores actrices en activo en Hollywood, pero su interpretación de la timadora Sydney Prosser me resulta tan desigual y epidérmica como el fingido acento británico con el que su personaje intenta embaucar a pobres desgraciados en busca de préstamos rápidos. Los que proclaman su asombro por la fuerza cómica de la actriz, aparentemente inédita para ellos, debieron de perderse su interpretación en Encantada: La historia de Giselle, un trabajo superior a éste. Aplaudí las cuatro candidaturas a actriz secundaria que Adams ha acumulado hasta la fecha, especialmente la primera en 2005 por su inolvidable papel de ingenua pueblerina en Junebug, la película que por la que se hizo famosa, pero este año habría preferido que otra actriz hubiera ocupado este hueco en el quinteto. Hasta su reciente victoria en los Globos de Oro como actriz de comedia, Amy Adams había sido la eterna nominada, la dama de honor que siempre se iba del baile compuesta y sin premio. Estoy seguro de que esta excelente intérprete tendrá su momento de gloria en los Óscar en el futuro, pero tendrá que esperar un poco más para conseguirlo.

 

La sorpresa:
Judi Dench por Philomena

Judi Dench in Philomena

Imagino que habrá bastantes miembros de la Academia que estarán deseando reconocer con su galardón la carrera de esta actriz incomparable más allá de los ocho minutos en los que aparecía en pantalla en Shakespeare enamorado. Y una historia real como la de Philomena Lee, tan edificante como conmovedora, habría sido una oportunidad perfecta para hacerlo sin una Cate Blanchett en estado de gracia interpretativo. No comparto la admiración que muchos han mostrado hacia el guión de Steve Coogan y Jeff Pope, que hace un par de semanas ganaron un BAFTA por su trabajo, pues la película me parece tramposa en su escritura, hasta el punto de que al verla uno adivina las anotaciones en el texto de las risas o el llanto que una frase o una revelación deben provocar en el espectador. El personaje de Dench no escapa a esta táctica embustera, especialmente por la forma con la que los guionistas abusan del candor y la sencillez de Philomena para provocar un contrapeso cómico al drama central del relato.

Sin embargo, Dench esquiva con aplomo el arquetipo impuesto por el propio guión al retratar a una mujer, quizá no inteligente, pero sí lo suficientemente astuta como para salirse con la suya a sabiendas de que tiene las de perder. De las cinco actrices nominadas éste es, sin duda, el trabajo de interpretación resuelto con mayor desenvoltura y naturalidad. Estoy convencido de que una actriz como Meryl Streep, por ejemplo, habría optado por una opción más vistosa en el encuentro final con una de las responsables de la tragedia, pero la mirada serena de Dench, indignada pero conciliadora, resume sin necesidad de aspavientos la esencia de la admirable mujer que da título a la película.

 

Quizá, pero no:
Sandra Bullock por Gravity

sandrabullock

El instinto de supervivencia de la doctora Ryan Stone en Gravity es parecido al que ha mostrado la actriz que la interpreta en su trayectoria cinematográfica. La antigua Miss agente especial ha conseguido, a fuerza de empeño y de papeles rechazados por Julia Roberts, ubicarse en un lugar privilegiado para encarar la madurez de su carrera en el cine. Lo ha demostrado en 2013 al hacerse con el papel central de Gravity sin renunciar a su medio natural, la comedia física, al adentrarse en el subgénero tradicionalmente masculino del buddy cop con una pareja tan improbable como eficaz: Melissa McCarthy. El personaje de Ryan Stone exige una contención que, a priori, podría parecer inalcanzable para la mujer que en su día tonteó con Ben Affleck y sus fuerzas de la naturaleza, pero Bullock hace un trabajo realmente admirable al transmitir, incluso embutida en el traje de astronauta durante buena parte de la película, el deseo inquebrantable de contradecir el ominoso anuncio, con el que sea abre la película, de que la vida en el espacio es imposible. Incluso cuando el guión hace aguas al meterse en el trillado terreno del hijo perdido, calcado de tantas películas, la actriz mantiene el tipo al exhibir una vulnerabilidad que enseguida se adivina pasajera. En otras circunstancias, Bullock habría podido darle más guerra a Blanchett en su lucha por el Óscar, pero está demasiado presente su victoria por la esperpéntica The Blind Side- Un sueño posible, uno de esos momentos que, unos años después, sólo se entienden dentro de la perversa dinámica de una campaña de premios.

 

El triple:
Meryl Streep por Agosto

MerylStreep

El último tramo de la carrera de Meryl Streep se ha visto amenazado por la sombra de la sobreactuación, quizá porque el género que ha dominado su filmografía durante estos años ha sido el biopic y porque los personajes reales que ha escogido encarnar, desde Margaret Thatcher a Julia Child pasando por la Anna Wintour que se escondía en su Miranda Priestley, no eran precisamente modelos de sobriedad. La última vez que fue candidata a un Óscar por la adaptación de una obra teatral, con La Duda, la actriz recibió algunas críticas negativas por no saber o no querer poner el freno en su interpretación de la hermana Aloysius, especialmente en la escena clave del enfrentamiento con el sacerdote que interpretaba Philip Seymour Hoffman. Algunos afirmaron entonces que su decisión de alejarse de la moderación con la que Cherry Jones había encarado la escena en Broadway le costó el Óscar en favor de Kate Winslet por El lector. Con la adaptación al cine que el dramaturgo Tracy Letts ha hecho de su obra Agosto (Condado de Osage), Meryl Streep vuelve a optar al Óscar y, de nuevo, algunos han hablado de exageración e histrionismo al describir su interpretación; sin embargo, no creo que la contención sea un enfoque posible para meterse en la piel de Violet Weston, la rencorosa matriarca drogadicta a la que un cáncer le está devorando literalmente la boca, quizá porque por ella sólo es capaz de escupir veneno.

En mi opinión, éste es el mejor trabajo de Streep desde El diablo se viste de Prada (una interpretación que, para mí, debería haberse impuesto a la de Helen Mirren por La Reina en 2006), y su opción de interpretar a Violet desde el exceso no es una cuestión de mayor o menor tino interpretativo, sino de coherencia con el personaje. Obviamente, la brillante desmesura se hace más patente que nunca en la escena de la comida tras el funeral, modelo sin parangón de disfunción familiar, por el lugar y tiempo que ocupa en la historia; sin embargo, yo me quedo con dos momentos menos vistosos pero más sobrecogedores. En primer lugar, sus interacciones con el personaje de Margo Martindale, sencillamente genial en su papel de hermana; el segundo, y quizá más sutil, es la escena en la que una Violet acosada por las náuseas sale del coche de sus hijas y se pone a correr campo a través.

En La dama de hierro, una película con la que nunca me podré reconciliar, mi escena favorita era una al principio de la película en la que se veía a Thatcher de espalda, ya anciana, cruzando una calle. Resulta paradójico que, hablando de una actriz que domina el primer plano como Streep, haya vuelto a fijarme en una escena en la que sólo se la ve de espalda, pero sólo una actriz portentosa como ella puede correr mostrando a la vez esa vulnerabilidad casi pueril de alguien perseguido tan de cerca por la muerte y que, al mismo tiempo, está utilizando su debilidad para martirizar a todos los que la rodean. Ésta es la decimoctava candidatura al Óscar de Meryl Streep; la nominación nunca ha estado garantizada a lo largo de esta temporada de premios por la mediocridad de la película, y una victoria no cabe en ningún pronóstico razonable, pero la Academia ha querido mostrar su fidelidad a la actriz al agrandar un poco más lo que ya es un récord para la eternidad.

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