Oscar 2015: el ego marca el camino de los premios

¿Qué tienen en común las películas nominadas a los premios de la Academia de Hollywood?

Ya está cerca la gran noche del cine, la ceremonia de los premios Oscar 2015. Muchos de los títulos protagonistas, y que además van llegando en cuentagotas a nuestras carteleras, tienen la virtud de servir como baremo de la situación social vigente y de las inquietudes de un público que no sólo quiere devorar palomitas, sino también entender el mundo en el que vive. De este modo, resulta curioso ver cómo, año tras año, la ceremonia de los Oscar encierra en sus nominaciones un microuniverso que funciona como testigo de los acontecimientos más recientes, ofreciendo películas que responden a las necesidades e inquietudes de los espectadores. Algo que en los últimos años se ha acentuado con la crisis, que en un principio resultó económica, y que poco a poco se va desvelando como otra de valores y que tan profundamente ha lacerado las bases de la sociedad.

Hace tres años, vivimos una ceremonia en la que brilló la película Argo y se premió a Ang Lee por La vida de Pi; al mismo tiempo, Lincoln acaparó nominaciones y cosechó dos estatuillas, mientras que La noche más oscura (Zero Dark Thirty) consiguió también ser reconocida en las nominaciones, aunque fuera después galardonada con apenas un único reconocimiento técnico. Por aquel entonces, Hollywood buscaba reinstaurar la fe de los ciudadanos en las instituciones públicas, con dos películas que demostraban la importancia de las agencias gubernamentales y el desembolso de capital necesario para mantenerlas vigentes con los filmes de Affleck y Bigelow; trató de ensalzar la alta política como herramienta democrática en la cinta de Spielberg; y curó las heridas a través de la mística, balsámica y sensacional película de Lee.

La noche más oscura (Zero Dark Thirty) Cinéfagos

El año pasado, y como consecuencia de la prolongación de los efectos de la crisis, los Oscar se centraron en la temática de la supervivencia, ya fuera a través de la épica más tradicional y del gusto de la moral norteamericana, con títulos como 12 años de esclavitud o Gravity; o centrándose más en una ácida picaresca que mostraba un corrupto submundo en el que imperaba el ingenio contra la decadencia, con personajes capaces de extraer oro de las lagunas burocráticas y políticas, como se vio en El lobo de Wall Street, La gran estafa americana o, en menor medida, en Dallas Buyers Club. Al final quedó claro que Hollywood prefería confiar en la tradición y la llamada al coraje, más que en la transgresión, y todos sabemos el resultado de aquella edición de los premios (12 años de esclavitud y Gravity fueron las dos grandes ganadoras).

Este año ese testimonio social del cine se mantiene vigente en los Oscar 2015. El hecho de estudiarlo ofrece un interesante muestrario de la situación global en la que nos encontramos inmersos. Perdida la esperanza en las instituciones públicas, y resignados a la convivencia directa con una crisis constante que comienza a ahondar en la ética y la moral, el individuo parece querer reafirmarse frente a la manada, buscando el reconocimiento del grupo y consiguiendo calmar sus necesidades psicológicas a través del antiguo arte de la palmada en la espalda. Una realidad que en ocasiones se disfraza de éxito, y en otras de cinismo, y que esconde peligros que acechan al individuo en su búsqueda por estar por encima del todo. Un enfoque que ha permitido al cine del 2014 ofrecer interesantes propuestas que han abordado estas vicisitudes de los más diversos tonos, estilos y formas:

  • En Boyhood, Richard Linklater ha buceado en las raíces de su protagonista para demostrar de dónde surgen los mecanismos que dan forma al individuo. Algo precisamente personificado en el personaje de Mason que, a través del sensacional mosaico de experiencias retratadas por la cámara del realizador, da buena cuenta de los orígenes de su personalidad, llevándole a reivindicarse como unidad existencial al alcanzar la madurez.

Boyhood Patricia Arquette Cinéfagos

  • Alejandro González Iñárritu nos ha propuesto con Birdman un viaje más cínico e irónico, ahondando en la desquiciada mente de un actor cuyo ego le ha llevado a perder la confianza en sí mismo, y a disociar su persona en un peligroso juego de identidades donde la necesidad de trascender más allá de los muros del anonimato le lleva a una batalla constante contra el mundo y contra sí mismo.
  • En Foxcatcher, la amarga y correosa cinta de Bennett Miller, el realizador ha dilapidado los cimientos de la tradición estadounidense con una tragedia basada en la falta de afecto, fruto de un famélico ego que lleva a sus protagonistas al abismo de su propia cordura, difuminando su esencia individual en el reconocimiento colectivo.
  • Nightcrawler de Dan Gilroy, uno de los títulos menos valorados de la presente edición -y que merecía mucho más reconocimiento del que ha tenido- se asoma también a ese oscuro pozo de miserias humanas en el que el individuo es capaz de cualquier cosa con tal de obtener alabanza pública, llevándole a pisotear los principios morales y éticos más arraigados del ser humano, a través de un sociópata nacido de las más oscuras cloacas de la condición humana, y que sirve como espejo para muchas de las hienas que campan a sus anchas por nuestra sociedad.

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  • Whiplash, la genial cinta de Damien Chazelle, centra su atención en un joven ansioso por alcanzar el éxito, pese a ver cómo su propia condición se ve pisoteada por las imposiciones de un ego superior, desarrollando una de las batallas que mejor han demostrado la fortaleza del individuo y su tesón en el presente curso cinematográfico.
  • Incluso un título como Alma salvaje de Jean-Marc Vallée, que no se encuentra entre los grandes nombres de la presente edición, ofrece un viaje de catarsis personal que ayuda a su protagonista a recuperar su identidad como individuo a través del sufrimiento y la superación personal.

Sin duda, un amplio muestrario de la realidad que se esconde debajo de una industria a la que muchos pretenden dilapidar antes de tiempo. Una colección de títulos que se atreven a ofrecer distintos puntos de vista de un hecho que late en los corazones de la sociedad y que demuestra que el cine no es sólo marketing, sino también una respuesta a las necesidades del individuo como ser humano. Un individuo que este año, gane Birdman o BoyhoodBenedict Cumberbatch Eddie Redmayne, es el auténtico vencedor de una ceremonia cuya cuenta atrás está a punto de terminar y ante cuyo final sólo cabe preguntarse: ¿Qué nos deparará el 2015?

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