Paul Verhoeven, 10 motivos para amarle

Listado de razones por las que amamos las películas americanas de uno de los directores más polémicos del cine de los noventa.

El estreno de Elle, la nueva película de Paul Verhoeven, ha generado un revuelo y una expectación que nadie hubiera imaginado allá por el año 2000, que fue cuando el director holandés abandonó Hollywood. Verhoeven forma parte del selecto club de iconos caídos de los noventa finalmente reivindicados veinte años después. Como Nirvana, como las Spice Girls, como Josep Borrell, como Isabel Sartorius, como José Tojeiro.

El tiempo ha acabado poniendo en si sitio al cine americano de Paul Verhoeven. Su filmografía estadounidense está repleta de películas muy generacionales a las que el paso de los años les ha terminado haciendo un inmenso favor: dotarlas de perspectiva. ¿Por qué se le menospreció tanto en su momento y a qué viene su subida a los altares actual? ¿Dónde estaban a mediados de los noventa aquellos que hoy le califican de genio?  ¿Las entradas de qué películas compraban? Desde esta tribuna os ofrecemos diez motivos por los que Verhoeven ya molaba cuando rodaba en Hollywood.

1-    Por sus actrices

Cuando Paul Verhoeven rodaba Los señores del acero, Jennifer Jason Leigh tenía como único bagaje cinematográfico destacable su participación en Aquel excitante curso. La actriz no había sido la primera opción de los productores, ni del director (ambos se decantaban por Rebecca de Mornay, que terminó cayéndose del proyecto porque exigía presencia de Tom Cruise, su novio de aquel entonces, para interpretar el papel de su prometido en la película), pero logró imponerse al resto de candidatas gracias a lo aparentemente frágil de su físico y a lo evidentemente turbio de su mirada. Jason Leigh terminaría rodando un par de películas de culto de los 80, como Carretera al infierno y Última salida, Brooklyn antes de convertirse en una actriz imprescindible para entender el cine del primer lustro de los noventa (Llamaradas, Mujer blanca soltera busca…, Vidas cruzadas o El gran salto).

Soy Rutger Hauer y vengo a tu casamiento A partirme la camisa, la camisita que tengo.
Soy Rutger Hauer y vengo a tu casamiento
A partirme la camisa, la camisita que tengo.

Verhoeven forma parte del selecto club de iconos caídos de los noventa finalmente reivindicados veinte años después

El primer contacto de Paul Verhoeven con Sharon Stone fue en el plató de Desafío Total. El personaje de Stone ofrecía uno de los giros de guión más celebrados de la película, y su top rosa con tirantes negros ha terminado siendo el vestuario femenino de ciencia ficción más icónico de los noventa, pero fue una actriz con apellido de canción de Carmen Miranda (Rachel Ticotin) la que obtuvo el principal rol femenino de la película. Dos años después, y tras sufrir el rechazo de Meg Ryan, Julia Roberts, Kim Basinger o Geena Davis, Verhoeven se acordó de aquella rubia con mirada de fuego para ofrecerle la posibilidad de ser Catherine Tramell en Instinto Básico. Y el resto ya es historia. Sharon Stone, a la que, no olvidemos, Verhoeven da su primera oportunidad en una superproducción cuando está recién llegada de rodar Sangre y arena con Javier Elorrieta, fue una estrella durante cinco años, y si en la actualidad puede permitirse vivir anunciando cosméticos y vendiendo exclusivas sigue siendo gracias a Tramell.

Cuando Paul Verhoeven afronta el proyecto de rodar Showgirls, rechaza la posibilidad de que la protagonicen actrices como Pamela Anderson, Angelina Jolie o Jenny McCarthy. Al final, contrata a Elizabeth Berkley por cien mil dólares. Berkley, que ni siquiera era la guapa en Salvados por la campana (¿alguien ha dicho Tiffani Thiessen?), llegó a afirmar que Showgirls le privó de tener un futuro en Hollywood. Mientras otras hacían campaña por el Oscar, Berkley se convirtió en la primera actriz que centro sus esfuerzos en ganar el Premio Darwin para su carrera. Cuando, ya convertida en una cinta de culto, se lanzó una edición doméstica para coleccionistas, Berkley pidió 2.500 dólares para ser entrevistada en los extras del disco. De haber aceptado la distribuidora, se hubiera convertido en su trabajo mejor pagado en años. Berkley sigue sin enterarse, comportándose como si por participar en la película de Verhoeven se hubiera privado de atender la llamada de Elia Kazan. Showgirls no le robó ningún futuro, sino que más bien le ofreció la inmortalidad. Berkley siempre será Nomi Malone. Sin ella, ahora no sería nada.

"Da bada eztá mu fdía y ce ma quedao da dengua pegá"
“Da bada eztá mu fdía y ce ma quedao da dengua pegá”

Berkley se convirtió en la primera actriz que centro sus esfuerzos en ganar el Premio Darwin para su carrera

En Starship Troopers, Paul Verhoeven también ofreció su primer papel de importancia a una actriz que terminaría siendo la bomba sexual del final del milenio: Denise Richards, pero, sorprendentemente, en un papel mucho más recatado que los que le darían la fama (Juegos salvajes o, incluso, El mundo nunca es suficiente). Y, por último, en El hombre sin sombra, ofreció una última oportunidad a Elisabeth Shue, una actriz que tres veces, tres, estuvo a punto de despegar (Regreso al futuro 2, Leaving Las Vegas y El hombre sin sombra), pero nunca terminó de lograrlo. Al final, la que terminaba volviéndose invisible delante de los ojos del espectador una vez finalizada la película fue el resto de su carrera.

2-    Por ser el Hitchcock de los noventa

Ya en el plano más recordado de Los señores del acero (ese en el que los enamorados se besaban a los pies de un árbol del que colgaban dos ajusticiados putrefactos), Paul Vehoeven mostraba su querencia por mezclar Eros y Tanatos. Erotismo y muerte son dos de los pilares sobre los que sustenta su cine el holandés. Y lo hace con una maldad y socarronería tan juguetona como la que mostraba Alfred Hitchcock en sus mejores trabajos.

"¡Qué detalle, me has comprado unas piñatas! Ven acá, bonico, que te voy a comer la boca."
“¡Qué detalle, me has comprado unas piñatas! Ven acá, bonico, que te voy a comer la boca.”

Erotismo y muerte son dos de los pilares sobre los que sustenta su cine el holandés

Así, dos de las películas más celebradas de la etapa americana de Paul Verhoeven son, si no remakes inconfesos, al menos versiones adulteradas de clásicos hitchcockianos, lo que convertiría al holandés en el heredero de la corriente revisionista del maestro del suspense que comenzó Brian De Palma a finales de los setenta y principios de los ochenta. Porque resulta complicado ver Desafío Total sin tener presente Con la muerte en los talones. Con Arnold Schwarzenegger en la piel de Cary Grant (no me digan que no tiene gracia), como un hombre de a pie metido en un follón mucho más grande que él, confusión de identidades y un correcalles sin demasiado sentido más allá del puro nervio cinematográfico. Incluso hay escenarios  inspirados en su más claro antecedente, como ese bar marciano que no deja de ser una réplica de la cafetería con vistas al monte Rushmore del tercer acto de Con la muerte en los talones.

El homenaje es incluso mayor en Instinto básico, que no deja de ser una nueva versión de Vértigo en la que un policía de San Francisco debe vigilar a una rubia (porque Paul Verhoeven, al igual que Hitchcock, es un director de rubias) de dudosas intenciones, que pondrá a prueba hasta qué punto ya es libre de los demonios de su pasado. La involucración sentimental del protagonista con el caso le llevará a obsesionarse hasta el punto de poner en riesgo su propia salud física y mental. Mujeres que cambian de identidad, planos cenitales de huecos de escalera, la pegajosa y sensual banda sonora de un Goldsmith más Hermann que nunca… TODO en Instinto Básico es Vértigo. Un Vértigo que huele a sexo, a Brumel, al sudor del envés de una mano que limpia los restos del último whiskazo apurado del culo de un vaso en una barra pegajosa. Pero Vértigo al fin y al cabo.

"¿Y no has pensado en comprarte unas cubiteras en el IKEA?"
“¿Y no has pensado en comprarte unas cubiteras en el IKEA?”

TODO en Instinto Básico es Vértigo. Un Vértigo que huele a sexo, a Brumel

3-    Por darnos ciencia ficción con subtexto

En una reciente entrevista, Paul Verhoeven afirmaba que nunca le había interesado la ciencia ficción hasta que llegó a los Estados Unidos. Que él quería hacer películas políticas, pero como le resultaba imposible tuvo que decantarse por la ciencia ficción, el género que con mayor libertad te permite hablar del presente, porque, al fin y al cabo, se supone que está retratando el futuro.

Robocop era una farsa sobre el capitalismo disfrazada de policiaco futurista. Los villanos trataban de externalizar el servicio público de la seguridad creando ciborgs policías desde una empresa privada con el objetivo de enriquecerse, sí, pero también de obtener impunidad para sus fechorías. Así se obtiene una película de múltiples lecturas: para un niño es una película de acción y robots, para un adulto una distopía política, para Esperanza Aguirre, la descripción de un paraíso utópico.

"Pues ayer vi una peli que se llamaba Rabocop, pero creo que no eras tú el que salías"
“Pues ayer vi una peli que se llamaba Rabocop, pero creo que no eras tú el que salías”

Robocop era una farsa sobre el capitalismo disfrazada de policiaco futurista

Starship Troopers es, si cabe, incluso más evidente en sus intenciones. Si de algo se la puede acusar es de emplear la brocha gorda para resultar meridianamente clara. Pues aún, a fecha de hoy, hay espectadores que la acusan de fascista, de citar a Leni Riefenstahl no para contextualizar, sino para homenajear. Y eso es así porque, a pesar de que las secuencias de acción son solo una herramienta para transmitir su sátira contra el totalitarismo, están tan bien rodadas, están tomadas tan en serio, que la película podría incluso funcionar sin su componente satírico. Paul Verhoeven nunca se siente por encima del género que está rodando. Nunca lo menosprecia tomándoselo como el vehículo que emplea para llegar al mensaje que quiere transmitir. Verhoeven respeta el cine de género. El subtexto enriquece la película, no la esclaviza. Y las nuevas generaciones de directores, Neill Blomkamp, por ejemplo, debería aprender de ello.

4-    Por el sexo

Si Paul Verhoeven solo se interesó por la ciencia ficción a raíz de su llegada a Estados Unidos, por lo que respecta al sexo es de justicia reconocer que ya venía aprendido de casa. Su cine europeo es, si cabe, incluso más sexualizado que el americano. Por eso a nadie le sorprendió que Los señores del acero, su debut con capital americano, se convirtiera en una épica medieval que pivotaba alrededor de la dependencia sexual de un raptor hacia su secuestrada.

"Pero ponte algo, muchacha, que te va a coger el frío" Dijo NADIE NUNCA en una peli de Verhoeven.
“Pero ponte algo, muchacha, que te va a coger el frío” Dijo NADIE NUNCA en una peli de Verhoeven.

Su cine europeo es, si cabe, incluso más sexualizado que el americano

Incluso en sus filmes menos eróticos nos dejó un par de perlas al respecto. Cuando, en Robocop, Nancy Allen se dispone a detener a uno de los integrantes de la banda de los malvados, pierde su oportunidad por desviar su vista hacia la entrepierna de éste al intuír que se ha dejado la bragueta abierta. El delincuente aprovecha esta distracción para desamarla. Sin esa fugaz mirada al tiznado apéndice del malhechor no tendríamos película. Y, ¿qué decir de la mujer de tres pechos de Desafío Total? ¿No es, acaso, otra de las imágenes inolvidables de su cine?

Instinto básico y Showgirls, rodadas consecutivamente, son el díptico sexual de Paul Verhoeven en Hollywood. En el momento más recordad de Instinto Básico, Sharon Stone se disfrazaba de Marta Chávarri para darle la vuelta a la escena más sexualizada de Robocop. Ahora era ella la que confundía con su pubis a los policías. En Instinto básico el sexo era tratado como tal, como un instinto primario, adictivo, enfermizo, tan poderoso y tan satisfactorio que es capaz de traicionar a la racionalidad, incluso aunque pueda costar la vida.

Hagas lo que hagas, no te pongas bragas
Hagas lo que hagas, no te pongas bragas

En el momento más recordad de Instinto Básico, Sharon Stone se disfrazaba de Marta Chávarri

Y si en Instinto Básico el sexo es un fin, en el sentido más extenso del término, en Showgirls el sexo es tratado como medio. Como medio para prosperar, para bailar, para ascender. Como medio de pago. Catherine Tramell es sexo. Nomi Malone se sirve de él, lo mercantiliza. Al fin y al cabo en eso consiste Las Vegas, en eso consiste América. Todo está en venta, parece decir Paul Verhoeven. Y cuando un poderoso no puede comprar algo, lo coge sin pedir permiso.

Tras regalarnos la secuencia de las duchas mixtas (tan divertida, tan juguetona) en Starship Troopers, Paul Verhoeven afrontaría en El hombre sin sombra, su última película americana, una de las secuencias sexuales más pudorosas y, a su vez, más violentas de su carrera. La escena de la violación de Rhona Mitra a manos de Kevin Bacon, apenas insinuada, es terriblemente perturbadora. “No hacía falta mostrar más.- dijo Verhoeven- Una mujer siendo violada por el hombre invisible luciría tonto, y eso es lo último que pretendemos ser”.

Cuando tiras de un padrastro y se te va de las manos.
Cuando tiras de un padrastro y se te va de las manos.

La escena de la violación de Rhona Mitra a manos de Kevin Bacon, apenas insinuada, es terriblemente perturbadora

5-    Por su mala leche

Paul Verhoeven es un tipo que preparó una biografía de Jesucristo durante veinte años y, cuando vio que jamás podría llevarla al cine decidió publicarla en forma de libro. “Ya filmé mi biografía de Cristo, afirmó, la titulé Robocop”. Ese es el sentido del humor que se maneja Paul Verhoeven, y toda su filmografía está plagada de pequeños detalles que remiten a él.

Verhoeven logra que el sexo, el asesinato, el capitalismo o el fascismo resulten divertidos. Es el cineasta de la moralidad construida desde un discurso profundamente inmoral.  Lo inmoral es terrible, cruel, pero el distanciamiento moral de su discurso lo convierte en profundamente divertido. El cine de Michael Haneke y Paul Verhoeven toca temas muy similares, es parecido en cuanto a sus inquietudes. La principal diferencia entre ambos es que Verhoeven siempre articula su discurso en torno al humor, a la ironía, y precisamente por ello no le importa hacer cine de género. Es, tirando de tópicos, la principal diferencia entre un alemán y un holandés.

"Porque el perro se llamaba mis tetas... ¿lo pillas?... JAJAJAJA... MIS TETAS"
“Porque el perro se llamaba mis tetas… ¿lo pillas?… JAJAJAJA… MIS TETAS”

“Ya filmé mi biografía de Cristo, afirmó, la titulé Robocop

6-    Por tantas imágenes inolvidables

El beso bajo el árbol del ahorcado en Los señores del acero, la coraza de Robocop,  el ED-209, la mujer con tres pechos de Desafío Total, el robot taxista, la cabeza disfraz de Arnold Schwarzenegger, el vestido blanco de Sharon Stone en Instinto básico, el cruce de piernas, la mano que busca entre las sábanas hasta alcanzar un picahielos, la caída por las escaleras de Showgirls, el polvo en la piscina, Elisabeth Berkley lamiendo la barra de striptease, las duchas mixtas de Starship Troopers o Kevin Bacon volviéndose invisible en El hombre sin sombra.

Y luego, que por qué el cine de Paul Verhoeven es tan generacional.

"Are you talking to me?"
“Are you talking to me?”

Y luego, que por qué el cine de Paul Verhoeven es tan generacional.

7-    Porque su cine no envejece, madura

Es muy raro encontrar, en toda la filmografía americana de Paul Verhoeven una secuencia que no haya resistido el paso del tiempo. Puede que hoy en día se noten más las estrecheces presupuestarias con las que contó en Sangre y acero. Puede que el vestuario masculino de Instinto básico sea demasiado representativo de su época. Pero estos no dejan de ser pecados veniales.

Robocop y Desafío Total fueron galardonadas con dos Oscar especiales, la primera por sus efectos de sonido y la segunda por sus efectos especiales. Los efectos en stop motion de Robocop y los prácticos de Desafío Total lucen imperfectos, pero aún son vigentes. Para cuando Verhoeven se pasa a los efectos por ordenador obtiene un par de nominaciones al Oscar, por Starship Troopers y El hombre sin sombra. Vistas a fecha de hoy, en alta definición, ambas lucen mejor que muchas de las películas estrenadas este año en cine. No estamos hablando de algo meritorio, estamos ante un milagro solo posible por la seriedad con la que el director afronta el aspecto visual de sus películas.

Cuando la parte de fuera del moco está seca, pero lo profundo fresco y enganchado.
Cuando la parte de fuera del moco está seca, pero lo profundo fresco y enganchado.

Los efectos en stop motion de Robocop y los prácticos de Desafío Total lucen imperfectos, pero aún son vigentes

Incluso en sus títulos eróticos la fotografía está especialmente cuidada en sus contrastes: la calidez de las casas de los protagonistas frente a la frialdad de las comisarías y la discoteca en Instinto Básico, o la belleza kitsch del neón nocturno frente a la vulgaridad de los exteriores diurnos en el Las Vegas de Showgirls.

8-    Porque su cine es feminista

Durante muchos años se acusó de misógino a Paul Verhoeven y a su cine. Nada más lejos de la realidad si analizamos sus películas americanas.

- Pues me he abierto una cuenta en twitter para hablar del empoderamiento... -¡Por Dios, Paul, déjala! ¿No ves que ya no puede más?
– Pues me he abierto una cuenta en twitter para hablar del empoderamiento…
-¡Por Dios, Paul, déjala! ¿No ves que ya no puede más?

Durante muchos años se acusó de misógino a Paul Verhoeven y a su cine

En  Los señores del acero, película plagada de personajes despreciables, y que no ofrece al espectador ningún asidero moral al que agarrarse, es el de Jennifer Jason Leigh el más fuerte, el más humano, el menos terrible. El personaje de Nancy Allen en Robocop está tratado de tal forma que hubiera podido ser interpretado por un hombre sin necesitar cambiar apenas un par de líneas de diálogo, algo muy avanzado para mediados de los ochenta. Los personajes femeninos de Desafío Total siempre van un paso por delante del protagonista. Lo mismo puede decirse de los de Starship Troopers, en todo momento dueñas de su destino, frente a un protagonista masculino que articula sus decisiones vitales en función a las de ellas.

Catherine Tramell merece mención aparte, por ser uno de los personajes femeninos más importantes del cine americano de los noventa. La protagonista de Instinto básico no solo es el personaje más fuerte, atractivo e inteligente de toda la película, sino que, además, hereda y moderniza el rol tradicional de la mujer fatal del cine negro clásico. Al igual que ellas, Tramell es una mujer peligrosa y sexualmente liberada, pero existe una diferencia nada inocente. Tramell bebe, se droga y folla con hombres y mujeres, y al final se sale con la suya. Tramell no solo llega viva al cartel de The end, es que tampoco es castigada por sus excesos. Tramell al final se lleva al chico y juntos follan como leones. Ni siquiera Ridley Scott  se había atrevido a tanto un año antes con Thelma y Louise. Paul Verhoeven y Joe Eszterhas dieron un paso más para terminar siendo acusados de machistas y homófobos.

Nada excitaba más a Catherine Tramell que un hombre con la mirada de Jose Ramón de la Morena
Nada excitaba más a Catherine Tramell que un hombre con la mirada de Jose Ramón de la Morena

Tramell bebe, se droga y folla con hombres y mujeres, y al final se sale con la suya

Tres años después, los mismos guardianes de la moral determinaron que Nomi Malone y Cristal Connors eran dos trepas y entendieron Showgirls como la historia de un duelo de lobas, de dos malas arpías. Si, en una dimensión paralela, existiese una versión masculina de Showgirls, los personajes hubieran sido descritos como profesionales, ambiciosos y forjados a sí mismos. Y luego el machista era Paul Verhoeven.

Mención aparte merece El hombre sin sombra. Porque, más allá de su premisa encuadrada dentro del fantástico, es una película que trata la historia de un hombre que se va volviendo invisible a los ojos de su exmujer una vez que esta rehace su vida con un compañero de trabajo. Mientras que, una vez rota la relación, ella inicia otra sin mayor trauma (incluso defendiendo a su antigua pareja en multitud de ocasiones), es el hombre el que no puede aguantar la frustración de desaparecer de su vida. Tras la sorpresa inicial, el protagonista intenta destruir no solo todo aquello que ambos había construido (laboratorio, investigaciones…), sino también la posibilidad de que la nueva pareja pueda tener una nueva vida juntos (no es casualidad que el clímax de la historia se desarrolle en un ascensor en el que Elisabeth Shue y Josh Brolin intentan abandonar el laboratorio, símbolo de la relación entre el personaje de Shue y el de Kevin Bacon).

Calista Flockhart en su escena en El hombre sin sombra.
Calista Flockhart en su escena en El hombre sin sombra.

El hombre sin sombra trata la historia de un hombre que se va volviendo invisible a los ojos de su exmujer

9-    Por los anuncios

Gran parte de la sátira presente en Robocop y Starship Troopers radica en los anuncios televisivos intercalados a lo largo de su metraje. Paul Verhoeven entiende la televisión como un arma de alienación en manos de los poderosos. Así, Robocop cuenta con spots televisivos que ironizan sobre la privatización de la seguridad o la sanidad, así como otro en el que una familia disfruta de un juego de mesa cuya partida termina con un hongo nuclear en el salón de casa. Si los anuncios de Robocop son de claro cariz consumista, los de Starship Troopers se mueven en las coordenadas de la propaganda militarista de reclutamiento y se presentan dentro de informativos gubernamentales. La secuencia en la que se anima a los niños a pisotear insectos como forma de colaborar con la guerra es una de las más hilarantes de todo el cine del director.

Esta visión de la publicidad es coherente con que el detonante del argumento de Desafío Total sea un anuncio visto en el transporte público por el personaje de Arnold Schwarzenegger. ¿Qué mejor forma de obligar a alguien a hacer algo que no recuerda que tiene que hacer que atacando directamente a su subconsciente mediante la publicidad? Verhoeven no da puntada sin hilo.

"Sospecho que el cirujano no terminó de entenderme cuando le pedí que me pusiera más tetas"
“Sospecho que el cirujano no terminó de entenderme cuando le pedí que me pusiera más tetas”

Paul Verhoeven entiende la televisión como un arma de alienación en manos de los poderosos

10- Porque nunca se rindió

La historia de Hollywood está plagada de carreras de directores no americanos que, una vez llegados a la meca del cine renunciaron a todas esas muestras de personalidad que originalmente llamaron la atención de los directivos de los estudios. La de Paul Verhoeven no es una de ellas.

Paul Verhoeven llegó a Hollywood haciendo un cine comercial atípico: violento, político y sexual. Y desarrolló toda su carrera americana atendiendo a esos parámetros. Lo hizo cuando la taquilla le sonreía, y siguió haciéndolo cuando llegaron los primeros batacazos. Starship Troopers es, probablemente, la película más significativa a ese respecto. El descalabro de Showgirls había sido monumental, y Verhoeven, en vez de rendirse, perseveró entregando el que probablemente sea el blockbuster más político y violento de la década. Volvió a fracasar, metiendo, además en muchos problemas financieros y políticos a Buena Vista International Pictures, filial por aquel entonces, no lo olvidemos, de Walt Disney Company.

"Creeme, Denise, verás cosas peores cuando estés casada con Charlie Sheen"
“Creeme, Denise, verás cosas peores cuando estés casada con Charlie Sheen”

Paul Verhoeven llegó a Hollywood haciendo un cine comercial atípico: violento, político y sexual

¿Cuál fue su siguiente paso? El hombre sin sombra. Una película de 95 millones de dólares de presupuesto. Una superproducción veraniega en la que, a mitad de metraje, el protagonista viola a una mujer sin más motivos que satisfacer sus deseos más primarios. Un blockbuster protagonizado por un psicópata cuyo objetivo en el tercer acto del metraje es matar al resto de personajes.

Nadie quiso volver a saber nada de Paul Verhoeven en Hollywood. Y él hizo las maletas y volvió a trabajar en su Holanda natal. Cuando creyó tener un guión que podía interesar en Hollywood se lo ofreció a distintas estrellas. Y ninguna estuvo dispuesta. Por eso tuvo que rodar Elle en Francia. No se doblegó, no se rindió. Y por eso, entre otras muchas cosas, se merece nuestro respeto.

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