Por qué Lion tendría que ganar el Oscar

Dividida claramente en dos mitades, tanto a nivel de guión como de actores y estilo, la producción australiana encuentra en esta brusquedad su principal punto de interés como película, que no como candidata

Puede que la pregunta, una vez revisada la competencia y la carrera de premios resulte desproporcionada. Sin embargo, no debiera encontrarse fuera de lugar y sí dar pie a una reflexión sobre la misma película y los propios Oscar. Empezando por lo segundo, la producción australiana basada en el libro autobiográfico de Saroo Brierley es la gran apuesta de Harvey Weinstein para los Oscar 2017. Es innegable que la influencia y los mecanismos propagandísticos de The Weinstein Company han dotado a Lion del apoyo y la visibilidad necesaria para tener un total de seis nominaciones en la gala más importante del año, incluyendo la candidatura a mejor película, lo que supone un triunfo rotundo.

Pero, por desgracia, resulta igual de innegable que dicho apoyo y dicho premio en forma de nominaciones haya derivado en una dureza excesiva por parte de la crítica y el público a la hora de valorarla. Pareciera que los ojos que la evalúan valorasen a Lion como candidata antes que como película en sí , algo que en otras ocasiones ocurre en sentido positivo para el filme y también supone un error.  Los premios y las candidaturas son sólo eso y no tendrían que tenerse en cuenta a la hora de analizar una película.  Así pues, asumida su condición de candidata, intentaremos analizar Lion y sus opciones de cara a la gala de los Oscar.

Dividida claramente en dos mitades, Lion relata la historia de Saroo Brierley, quien a los cinco años acabó perdido en Calcuta, a 1500 km de su hogar. Tras sobrevivir un tiempo fue declarado oficialmente como niño perdido y dado en adopción a una familia de clase media australiana.  Finalmente, 25 años después y con ayuda de Google Earth y sus borrosos recuerdos acabará por reencontrar a su madre biológica. Lejos de ser sólamente una división propia del guión, el principal rasgo de interés de Lion reside en que esta división también se encuentra en términos de estilo cinematográfico.

El principal interés de Lion reside en que se encuentra claramente dividida en dos mitades, no sólo en términos de guión sino también de estilo cinematográfico

Durante la primera mitad, aquella que corresponde a la etapa “Saroo niño”, el debutante Garth Davis hace gala de una importante capacidad para narrar en base a imágenes, quedando la palabra en un segundo término y suponiendo cada silencio todo un puñetazo emocional. Gracias a una combinación de planos a la altura de los ojos del propio Saroo y planos generales amplios, Lion consigue transmitir la sensación de soledad, el miedo y la tensa – y cada vez menos  inocente – percepción de un niño perdido que busca sobrevivir en un mundo desconocido, tan peligroso como nuevo y fascinante. Es durante esta fase cuando mas brilla la fotografía de Greig Fraser, que dio la sorpresa en los Premios del Sindicato de Directores de Fotografía y que logra sacarle el máximo partido no sólo a la innegable potencia visual de los ciudades y paisajes indios sino también a los rostros que los habitan.

Alejándonos de lo sentimental, Lion logra también retratar, de una forma tan nítida como crítica, los peligros latentes para los niños en la India, todos ellos escondidos (de forma directa o indirecta) tras actos de bondad  y que cuentan con el beneplácito de las autoridades: desde los vigilantes que no hacen nada ante el rapto de niños por parte de mafias como la propia “válvula de escape” social y filón económico velado que suponen los centros de adopción gubernamentales. Todos estos detalles no escapan a los ojos de Saroo, interpretado de forma brillante por Sunny Pawar quien logra perfilar a un niño de buen corazón cuya desesperada supervivencia se basa en la tensión y la callada inteligencia antes que en la instintiva ferocidad.

La primera mitad de Lion se sustenta en un discurso de planos muy concreto, una potente fotografía, la naturalidad y novedad de sus actuaciones y un acertado sentido crítico

Con el cambio brusco de edad, que no de continente (la primera mitad se extiende a las primerizas vivencias de Saroo en Australia), pasando a la etapa de Saroo como joven adulto, en una decisión que destaca la ruptura total con su pasado, Lion torna en una obra mucho mas convencional, dispersa e individual. La naturalidad de Sunny Pawar y la presencia de muchos rostros y cuerpos desconocidos es sustituida por la eficaz y acertada actuación de Dev Patel, Rooney Mara y Nicole Kidman. Garth Davis, por otro lado, abandona el marcado discurso de planos de la primera mitad y apuesta por una narrativa mas homogénea y ortodoxa mientras que los silencios y sonidos diegéticos de la primera parte son llenados con la bonita banda sonora de Volker Bertelmann y Dustin O’Halloran en una decisión claramente efectista.

La eficacia, por tanto, se adueña del relato y permite sacar adelante las distintas subtramas en las que incurre Lion. Si durante la primera mitad todo giraba en torno a la supervivencia de un niño perdido, aun en distintas fases, la segunda mitad de la película intenta dar protagonismo a demasiadas situaciones y personajes sin poder profundizar en ellos; a la trama principal de la búsqueda de su pueblo natal se le unen las bondades y problemas del amor y los conflictos con la propia familia. Es esta dispersión la que explica también el carácter más individual del relato: Lion abandona sus matices críticos que, más allá de la denuncia, convertían la historia de su protagonista en la historia de muchos otros niños indios y se concreta en la odisea personal de Saroo Brierley y su traumática búsqueda para reencontrar sus raíces. El guión de Luke Davies, quizá por ceñirse demasiado a la autobiografía del propio Saroo y enfatizar la depresión por desarraigo que padeció, desaprovecha la oportunidad de desarrollar otros perfiles de interés como el de la madre que adopta por idealismo y no por necesidad o el del conflictivo Martosh cuya presencia supone la cruz de la cara de Saroo.

Durante su segunda mitad, Lion es una obra mucho mas convencional, dispersa e individual, llenándose de rostros conocidos y apostando por la eficacia narrativa y el efectismo

Lion, pues, es una obra fluida y eficaz a pesar de ser brusca en su división a todos los niveles. Algunos valorarán más su primera mitad y otros su segunda. Yo, en cambio, me quedo con su brusquedad y la reflexiones que en ella subyacen, de forma intencionada o accidental, sobre las diferencias no sólo de los problemas del primer mundo y el tercero sino también de nuestro punto de vista respecto a ellos. Reflexiones invisibles que laten en una película que ha triunfado gracias a que la visibilidad de la que la ha dotado The Weinstein Company permitiendo que muchos aprecien sus virtudes.

Lion es una película interesante, una de tantas. Igual que el niño Saroo, uno de tantos. Que sea candidata al Oscar o no, en serio, es lo de menos.

 

 

 

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