Por qué Manchester frente al mar tendría que ganar el Oscar

La película de Kenneth Lonergan encuentra en su guión y actuaciones sus principales opciones y motivos para triunfar en los Oscar.

En el mar comienza la película que bien pudiera ganar el Oscar. Con el padre, con el hijo y con el tío. La imagen se encuentra teñida de un gris frío que nos introducirá  el tono visual general del filme pero que en esta escena concreta transmite una calidez fugaz: los dos hermanos Chandler, Joe y Lee, llevan al pequeño Patrick, el hijo de Joe, a pescar y todo es amor y armonía. El gris perlado evoca la memoria que añora. El recuerdo de que todo tiempo pasado fue mejor, como escribió Jorge Manrique en las Coplas por la muerte de su padre en una estrofa que nos anticipará la funesta premisa de Manchester frente al mar.

Roto el idilio, las nieves del presente nos descubren que años después Lee Chandler es un arisco conserje de Quincy, Massachusets, que tras la muerte de su hermano Joe por problemas cardíacos debe regresar a su pequeño pueblo natal, Manchester, y hacerse cargo de su sobrino adolescente.  Si bien la premisa no resulta original, encontramos en la escritura del veterano dramaturgo Kenneth Lonergan la mayor de las virtudes de su obra.

Con una estructura quebradiza en lo temporal y de desarrollo paciente asistiremos a la incapacidad de Lee para asumir el rol de figura paterna que  su sobrino Patrick con total naturalidad acepta mientras descubrimos mediante flashbacks y cuchicheos de los habitantes del pueblo las trágicas causas que se lo impiden. El guión es implacable respecto de su final: hay infiernos de los que no se sale y Lee quiere seguir ardiendo en él por su trágico error.

Sin embargo, no ha de confundirse la implacabilidad con la ausencia de un profundo humanismo y desarrollo, nada mas lejos: la relación entre Patrick y Lee crece y ambos intentan ayudarse todo lo posible, pero no pueden salvarse mutuamente aunque lo deseen; sus vidas vibran a frecuencias distintas.

Si bien la premisa no es original encontramos en un guión implacable, sutil y lleno de humanismo la mayor virtud del film.

Entendiendo este “malentendido” vital podremos apreciar mucho mejor la sutileza del guión de Lonergan que llena el drama de situaciones que derivan en malentendidos, significando ello una falta de entendimiento y no necesariamente un motivo de conflicto: conversaciones entre la algarabía, fallos en la cobertura del móvil, tergiversación de expresiones, olvido de dónde se aparcó el coche o incluso las pérdidas de ritmo del batería del grupo de rock de Patrick. Todos estos detalles relacionan la cotidianidad con la causa mayor de la obra, alcanzando su clímax en la última escena que comparten Lee y su ex mujer Randi. Ella ha ido rehaciendo su vida poco a poco y quiere pedirle perdón aunque no tenga que pedírselo mientras que Lee no quiere ser perdonado pese a no tener que serlo. Una de las escenas del año. Una conversación escrita en la lógica y el idioma de los corazones rotos.

A la altura del texto se encuentran un grupo de actores que lo elevan hasta convertirlo en una de las películas mejor recibidas por crítica y público. Casey Affleck ofrece la mejor actuación de su carrera y la que seguramente sea la interpretación masculina del año dando vida a una persona quebrada: rota pero unida a su pesar que deja detalles de amor en su camino hacia la autodestrucción. Más allá de que se lleve o no la estatuilla es el gran triunfador del año y sus próximos proyectos vendrán acompañados de altas expectativas y llevarán el sello de la calidad a priori. Y como acompañantes de lujo en el film y en la gala de los Oscar, un Lucas Hedges que logra la mezcla entre la ingenuidad innata propia de la edad y el poso de madurez adoptado por causas mayores y una Michelle Williams que consigue una merecidísima nominación como secundaria pura, logrando una de las mejores actuaciones del año en apenas seis escenas.  Por último, no ha de olvidarse el papel de Kyle Chandler como Joe logrando que entendamos con sus breves apariciones los maremotos que provocará su ausencia.

Su otra gran baza es la excelsa labor de sus actores: desde el omnipresente Casey Affleck al fugaz Kyle Chandler pasando por Lucas Hedges y Michelle Williams

En el mar comienza la película que bien pudiera ganar el Oscar, decíamos, y que es la favorita a ganar las categorías de mejor guión original y mejor actor protagonista, añadimos. Y en el mar acaba. Sin el padre, con el hijo y con el tío. Ambos en armonía pues entendieron que viven en distintas frecuencias. El primero con toda la vida por delante y el segundo con toda la vida por detrás.

Como decía la última estrofa de las Coplas por la muerte de su padre: la vida son los ríos que van a parar al mar. Un mar que ni perdona, ni recuerda, ni olvida: sólo iguala.

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