¿Quo Vadis, Marvel Cómics?

Jesús Marugán Escobar, co-fundador de Akira Comics, repasa la historia de la editora de superhéroes más importante del momento

Colaboración especial de Jesús Marugán, co-fundador de Akira Cómics, premiada en 2012 con el premio Eisner a la mejor tienda de cómics del mundo

Este artículo podría comenzar con un “érase una vez un guionista neoyorkino…” o incluso “érase una vez en un estado muy muy lejano llamado Nueva York…” puesto que se trata de hablar de una empresa que pasó a ser parte de la multinacional Walt Disney Company en agosto de 2009, y desde 2012 hermanos del universo Star Wars. En efecto vamos a hablar de Marvel Cómics, la editorial de superhéroes por antonomasia, y actualmente también uno de los motores de la industria cinematográfica de Hollywood.

Orígenes en la era Dorada de los Cómics

Marvel Cómics arrancó su camino en 1939 como Timely Publications, una editorial que se sumaba a ese boom popular que en Estados Unidos era moda desde la década anterior y que suponía publicar cómics, un producto popular de bajo precio y barato de producir que aportaba evasión a sus lectores (fundamentalmente niños y adolescentes de clases medias-bajas), especialmente en los tiempos de la gran depresión. En 1939, Timely Publications se sube al carro de un nuevo género desarrollado por la editorial Detective Comics, quienes acababan de inventar un nuevo tipo de personaje pulp llamado superhéroe y que era una revisión moderna del clásico héroe mitológico griego: un humano con poderes fuera de lo normal o, incluso como en el caso de Superman, proveniente de otros planetas. Este género era heredero de la ciencia ficción popular típica de esos años, con abanderados como el “Tarzan” de Edgar Rice Burroughs, su otro personaje “John Carter de Marte”, “Flash Gordon” o el “Príncipe Valiente”. Todos ellos fueron perfeccionados con la llegada de “Superman” (1938) y “Batman” (1939), el nacimiento del superhéroe moderno, ambos hijos de la ya mencionada editorial Detective Cómics.

En septiembre de 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial, y tanto Timely Publications como D.C. aprovechan los años de conflicto para incluir en las aventuras de sus personajes el malvado enemigo nazi y tramas relacionadas con la expansión de Hitler por Europa. En este contexto aparecen en plantilla dos autores que van a revolucionar el mundo de los cómics de superhéroes desde ese momento y para siempre: por un lado, el dibujante Jack Kirby, un neoyorkino hijo de judíos austríacos inmigrantes, con unas capacidades únicas para trabajar a destajo y dibujar con brillantez los guiones que se le suministraban. Y a su lado desembarca otro neoyorkino un poco más joven, de aspecto delgaducho y sonrisa permanente llamado Stanley Lieber, a quien todo el planeta acabaría conociendo por su nombre de trabajo: Stan Lee.

Algo mas de una década después, Stan Lee y Jack Kirby (sin dejar fuera a otros como Steve Ditko) iniciaron una renovación del género de los superhéroes a todo lo largo de los años 60 a partir de la serie de cómics “Los 4 Fantásticos”, germen de todo el futuro panteón superheroico marvelita. DC Cómics había rescatado el género a finales de los años 50 y Marvel sostenía en esos años una desigual guerra editorial con una competencia que tenía copado casi todo el mercado del cómic. Tratando de arrancarle un pedazo de ese inmenso mercado editorial a DC Cómics, los jefazos de “La casa de las ideas” le encargan a Stan Lee inventarse una contrapartida a la “Liga de la Justicia de América” que la competencia acababa de publicar. A partir de ese momento y hasta la actualidad, el mercado del cómic mainstream norteamericano (a la postre el más importante del hemisferio occidental) ha existido vertebrado por estos dos grandes gigantes editoriales, Marvel y DC, cada uno con sus respectivos universos de personajes, colecciones y sagas. Héroes y villanos de arquetipos homólogos e incluso estrategias de marketing homólogas. Su entrada en el mundo del cine y la TV ha provocado otra dura pugna, pero antes de llegar a ese punto tendremos que detenernos en los factores que precisamente llevaron al cómic de superhéroes americano a su alianza con el género audiovisual.

Stan Lee

El ocaso del noveno arte como ocio de masas

Hoy en día es harto conocido el infame episodio de la Caza de brujas que asoló la cultura norteamericana en la década de los años 50 merced de la psicosis anticomunista que hacía estragos en las altas esferas de Washington. Una parte de esa caza de brujas se llevó por delante toda una línea de cómics y un mercado editorial cuando la parte más conservadora de la sociedad americana, amparada por el gobierno federal, pusieron sus ojos en la editorial Warren, quienes por entonces publicaban con espectacular éxito cómics no especialmente para niños como “Historias de la Cripta”, “La Bóveda de los Horrores” etc. Dicha caza de brujas acabó con un duelo de medios de ocio que en esos años pugnaba por imponerse entre la mayoría de los jóvenes norteamericanos: el cómic contra la tele y el cine. Perdió el cómic, entre otras cosas, por tener propietarios mucho más débiles y de menor influencia en las administraciones federales. Aquello inició un declive progresivo del cómic como medio de masas (que sí lo era en los años 30) y encumbró al cine y TV para siempre como ocios de referencia en los Estados Unidos así como en numerosos países de occidente. Otro producto resultante de esa caza de brujas sería el tristemente recordado Comics Code Authority, una autocensura que establecerían las propias editoriales para no incurrir en una nueva intervención del gobierno federal y que se traduciría en una delimitación flagrante de las libertades narrativas de los propios autores. Baste decir que en Japón, abstraído de aquella situación, mantiene hoy en día al manga como ocio popular de referencia muy por encima de cine y TV. 

Este episodio y sus consecuencias estuvieron siempre en la cabeza de Stan Lee, quien a partir de los años 70 se iba a desvivir por mover hilos y convencer a inversores de aquí y allá con el deseo de llevar a los cómics Marvel y sus personajes a versiones de cine y TV. Sabía perfectamente que los “buenos viejos tiempos” del cómic con ventas abultadas a todo lo largo del país y de distintos sectores sociales se habían terminado para siempre, y que poco a poco estaba condenado a mutar y adaptarse a un medio de ocio alternativo, con un nicho de lectores grande pero muy alejado de lo que había sido en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Para Lee, licenciar esos cómics en el cine y TV suponía la salvación definitiva para esa mitología moderna que, cual Homero del siglo XX, había desarrollado junto a los numerosos dibujantes de Marvel Cómics. Aquí me gustaría detenerme un momento a comentar algo que ahora está muy de moda, y me refiero a la moda de reinterpretar la historia a partir de la perspectiva de los tiempos presentes. Dentro de esa actitud se intenta quitar mérito a Stan Lee en favor de sus dibujantes colaboradores, Jack Kirby el primero. Cierto es que una inmensa parte del éxito Marvel de los años 60 se le debe a Kirby y su genio con los lápices, y también es cierto que a Lee se le han atribuido dichos méritos sin acordarse de los dibujantes. Sin embargo hay que reconocer la visión de un autor como Lee que, más allá de guionizar y establecer un panteón superheroico, supo anticiparse a los tiempos descifrando la evolución de un medio y una industria como la del cómic en las décadas futuras en camino a la hibridación del cómic con el cine y la TV.

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Buscando la excelencia en la industria audiovisual

Ya hemos dicho antes que desde los años 70 Stan Lee “cuelga las botas” en sus labores de guionista y editor de Marvel, dejando el relevo en Roy Thomas como editor en jefe (1972), quien desde ese momento añadiría en los cómics la ya famosa frase “Stan Lee presenta…” al inicio de todas las publicaciones. A partir de esos años, Lee va a tratar de convencer a Hollywood sobre el negocio que supondría adaptar al cine los personajes Marvel. Ya desde los años 50, DC Cómics tenía series de TV de imagen real de sus personajes mas icónicos -recordemos de pasada títulos como Aventuras de Superman (1952-58); o Batman (1966-68)- y eso supuso una guía para Stan Lee a la hora de querer imitar esas licencias con el universo Marvel, así que con el paso de los años se convirtió -una vez apartado de sus labores de editor en jefe- en una especie de portavoz no oficial e imagen pública de Marvel.

La primera gran derrota que Stan Lee se lleva en la gestión de derechos para el cine de los personajes Marvel es comprobar que, mientras Warner distribuía en cines en 1978 un mega éxito mundial como Superman dirigido por Richard Donner, con unos efectos de primera línea, él tenía que ver con sonrojo cómo Spiderman era llevado a las TV-movies (1977) en productos audiovisuales de serie B -en el mejor de los casos- con un presupuesto paupérrimo, unos efectos de chiste y unos guiones absurdos. Mientras el éxito de Superman arrasaba en los 80 e incluso Batman era entregado al genio de Tim Burton para convertir al Hombre Murciélago en un nuevo éxito mundial (1989), Stan Lee seguía viendo a sus personajes en series de TV bastante mediocres (El increíble Hulk, 1977), películas que pasaban sin pena ni gloria por las salas (Howard: Un nuevo héroe, 1986) o directamente que causaban la hilaridad de la industria (The Punisher, 1989; y Capitán América, 1990)

Para mayor drama, el amplio panteón de superhéroes que Stan Lee había ayudado a construir amenazaba con convertirse en una ruina al descansar en una empresa como Marvel Cómics, presa fácil de los especuladores, el mercado inversor, tiburones financieros y la mala gestión a todo lo largo de los años 80 y 90. La editorial se acercaba a un precipicio cada vez más claro y preciso, el de la bancarrota y el cierre. La década de los 90 supuso la época más oscura de “La casa de las ideas” con episodios que amplificaban el dramatismo de su precaria situación a partir de la fuga de autores “hot” hacia la nueva editorial Image, el fiasco de la burbuja inversionista y especuladora de los primeros años de esa década, y finalmente la desastrosa gestión de su propietario Ronald Perelman, quien llevó a acogerse en 1996 al capítulo 11 de la legislación americana, acto que suponía declararse oficialmente en bancarrota. Para ese momento, DC Cómics había prosperado muchísimo a partir de los estrenos de cine de Superman y Batman y por supuesto gozaba de una gran estabilidad empresarial toda vez que formaba parte del grupo Time-Warner desde 1967. Como remate de este desastroso panorama empresarial, el reparto de licencias para el cine iniciado en los años 70 era tan fragmentado como calamitoso, con personajes disgregados a lo largo de una variopinta plétora de productoras (algunas muy dudosas) que para mediados de los años 90 habían adaptado con sonrojo y sonoro fracaso a los más importantes superhéroes de la editorial.

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Los superhéroes del siglo XXI

Por fortuna para Marvel y su popular panteón de héroes, 1997 marca el punto de inflexión de la editorial, y paso a paso dicho renacer va a reconducir a Marvel en el camino de la gloria y prestigios perdidos, camino que desembocará (como ya decíamos al inicio de este artículo) en 2009 y su compra por parte del gigante corporativo The Walt Disney Company, una acción que aseguraba casi a perpetuidad la estabilidad corporativa de Marvel, el futuro de sus obras y personajes, el legado de sus creadores, y sobre todo le ponía en igualdad de condiciones con su gran rival DC Cómics – grupo Time-Warner. Esta nueva primavera de Marvel viene acompañada del deseo de recuperar licencias para el cine de productoras “dudosas” y de paso licenciar nuevas películas a grandes productoras de Hollywood.

Y ahora tenemos que detenernos aquí a valorar debidamente el auge de los efectos digitales en los lustros previos tras el embate germinal de George Lucas y sus películas del universo Star Wars (fundamentalmente, la nueva trilogía). Dicha nueva tecnología visual abre totalmente la posibilidad de llevar a la gran pantalla de una forma creíble, seria y factible a nivel presupuestario. Los primeros años del siglo XXI marcarán esta tendencia con el estreno de blockbusters como la mencionada nueva trilogía de Star Wars, la saga Matrix y sobre todo El señor de los anillos de Peter Jackson. Productoras y directores van a aprovechar esto para poder llevar al cine historias antes imposibles de narrar o realizadas con ridículos resultados (como el mencionado Spiderman de los años 70). Marvel en esos primeros años de la década del 2000 repartirá sus licencias para el cine en tres grandes grupos:

X-Men, 4 Fantásticos y Daredevil serán para Fox; Spiderman y Ghost Rider se le adjudicarán a Sony, y finalmente Hulk y Vengadores, para Universal. X-Men abre esta nueva era del cine de los personajes Marvel, acompañada en 2002 por Spiderman y pronto el dinero entra a raudales en Marvel Entertainment, empresa matriz de la editorial. Mientras el mundo se fascina ante los estrenos de El señor de los anillos de Peter Jackson, o el reboot de Batman de Christopher Nolan (2005), Marvel sigue comprobando cómo la combinación de grandes productoras, efectos digitales y adaptaciones serias convierten su universo editorial en una referencia dentro del ocio globalizado y a esos personajes en mitos modernos que paulatinamente van comiendo terreno a Batman y Superman en el imaginario popular.

licencias marvel

Para la segunda parte de la década del 2000, Marvel Entertainment tiene en mente comenzar a aglutinar bajo su recién estrenado Marvel Studios a todos los personajes que ahora pueblan las salas de cine consiguiendo de este modo el efecto “universo compartido” que tanto gusta a los lectores de cómics desde la década de los 40. Para ello, y puesto que las grandes “familias” de superhéroes son propiedad de Sony y Fox, han de conformarse con arrancar este proyecto con los héroes “desechados” hasta entonces: Iron Man, Capitán América, Thor, y el recién recuperado Hulk. El resultado es espectacular, ya que se trata de hilar todas las películas para que desemboquen en el gran proyecto cinematográfico de la historia Marvel: una película sobre Los vengadores, el grupo de militancia de Iron Man y compañía y una de las colecciones bandera de Marvel Cómics. Para 2009 el gigante The Walt Disney Company ha posado sus ojos en la joya que supone Marvel. Ya poseen el monopolio de películas populares de animación desde los años 40, y con esta compra pretenden sumar el otro gran ocio, el de los superhéroes Marvel. A partir de ese momento, los acontecimientos se van a precipitar a favor de Disney, que reforzará sustancialmente el ya consolidado poder mediático de Marvel, recuperará licencias cedidas años antes (como Ghost Rider o Daredevil) y desembocará en el estreno de Los vengadores (2012), uno de los hitos del mundo de los superhéroes en la gran pantalla al batir todos los records de taquilla con una película que pone de acuerdo a todo el mundo con su calidad y de paso lleva el nombre de los Vengadores hasta el último rincón del planeta. Desde el 2012 y para los años venideros, la intención de Disney como “padre” de Marvel será incrementar la presencia multimedia de sus héroes, manteniendo un ritmo de estrenos de cine constante, y con la idea de aglutinar más y más héroes en sus películas a imitación de lo que es norma habitual en los propios cómics.

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