Resident Evil: Al servicio del espectador

Menospreciar la saga escrita por Paul W. S. Anderson es casi demasiado fácil. Es mucho más divertido destacar sus virtudes

“A mi me gustan las películas de verdad, no las de bombas”. Esta es una de las frases más utilizadas para despreciar el cine de acción, y como casi todas es una de las más fáciles de desmontar. Buena parte del cine actual y de las mejores películas jamás realizadas tienen como base el entretenimiento puro. Como tal, es habitual que al frente de las enseñanzas, de las moralejas complejas, de los estudios de los personajes y las emociones haya diversión; pura y dura. Si no te gusta pasártelo bien viendo una película, puedes perderte algunas de las joyas más importantes de los últimos años. No quiero descalificar películas que simplemente son desgarradoras (Son of Saul, Amour, Prisioneros) o que nos hacen retorcernos los sesos ya que su mérito es obvio, sino que me gustaría hacer una defensa a ultranza de una de las sagas más descerebradas que podemos ver hoy en día y que es al mismo tiempo un reflejo de los últimos 10 años de cine palomitero y entretenido. Porque existe algo deliciosamente tonto y simple en la saga Resident Evil.

Resident Evil (2002)

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Paul W. S. Anderson toma una decisión interesante al adaptar el videojuego: tomará elementos de la fuente original, pero va a establecer las bases de algo nuevo.

Resulta fácil romantizar el cine de nuestra infancia y también es muy sencillo darse cuenta de que los ídolos de la infancia/adolescencia en realidad no podían ser más cutres (véase el caso de Cazafantasmas). Cuando me propuse escribir este artículo temí que me ocurriese lo mismo con Resident Evil 1, que se estrenó cuando apenas contaba con la tierna edad de 12 años. Hablo del 2002, Matrix se había estrenado tres años antes, le había seguido Fast & furious con un Vin Diesel imparable y Peter Jackson había maravillado a medio mundo con El señor de los anillos: La comunidad del anillo. Entre tan magnas obras, Resident Evil corría el riesgo de convertirse en un producto de serie B hecho para salir del paso y Paul W.S. Anderson cobrase el cheque y se dedicase así a labores mas dignas (venía de estrenar la fuente de pesadillas que era Horizonte final y ese ejemplo de cine de acción palomitero que era Soldier). Pero no fue así. La primera película de la saga ha envejecido sorprendentemente bien gracias a diversos motivos: en primer lugar, la adaptación cinematográfica llega cuando la franquicia de videojuegos empieza a perder la cabeza. Desde que salió el primer videojuego a la luz en 1996 la trama se ha ido complicando añadiendo personajes más duros que el diamante, un antagonista (Umbrella Corporation) de un poder bastísimo y un escenario inicial (Raccoon City) en el que todo es pasto de las llamas desde hace varios videojuegos. Hace tiempo que el modo de juego ha cambiado de ambiente opresivo y survival horror al tiroteo puro y duro. Los argumentos se han convertido en un Galimatías dantesco. Anderson toma una decisión interesante al respecto: sí, por supuesto que Resident Evil va a tomar personajes y elementos de la fuente consolera original, pero va a establecer las bases de algo nuevo. Igual de loco, pero diferente. Para sorpresa de todos, las escenas más importantes de esta parte no incumben ni a Umbrella ni a los muertos vivientes ni partes siquiera importantes de la trama. Resident Evil funciona cuando se dedica a ser una película de aventuras con monstruos. Anderson crea ciertos espacios innovadores que se quedan en la retina de los espectadores: la mansión del inicio de la película, la mítica escena del pasillo con láseres o la secuencia final en el tren. Y en el centro de la primera parte está uno de los grandes motivos por los que este año habrá una séptima entrega: Milla Jovovich.

En una época en la que las heroínas perezosamente escritas pululaban por el mundo en películas como Aeon Flux o Underworld (no esos personajes complejos como Rei en Star Wars o Katniss en Los juegos del hambre), la que se convertiría en esposa del director comienza la aventura de su vida con amnesia producida por la propia empresa para la que trabaja. Esto es, siendo una heroína perezosamente escrita. Pero lo que le falta en escritura y profundidad de personaje (es la saga Resident Evil, no Crimen y Castigo), Jovovich lo suple con mala leche y carisma, pasando de amnésica indefensa a mujer de bandera con todas las de la ley, en lo que me gusta denominar el efecto Michelle Rodríguez: si compartes pantalla con la actriz de Texas, se te contagia esa mirada penetrante como mínimo. Para ser justo, no debe ser muy difícil destilar carisma cuando eres una rubia de ojos azules de metro ochenta de ascendencia ucraniana, pero Jovovich hace lo que puede con su papel y sobre todo consigue que el espectador pase un buen rato. Resultan creíbles las dos únicas facetas del personaje (asustada y repartiendo estopa) porque el guión no es mucho más exigente que eso y la película es lo más sincera posible con el espectador. Estamos aquí para ver cómo le vuelan la cabeza a los bichos y cómo los protagonistas escapan en el último momento. Y funciona, básicamente, porque Anderson dirige bien los tiroteos, maneja varios sustos con acierto y consigue equilibrar un ambiente opresivo con escenas de acción.

Resident Evil: Apocalypse (2004)

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Milla Jovovich en pantalones de campana atraviesa la ventana de una iglesia para lanzarles una moto a uno seres mutantes que tienen el cerebro fuera del cráneo

A pesar del subtítulo que plantea el fin del mundo y acción a raudales, Apocalypse podría ser fácilmente la peor de la saga. Es la que tiene el ritmo menos adecuado de todas, con Alexander Witt tomando el mando de la producción, pero con Anderson todavía a los mandos del guión. Algunos de los mayores defectos se encuentran en que la película desaprovecha a un enemigo tan importante en la saga como Némesis (que a un servidor aún le levanta dolores de cabeza por lo imposible que resultaba acabar con él en el videojuego original) y se introduce un elemento que recalca lo episódico de la saga: la voz en off inicial que narra los hechos de las anteriores películas. Una voz en off que puede parecernos inútil, ya que el espectador debería saber a qué se enfrenta.

La trama gira en torno de la huida de Alice de Raccoon city, acompañada en esta ocasión de un variopinto grupo de civiles que irán cayendo en orden completamente aleatorio. Pero menospreciar la película tan deprisa es demasiado fácil porque conserva un par de ases en la manga: Milla Jovovich en pantalones de campana atraviesa la ventana de una iglesia para lanzarles una moto a uno seres mutantes que tienen el cerebro fuera del cráneo. Si esa última frase no os deja con ganas de más, por favor, dejad de leer, porque esto sólo mejora. Resulta que la protagonista —la única superviviente de los sucesos acaecidos en la primera parte— tiene poderes telequinéticos que aparecen en los últimos minutos de la película. Pocos más aspectos memorables cabe señalar porque hay que tener clara una cosa: esto es 2004. El cine de acción estaba pasando por un momento bastante flojo en el que todas las superproducciones parecían de serie B (Van Helsing, Yo Robot, Blade Trinity, Catwoman) y los efectos especiales eran incluso de risa en muchas producciones. La película es vaga porque no tiene del todo claro si quiere ser una película de terror o una de aventuras. Y lo que es peor, cuando intenta ser alguna de las dos cosas, no le sale.

Resident Evil: Extinction (2007)

RE III Photo Credit:Rolf Konow;SMPS

Hasta tres veces Milla Jovovich recibe disparos, es mordida por zombies, o simplemente muere en los brazos de la Alice original

Aunque suene desordenado, tras el Apocalipsis llega la Extinción. Russel Mulcahy se encargó de la tercera parte en la que se encuentran elementos de la primera (el pasillo de los láseres, la mansión) y tres nuevos y maravillosos aspectos: Clones de Milla Jovovich, poderes telequinéticos ampliados y Albert Wesker, un antagonista clásico de los videojuegos que con sus chupas de cuero, pelo rubio y rostro impenetrable representa la quintaesencia del malo de mediados de los 2000. Sin motivaciones claras, sentimientos, ganas de vivir ni un plan, al parecer.

Los poderes telequinéticos de Alice le permiten ayudar a un convoy liderado por Ali Larter, que interpreta a otra de las nuevas adquisiciones de los videojuegos para la saga cinematográfica: Claire Redfield. Alejados por fin de Racoon City, Claire Alice y la carne de cañón de esta entrega se dirigen en convoy hacia Alaska, donde los últimos humanos resisten las hordas de zombis y la destrucción planetaria. Como casi todo en la saga, no hay explicación a por qué un virus que resucita a los muertos provoca que los lagos y los ríos se sequen, pero tampoco la necesitamos. Sin embargo, puede que uno de los elementos más extraños de la película es la fijación de Paul W. S. Anderson con matar una y otra vez a su mujer gracias a la existencia de sus clones. Hasta tres veces Milla recibe disparos, es mordida por zombies, o simplemente muere en los brazos de la Alice original. Crear todos estos clones y matarlos es vital para el plan de Umbrella. Aunque, para cuando acaba la película, no tenemos muy claro cuál es el plan de la malvada corporación. Ni de dónde saca sus recursos cuatro años después del Apocalipsis y de la extinción total. Ni quién construye sus búnkeres, ni qué clase de bronca entre Paul W. S. Anderson y Jovovich les ha llevado a que ella sea asesinada incansablemente a lo largo de la película. Quizá en la siguiente película estas cuestiones sean resueltas, pero mientras tanto, cabe disfrutar de un poco de slow motion y de los ojazos azules de Milla.

Resident Evil: Afterlife (2010)

Milla Jovovich stars in Screen Gems' action horror RESIDENT EVIL: AFTERLIFE.

La cuarta entrega de la saga será recordada siempre por su batalla final

En los futuros libros de historia del cine, cuando se estudie la saga Resident Evil (porque una saga que se alarga durante más de una década y se apoya únicamente en su actriz principal, tiene visos de estudiarse) se analizará cómo los títulos de la saga sirven únicamente para demostrar que con cada nueva parte, la apuesta está cada vez más alta y hay que encontrar una palabra todavía más épica. Resident Evil: Afterlife abre con el asalto por parte de cientos de Millas Jovovich a las bases de la corporación Umbrella vestidas al más puro estilo Dominatrix. Anderson vuelve para dirigir la ya cuarta parte de la saga, y su primer movimiento parece el más inteligente: Decide matar a todos los clones de Alice de un plumazo y continuar con la protagonista original. Ésta, tras perder todos sus poderes y sobrevivir a un accidente de helicóptero que habría matado a cualquier persona sin superpoderes (¿?), comienza su viaje en búsqueda de supervivientes de la plaga. A estas alturas de la saga, Resident Evil ya no trata siquiera de zombis, trata de Alice y los pocos sentimientos que es capaz de tener: confusión, ganas de matar, chulería y poco más. Quizá se haga raro que durante los primeros 47 minutos de película no se mata a un solo muerto viviente y las escenas de acción escasean, pero esto es sólo porque Anderson quiere preparar al espectador para un monstruo de dos metros armado con un hacha gigantesca que figura en los créditos finales simplemente como Axeman. Porque es en la cuarta parte de la saga cuando todo se va de madre. A los zombies les salen minibocas del gaznate al más puro estilo Blade 2 e intentan colarnos a Wentworth Miller como héroe de acción.

Pero Resident Evil: Afterlife será recordada siempre por su batalla final, una de las mayores locuras jamás filmadas, en la que cada movimiento, patada y puñetazo se desarrolla combinando movimientos por encima de la velocidad de la luz, cámaras lentas, perros con la cabeza partida, ojos rojos, crujidos de cuellos, saltos mortales sin trampolín y básicamente todo lo que hace que una película de acción se convierta en una comedia porque el antagonista se mueve con menos ritmo que una pandereta rota y aun así nadie consigue rozarle. Nadie excepto Alice. De hecho, es un final tan fantástico que, para cuando acaba, al espectador le asalta una duda: ¿Cómo lo van a hacer en la próxima? ¿Cómo lo van a superar?

Resident Evil: Retribution (2012)

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Una y otra vez, Alice/Milla se ve envuelta en la misma pesadilla interminable en la que es asesinada de las formas más desagradables

La respuesta es sencilla: úsalo hasta que lo rompas. En los primeros minutos de la quinta parte de la saga tiene lugar (otro) tiroteo espectacular que acaba en (otro) accidente de helicóptero. En la segunda escena de la película, se descubre a (otro) clon de Alice que lleva una vida pacífica con su familia, hasta que (otra vez) es asesinada. Volviendo con la Alice real, esta se encuentra en manos de Umbrella (otra vez) hasta ser liberada (de nuevo). Una y otra vez, Milla se ve envuelta en la misma pesadilla interminable. Su saga, su aventura, su infierno particular en el que es asesinada una y otra vez se ha convertido en una rutina absurda, en la que incluso comparte recuerdos con sus clones, siendo así capaz de recordar las múltiples veces en las que su marido la ha asesinado (tanto el ficticio como el real).

Retribution se ambienta en gran parte en Tokyo y añade al personaje de Ada Wong interpretado por Bingbing Li, elementos que no sólo funcionan como ambientación exótica, también como reclamo para las audiencias orientales que a estas alturas parecen ser la únicas que continúan tomándose en serio la saga. La película transcurre en las instalaciones secretas de Umbrella, que deben funcionar por mera fuerza de voluntad y sueños de Paul W.S. Anderson y en la que cada sala reproduce un escenario diferente en los que Alice debe abrirse paso a tiros. Así, la película sigue una todavía más clara estructura de niveles, con sus apropiados Tokyo, Nueva York, casitas en las afueras… Y lo que es mejor: Recuperar a Michelle Rodríguez… para ser asesinada de nuevo. Zombies que utilizan metralletas y conducen motocicletas, grandes piruetas realizadas en el último segundo para huir de explosiones todavía más grandes… la última parte de la saga es ya un despropósito que intenta satisfacer absolutamente todos los deseos del espectador. Y es esto, lo que (en mi opinión) hace que la quinta parte de la saga sea probablemente la mejor. Pone toda la carne en el asador, Kevin Durand se sacrifica por los protagonistas, la Casa Blanca es asediada por monstruos voladores, submarinos, perros terroríficos, persecuciones en coche… La película es un absoluto festival de excesos al servicio del espectador en el que cada escena ofrece más y (no necesariamente) mejor.

Si algo ha demostrado (y demostrará) Paul W. S. Anderson con Resident Evil es que da igual lo tonta, ilógica, mutable y monstruosa que sea la saga. Tan sólo necesitasunos pocos ingredientes para realizar seis partes de la misma, a saber: El asesinato constante de tu esposa, sacrificios realizados en el último minuto, explosiones a cámara lenta y por último y por encima de todo: complacer al espectador.

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