Rock the Kasbah, Bill Murray perdidísimo en Afganistán

Barry Levinson vuelve con una comedia sin gracia que no salva ni un Bill Murray esforzado

Bill Murray se pasea por una peli que se desmorona

5 Bill Murray
4 Zooey Deschanel
7 Leem Lubany
3 Bruce Willis
4 Kate Hudson
4 Humor
5 Desarollo
4.6

Muy pocos serían los que se atreverían a defender a capa y espada a Barry Levinson como un realizador de los grandes. Cierto que es difícil no reconocer el valor de clásicos contemporáneos como Good morning, Vietnam (1987) o Rain Man (1988), testimonios de una corriente de la drama contemporáneo tocado por una amabilidad jodida signo de los tiempos y los gustos de la academia.

Pero igual de difícil es hoy reconocer a aquél realizador sólido, tanto en lo doliente como en lo bello del drama, en sus últimos trabajos. Levinson lleva ya un tiempo vehicularizando e investigando la cara oscura de la fama, sin tapujos pero sin aportar gran cosa a lo que hace tiempo que sabemos: los ricos también lloran, los famosos tienen sus dramas y Hollywood apesta en muchos sentidos. Vale, pero… ¿qué más?

En Rock the Kasbah, más que hablar del precio de la fama, Levinson trata de narrar el precio de la no-fama: el de estar a las puertas de un mundo de lujos y nunca llegar a llamar al timbre. Un manager musical (Bill Murray) de viejas glorias subsiste representando a musiquillos del tres al cuarto que ambientan bodas y farras. Una noche de borrachera, alguien le convencerá para hacer una gira con su última casi-estrella (Zooey Deschanel) por Afganistán para animar a las tropas americanas que allí ejercen su labor de quién sabe qué.

Rock the kasbah

La ironía de los personajes de Murray y Deschanel funcionao bastante bien al menos durante su planeamiento. Luego todo se precipita.

Durante la (en parte atractiva) primera parte del film, pues Rock the Kasbah tarda lo suyo en mostrarse como lo que es, vamos en una especie de road-movie de pocas paradas con los personajes de Deschanel y Murray. Son personajes penosos y ver cómo viven su pena con la distancia justa que ofrece la ironía funciona bien —al menos durante su planeamiento.

Pero después del primer giro, poco a poco todo se deshace: Bill Murray pretende hacer un viaje interno perdido por Afganistán que de tan básico y facilón carece de interés alguno. Su personaje descubre que ya está bien de aparentar, que ya está bien de llevar la máscara del “todo bajo control” y que no ha hecho nada de provecho en su vida hasta que escucha cantar a una joven (una bastante creíble Leem Lubany) de una tribu pastún y decide representarla en el The American Idol afgano.

rock the kasbah 2

Rock the Kasbah reduce su desarrollo a típicos tópicos sobre el género o la raza perpetuados con brocha gorda y sin disimulo

Así, Rock the Kasbah decide reducir sus aspiraciones a una suerte de Monte Carlo (2011) disneyano en el que la fama es la solución a todos los problemas y en la que los típicos tópicos sobre el género o la raza se perpetúan a brocha gorda sin disimulo alguno, protegidos por una premisa sonrojante.

Lo más alarmante es que Levinson no trata de disimular. Todo se va volviendo previsible, la espiral de sin sentidos narrativos va saltando vacíos a lo loco y su desarrollo parece no preocuparse por su falta absoluta de enganche. Nada salva su sendero descendiente; ni la prostituta interpretada por Kate Hudson, ni el militar de Bruce Willis (vergonzosa y perezosa interpretación), ni su final azucarado a lo Slumdog Millionaire (2008). Y no, tampoco Bill Murray.

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