Sherlock (BBC), dos pasos adelante, tres hacia atrás

La serie Inglesa finaliza su cuarta temporada tambaleándose por culpa de lo que la hizo famosa: los guiones de Mark Gatiss y Steven Moffat

Sherlock lleva 7 años en nuestras vidas. Cuando comenzó en el 2010 me dio la impresión de que la nueva serie de la BBC pasaría sin pena ni gloria. Y sin embargo, gracias a las actuaciones de Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, una fantástica dirección y a la comunidad fan (que no sólo apoyaba a los actores principales, sino también a los guionistas Mark Gatiss y Steven Moffat) este enero se ha podido estrenar la cuarta (y parece que última) temporada de la serie. Los niveles de audiencia no han sido tan buenos como los de la segunda temporada, pero la mantienen como uno de los programas más vistos de la BBC. Y todo a pesar de sus errores, que cada día son peores. Especialmente para con los personajes femeninos.

(Spoilers de la última temporada de Sherlock de aquí en adelante)

Este enero se estrenó la cuarta temporada de Sherlock, escrita por Steven Moffat y Mark Gatiss

Al comienzo del especial de navidad del año pasado (The Abominable bride) se hacía un resumen de lo ocurrido hasta el momento en la serie: Sherlock Holmes es uno de los mejores detectives de Londres y comparte piso con el doctor John Watson. Juntos corren aventuras y se enfrentan a múltiples enemigos (entre ellos, James Moriarty en la primera y segunda temporada), a veces ayudados por el hermano de Sherlock, Mycroft, que trabaja para el gobierno. Hay dos personajes femeninos de vital importancia en la serie: Irene Adler, una espía cuyo nombre clave es The Woman, enamorada de Holmes; y Mary Watson, una exespía con la que se casó el buen doctor Watson en el segundo capítulo de la temporada pasada. Para esta cuarta, Holmes estaba al borde del exilio por haber disparado al villano Charles Magnussen.

He necesitado 113 palabras para describir lo sucedido hasta ahora en 7 años. 13 capítulos de hora y media repartidos a lo largo de 7 años. Se dice pronto, pero hay series (Hannibal, Penny Dreadful) que se han alargado menos en el tiempo creando universos más amplios, tramas más interesantes que no se contradicen y, lo que es más importante, con personajes que evolucionan. La media de duración de los capítulos de Sherlock ha sido de más de una hora, tiempo suficiente para evolucionar, cambiar y alterar las dinámicas entre personajes. Pero no ha sido así. La serie no cambia. Y no porque no tenga oportunidades, sino porque no quiere. Esto no había sido nunca tan claro como en la cuarta temporada, que comenzó el 1 de enero de este año y ha terminado hace apenas unos días.

Una de las series de mayor éxito de la BBC se niega a avanzar, evolucionar, mejorar

Y la verdad es que no pudo empezar mejor: Un misterio simple y resuelto con elegancia que encerraba otro más dentro de sí. The Six Thatchers tenía un planteamiento que rayaba lo absurdo, continuaba hacia un caso intrigante y terminaba… con la muerte de Mary Watson. Mark Gatiss, guionista, se aprovecha del pasado oscuro de la esposa del Dr. Watson para eliminarla de la serie y recuperar la dinámica Sherlock/Watson que tanto les interesan a él y al otro creador de la serie, Moffat. Si esto de por sí parece horrible, podemos pintarlo todavía de una manera peor: es un caso claro de Cadáver en la nevera.

Esto es. Kyle Rayner llega a su casa tras un largo día siendo Linterna verde. Encima de la mesa del salón encuentra una nota en la que pone que tiene sorpresa en la nevera. Dentro del frigorífico se encuentra a su novia, muerta y descuartizada, lo que provoca que durante el resto del arco argumental, el bueno de Kyle se sienta culpable, arrastrándose dolorido por el recuerdo y la sensación de haber matado a su pareja. Se le aparece en sueños y en flashbacks. Básicamente, se utiliza la muerte de un personaje para que otro avance. Esto no sería terrible si no fuera porque constantemente se asesina a mujeres (muchas veces de forma innecesariamente cruel) para que el arco del protagonista avance. Novias, madres, esposas, hermanas e hijas. La lista de casos es larga: Se7en, The Dark Knight o Gladiator son ejemplos claros del uso de este tópico en el cine. Y en cuanto a series, encontramos ejemplos en Daredevil, The Killing, o Mr. Robot. El mentalista es una serie que se plantea a partir de este tópico. En cuanto a las series inglesas, esta no es ni siquiera la primera vez que Moffat utiliza esta jugada; ya lo hizo en Doctor Who, pero ese caso es tan complicado, que daría para otro artículo.

Utilizar la muerte de un personaje para que otro avance es un truco tan fácil como rastrero

Cuando Arthur Conan Doyle mató a Mary Watson en The adventure of the empty house en 1903, lo hizo de una manera rápida y en apenas dos líneas. Tras recibir noticia de que su amigo detective había regresado de entre los muertos, Watson revela brevemente que ella ha muerto y rápidamente ambos vuelven a vivir juntos en el 221b de Baker Street. Se elimina a Mary Watson para que se pueda recuperar rápidamente a la pareja que era el motor de la saga literaria y lo que los lectores pedían.

En el caso de la serie de televisión, Moffat dedica un episodio entero a la muerte de Mary Watson, y un segundo episodio casi por completo al luto que esta muerte provoca. En el tercer capítulo de la temporada se recupera la relación entre doctor e investigador como si Mary Watson nunca hubiera puesto un pie sobre la serie. Y no sorprendería, si no fuera porque estamos en el año 2016 y no en 1903. Tener un personaje femenino que altera las bases de una serie es algo positivo. Es bueno. Es necesario. Matar mujeres para que la relación entre dos personajes masculinos avance (o aún peor, vuelva a un estado previo a su aparición) es innecesario, e incluso machista.

Está muy claro que las únicas personas a las que les molestaba la dinámica Mary-Watson-Sherlock era a Gatiss y Moffat. Su muerte nos pilla desprevenidos y tan sólo sirve para que el siguiente capítulo no esté absolutamente vacío de contenido, con un villano mal dibujado y un misterio que nunca se termina de plantearse por completo. Toby Jones hace suyo el papel de antagonista en el segundo capítulo, pero el enigma que lo rodea no es claro ni intrigante. Es desgranado rápidamente en breves y magníficas secuencias (como ya describe The nerdwriter en su canal de Youtube), pero esconden misterios que no interesan en absoluto. Que sea bonito no implica que sea inteligente. Los que conocemos la trayectoria de Moffat sabemos bien de su obsesión con el lenguaje y lo fácil que es malinterpretar absolutamente cualquier cosa para los personajes principales. De la misma manera, si hacemos memoria de las últimas 4 temporadas, puede verse claramente la estrategia de Sherlock. El propio título del segundo capítulo de la temporada ya lo desvela: The Lying Detective. Ya está. Todos los problemas en los que se le ve envuelto son mentira. El único motivo para ver este segundo capítulo es observar cómo la relación entre los dos protagonistas vuelve a la normalidad —como si Mary Watson nunca hubiera estado allí.

Moffat justifica la muerte de Mary Watson porque hay que recuperar la dinámica entre Watson y Sherlock

La peor parte —porque hay una parte aún peor— es que Moffat ha justificado la muerte del personaje femenino bajo la misma base que Conan Doyle en su día: Había que volver a la dinámica clásica. Mary Watson debía morir, porque la serie (aunque se llame Sherlock) trata sobre Watson y Sherlock. No necesitan a una mujer de por medio. Lo importante es recuperar el espíritu de las novelas originales. Si esto es cierto, ¿por qué demonios crear de la nada más absoluta al personaje de la hermana de Sherlock?

El tercer capítulo de la temporada parece más una entrega de la saga Saw que uno de la ficción inglesa más inteligente de los últimos años. Eurus es un personaje con una capacidad sobrehumana para manipular a sus enemigos que se limita a repetir la actuación de Andrew Scott (James Moriarty). Este último hace una aparición estelar en favor del fan service para terminar desapareciendo. Las pruebas a las que son sometidos los hermanos Holmes y el doctor Watson son cada vez más complejas —y al mismo tiempo sin sentido. También tiene su momento de gloria Molly Hooper, otro personaje femenino cuya única aportación a la historia es estar enamorada de Sherlock. Sale en total 3 minutos en el capítulo (más otros 2 en el anterior) y tan sólo para decir “Te quiero”. Esa es su tarea. Ser una chica enamorada. Como Irene Adler, Mary Watson o, básicamente, cualquier personaje femenino de la serie excepto la señora Hudson, casera del detective, cuyo papel es prácticamente el de ser madre.

La espectacularidad de la serie no justifica su bajón de calidad en cuanto a enigmas

El clímax de la serie es tan forzado y aburrido (incluyendo recuerdos reprimidos salidos de la nada, viajes imposibles y una gran mentira) que el espectador no puede sino sentarse y esperar a que Sherlock salve el día. Lo va a hacer porque la única vida que está en juego es la de Watson y ya sabemos que va a sobrevivir, no vaya a ser que se altere la relación principal de la serie.

En resumen, la cuarta temporada (y quizá la última de la serie) no tiene villanos estables aunque estén bien interpretados. No tiene grandes enigmas, sólo soluciones bonitas (que no inteligentes). No hay avance, sino estancamiento. Todo vuelve a ser lo mismo. Sherlock se ha convertido en una serie en la que los personajes femeninos no cuentan si no son intereses amorosos. ¿Lo peor? Que pese a su espectacularidad, incluso los enigmas son cada vez más flojos. Es una vuelta a la normalidad… solo que no del todo.

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