Star Trek: En la Oscuridad, JJ Abrams sabe lo que hace

El director de 'Super 8' compone una secuela ejemplar repleta de comicidad y buen gusto por el entretenimiento

Cuando algún artículo remite a Michael Bay (Armaggedon, Transformers) a la hora de analizar la mercadotecnia cinematográfica veraniega, muchas manos se alzan en defensa del Nolanismo, una de las corrientes más feroces del forofismo cinéfago actual. Pero, de veras, compañeros, ¿no vamos a darle nada de crédito a Miguel después de todo el espectáculo pirotécnico que nos ha ofrecido a lo largo de los últimos años con su flamantemente exitosa saga robótica? Bien cabe señalar que JJ Abrams es buen conocedor del espectador potencial del momento, y su primer acercamiento a la saga Star Trek fue buena prueba de ello en aquel verano de 2009, cuando compartió taquilla con la desastrosa segunda parte de Transformers, pero su cine tiene mucha inspiración en el de Bay, que por entonces ya había establecido las claves del negocio canicular con Armaggedon; a saber: americanismo, juego de rangos, explosividad gratuita y diversión a raudales. Star Trek: En la oscuridad logra englobar algunas de esas facultades, se desmarca de las lacras y compone un largometraje ejemplar, recomendable para cualquier tipo de audiencia o expectativa. Tanto es así que probablemente se convierta en la cinta que logre contentar al mayor número de asistentes al cine durante estos trepidantes meses de asfixiante calor.

Star Trek En la Oscuridad 3

Star Trek: En la oscuridad nos lleva de nuevo con Kirk (Chris Pine), la nave Enterprise y toda su tripulación en un prólogo colorido y ya de por sí alentador. La suma de logros alcanzados por los protagonistas en la anterior entrega desmoronan para poder componer un nuevo hilo argumental liderado por el villano de turno, un siempre absorbente Benedict Cumberbatch (Sherlock). La velocidad de composición de la trama puede resultar algo estrepitosa, pero Abrams y sus guionistas -los también casi siempre inteligentes Roberto Orci, Alex Kurtzman y Damon Lindelof– alzan el vuelo de la Enterprise y la película nunca cae en el sopor o la apatía. Queda por ver si todos los espectadores son capaces de aguantar al Simon Pegg graciosete -su mismo personaje también pasó por la cuarta parte de Misión Imposible, donde precisamente Abrams ejercía de productor- o al Karl Urban que todavía ni él mismo sabe qué demonios pinta en la película, pero en general hay gags de sobra como para mantener la tensión cómica y los oasis entre tantas aventuras, traiciones y giros dramáticos.

Desde el punto de vista narrativo, el libreto de Star Trek: En la oscuridad abraza una mitología que muchos, entre los que me incluyo, desconocemos, pero esta película no da precisamente muestras de indagar lo necesario, o de la manera suficientemente atractiva, en el mundo que creó la serie televisiva original. Extremo por mi parte participar en una exigencia de tales proporciones, pues hablamos de un largometraje de poco más de dos horas de duración que adapta decenas de episodios, pero Abrams prefiere tomar los elementos fantásticos y sci-fi que le ofrece la serie para componer un entretenimiento de aúpa más que para venerar muñecos de estantería y pósters de habitaciones oscuras. En ese sentido estamos ante un hit implacable, con un nervio que aún por intenso nunca agota y con un estilo visual que aún por sobredimensionado y reiterativo -los dichosos flares– jamás parece estar elaborado con vestuario de juguetería o centenares de cromas.

Star Trek En la Oscuridad 2

Alejada la cámara de los disparos, los corre-pasillos y los viajes espaciales, Abrams nunca pierde de vista el centro neurálgico de su película, el puente de mando de la nave Enterprise. Es ahí donde se producen las más importantes revelaciones y los relevos de mando que comprometen el liderazgo de unos al tiempo que atosigan la paciencia de otros, la nuestra. Hay tanto cambio de testigo para enfrentar a los diferentes personajes a sus límites que al final uno no sabe si es simplemente para dar sensación de movimiento o para fomentar la aparición de un mayor número de alivios cómicos. Son en cambio las relaciones que establecen los tripulantes entre sí, el tono burlesco con el que trata Abrams a sus viajantes o el tú a tú de Kirk y Spock (Zachary Quinto) los componentes esenciales que logran armar con eficacia el engranaje de la película.

Star Trek: En la oscuridad funciona porque entretiene, funciona porque divierte, funciona porque sienta bien al oído y a la vista, pero sobre todo funciona porque pese a lidiar con el patetismo o con la mera caricatura, acaba por resultar lo suficientemente inteligente y atrevida como para finiquitar no con uno, sino con hasta dos excelentes clímax. ¿Qué confirma todo esto? Pues lo que queréis escuchar: JJ Abrams es una elección idónea para dirigir Star Wars: Episodio VII. Bueno, eso y que ya tenéis un blockbuster sobrio en todos sus aspectos como para gastar la friolera que piden en las salas de cine españolas.

Star Trek En la Oscuridad 1

Comentarios

comentarios

More from Emilio Doménech

#NoOscarFest: Dónde ver las 15 películas del festival

Todavía quedan dos días para que arranque de forma oficial el #NoOscarFest,...
Leer más