[TDT] Saw, el nuevo thriller

La en sus orígenes discutible película ha pasado a ser una obra de indudable consideración en el más respetable de los planos cinéfilos. Y funcionar, funciona genial.

La Sexta3 nos deleita cada martes con un ciclo dedicado a ese pequeño demonio morboso que llevamos dentro, dos películas con relevancia en el mundo del slasher. Es el turno ahora de una de los films que han marcado un punto y aparte en la influencia del género en la gran pantalla.

Estamos acostumbrados a que las producciones escabrosas viajen directamente a DVD, o que su eco sea tan pobre, que apenas haya salas que las estrenen. Teniendo esto en cuenta, Saw ha abierto las puertas al terror más sangriento, que en esta última década ha tenido numerosos ejemplos. También convendría considerar que, de un tiempo a esta parte, la muestra de violencia en el cine ha ido relajando sus términos, hasta el punto de llegar a escándalos como el que este pasado año nos encontramos con A Serbian Film (Srdjan Spasojevic, 2010). Pero esto son cosas para hablar en otra parte.

En 2003 James Wan, basándose en un guión escrito por su amigo Leigh Whannell, dirigió un cortometraje de apenas diez minutos en los que quedaban sentadas las bases para una de las sagas más polémicas de estos últimos años. Y en 2004, la historia llegó a los cines de la mano de los mismos realizadores y con una premisa semejante. Dos hombres se encuentran encerrados en una habitación, sin saber como han llegado allí ni quien es el otro. Para escapar, deberán superar una horrible prueba. Poco a poco, serán capaces de trazar una relación con un caso reciente, en el que intervenía el psicópata conocido como Jigsaw. Ahora ellos son sus víctimas, y forman parte de su juego macabro.

La virtud de una película con semejante introducción no está en el alarde de gratuita sanguinolencia, que por otra parte, no es ni tan abundante ni tan exagerado como los medios prodigan. En su historia se encuentran las virtudes. El guion es engañoso, de imposible previsión, lo que consigue mantener al espectador pegado a la pantalla, tratando en primer lugar de entender qué pasa exactamente, y en segundo de imaginarse las consecuencias finales de los actos de los escasos protagonistas. Quizá pueda ser acusado de tramposo, pero que me trague la tierra si no es una de las mejores trampas realizadas en los últimos años.

El elenco de actores tiene la gran virtud de ser desconocido, lo que por otra parte no le resta eficacia. Al frente están Cary Elwes y Leigh Whannell (recordamos, guionista de la película) como los dos hombres atrapados en el claustrofóbico escenario que es el centro del film. Si bien el nivel de interpretación que exige el género no es de óscar, la agonía de los personajes funciona mucho mejor que en filmes que sirven de proemio al que tratamos, y que en posteriores imitaciones. La angustia que pretende la película alcanza al público en gran parte gracias a ellos. La inclusión de eternos secundarios del estilo de Danny Glover o Tobin Bell suben el caché al conjunto, y suponen una apuesta por la comercialización, apuesta que siempre es importante tener en cuenta.

La llamativa dirección de Wan juega un papel tan importante como los elementos ya mencionados. Dos puntos son importantes, hablando del tema. En primer lugar, el apartado visceral no es tratado desde la moderna perspectiva despreocupada, sino que hay ciertas concesiones para con el estómago poco acostumbrado. Es un factor que la saga irá abandonando poco a poco, conforme suba de número, hasta alcanzar la penosa situación de ser censurada en España por su “apología de la violencia”. A lo que voy es que es posible disfrutar del lado thriller del film, sin infartar con lo más propio del género al que pertenece. En segundo lugar, las virguerías de estilo que Wan se permite aportan un dinamismo inaudito, considerando lo estandarizado que está el repertorio.

Hay que tener cuidado. Tampoco estamos hablando de una obra maestra. Aspectos como el montaje quedan un poco descuidados; la trama puede no resultar satisfactoria; puede hasta ser tratada como un engaño que intenta colar el gore en las salas de uso cotidiano. De todo hay y habrá. Y que decir. Hay razón en todas direcciones, cuando la polémica se hace hueco.

Mi particular recomendación es la del disfrute de un producto que, sin duda alguna, está por encima de la media (aunque no sea más que precisamente en aquello en lo que menos hincapié quiero hacer, por ser aquello que injustamente le ha dado la fama). Probablemente sea uno de los mejores thrillers contemporáneos ante el que tengamos el gusto de sentarnos, palomitas en mano. Supongo que lo de los estómagos sensibles hay que decirlo, para los que pueda indignarse por semejante programación en la televisión pública. El problema de la violencia en la televisión está en saber justificar el servicio. Si diera el caso de encontrarnos ante una afrenta épica (recordemos que hace unos meses ya comentamos Holocausto Canibal, seguramente más trascendente en este ámbito que la que tratamos), todos podríamos rasgarnos las vestiduras, cada uno por su motivo. Pero como es una historia tensa, repleta de un pánico psicológico considerable, la inclusión de la imagen sangrienta sirve como vehículo para la transmisión de estas sensaciones. Ale, que empiece el juego.

Puedes ver Saw hoy en LaSexta3 a las 22:00 

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