The OA (Netflix): dando palos de ciego

La nueva serie de Netflix se presenta con un interesante estilo narrativo que no deja de ocultar la indecisión con la que su historia se desarrolla ¿próxima sensación o futuro fracaso?

Cuando un amigo mío me recomendó que empezara a ver The OA, uno de los productos que más ha dado de qué hablar en la nueva hornada de contenido original de Netflix, la descripción que me dio no puede parecerme más acertada: “cuando crees que sabes lo que está pasando, de repente algo cambia y no te enteras de nada”. Así es exactamente como me he sentido durante cada episodio de esta extravagante historia cuya escurridiza narración pierde entre su niebla hasta al espectador más experimentado. Es este un show agridulce, de luces y sombras, que deja emociones yuxtapuestas en un espectador que nunca llega a enterarse muy bien de lo que está pasando.

Ciertamente la historia de Prairie Johnson (Brit Marling) – o mejor dicho: The OA – es, ante todo, confusa. Para el espectador, todo comienza con un vídeo de baja calidad que captura, desde un teléfono móvil, a una joven muchacha abandonándose al vacío desde un puente. Es así como somos introducidos a una historia completamente desconocida, casi como si fuéramos nosotros mismos los que han saltado al vacío para caer dentro de un río que nos arrastra hacia su negra profundidad helada, sin dejarnos respirar ni discernir nada a más de dos centímetros de distancia de nuestros ojos. Por suerte, algún buen samaritano nos recoge y nos lleva al hospital, donde despertamos al lado de Prairie.

Poco a poco nos enteramos de su desaparición, de quién conforma su familia y, sobre todo, de que por alguna razón que desconocemos, la niña que un día fue ciega ha recuperado milagrosamente la vista. Conforme el episodio piloto avanza, uno tiene la sensación de ser capaz de ir encajando con torpeza las piezas de un enmarañado puzle que, conforme se compone, nos deja entrever pedazos de lo que parece ser un traumático secuestro, de esos que ya se han explotado hasta la saciedad en el mundo de las series y no menos en el del cine. Después… bueno, después empieza el segundo episodio y nos deja atontados perdidos. ¿Qué puñetas hacemos ahora en Rusia?

The OA Netflix Cinéfagos

Después… bueno, después empieza el segundo episodio y nos deja atontados perdidos. ¿Qué puñetas hacemos ahora en Rusia?

Precisamente es este uno de los puntos fuertes del show: su estructura narrativa, pues pese a que la historia de The OA puede ser clasificada como una trama bastante clásica bajo todo su maquillaje, este punto se compensa satisfactoriamente con una enrevesada manera de contarlo que consigue, como mínimo, captar tu atención; algo que no es cuestión baladí, teniendo en cuenta que a día de hoy vivimos un contexto audiovisual en el que todo tipo de recursos narrativos han sido exprimidos hasta la saciedad y más allá. De la misma manera, en todo lo que respecta al apartado visual la serie es, como viene acostumbrando Netflix, impecable y tremendamente atractiva. Siguiendo la estela visual de producciones de la misma casa como House of Cards e incluso Narcos, The OA se apropia de una gama de colores planos y sobrios, proporcionando éstos un realismo acentuado gracias a esa atractiva luz diáfana y blanquecina que está presente incluso en los momentos más oscuros. ¿Un guiño a la vista recién recuperada de Prairie? No sólo uno, sino varios, ya que la ceguera de Prairie es un elemento constante de muchos episodios, transmitida esta magistralmente mediante planos cortos y ruidos confusos que hacen sentir al espectador la horrible sensación de no saber lo que está pasando a su alrededor.

Es a partir de estos puntos fuertes, sin embargo, cuando el show empieza a desinflarse rápidamente, puesto que una vez el encanto de su atractivo envoltorio se desvanece tras los primeros episodios, no puede uno más que llegar inevitablemente a la más devastadora de las conclusiones seriéfilas: “voy a terminarla porque es corta y no tengo nada mejor que hacer”. La peor maldición de una serie. ¿Por qué pasa esto? Lo cierto es que es difícil señalar con exactitud qué es lo que no funciona en una serie que, sin ser mala, no deja de resultar insípida y muy poco memorable (al menos su primera temporada).

The OA Netflix Cinéfagos

La purpurina narrativa de The OA deja entrever una estructura frágil que tiembla sobre unos cimientos endebles sobre los que va a ser difícil construir algo que aspire a ir más allá del hype

La mayor grieta del show podría encontrarse en la manera apresurada que tiene Zal Batmaglij (Sound of My Voice, The East) de desarrollar las múltiples historias que entrelazan presente y pasado, historias que, aunque interesantes, acaban atragantando a un espectador que apenas tiene tiempo para digerir lo que está pasando, poniéndonoslo muy difícil para empatizar con una multitud de personajes cuyo escenario simplemente no les da espacio para crecer. Es esto lo que provoca inevitablemente que los personajes de The OA acaben padeciendo cierta condición de cartón piedra que, aunque funciona de lejos, acaba desmoronándose tan pronto como uno se acerca a examinarlos a través de su cristal blindado. Tampoco lo mejora el hecho de que las relaciones intrapersonales se desarrollen de una manera más bien autocomplaciente, definiéndose con situaciones a brocha gorda a partir de las cuales tenemos que suponer vínculos inciertos. Una pena, teniendo en cuenta que esta falta se podía haber remendado de sobra con los minutos desaparecidos en los últimos capítulos de una primera temporada que no consigue su misión más importante: convencerte del producto.

Las series existen precisamente para explorar todas esas tramas y detalles en los que una película nunca podría ahondar. Teniendo esto en cuenta, lo cierto es que The OA no deja de parecer una mediocre película larga más que una serie, con todo lo malo y lo bueno que esto conlleva. Puede que consiga sorprender a priori, pero todos sus logros se van por el retrete una vez la historia empieza a perder gas por todos lados, precipitándose al vacío más oscuro. Al fin y al cabo, ¿qué atractivo tiene una serie que nos deja de interesar en tan sólo una temporada? La purpurina narrativa de The OA deja entrever una estructura frágil que tiembla sobre unos cimientos endebles sobre los que va a ser difícil construir algo que aspire a ir más allá del hype. Es difícil por ahora adivinar el camino que tomará la serie en una ya confirmada segunda temporada, pero esperemos por su bien que Batmaglij y compañía sepan bien lo que se hacen y que The OA deje en su segunda temporada de dar tumbos en la oscuridad para encontrar por fin un destino claro e interesante, recuperando la visión de la que carece su primera temporada.

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