Thor: El mundo oscuro, banalidad ven a mí

Alan Taylor (Juegos de Tronos) dirige la secuela del 'Dios del trueno', con Chris Hemsworth, Natalie Portman y Tom Hiddleston repitiendo sus papeles

La llegada de Capitán América a los cines españoles nunca se sintió como una venida convincente. Acudíamos al cine por simple griterío comercial. Algo similar ocurrió con Thor. Mientras que con el héroe de las bandas y las estrellas era fácil determinar que el charco intermedio hacía difícil empatizar con el patriotismo abanderado por Steven Rogers, en el caso de Thor la diferencia no era sólo trascendental en el plano de las deidades, pues es obvia la complejidad de acompañar en una aventura a un súper-héroe de poder casi inmortal, sino que además de él nos separan distancias sólo apreciables por el Hubble.

Superman atrae por el hecho de que echó semilla en Texas, pero el chico rubio enfundado en placas nació y creció en Asgard, una suerte de reino fantástico vigilante que hace gala de un horterismo fulgurante. Con martillo en mano nos disponíamos entonces a reventar cualquier posible vuelta de Thor, pero un inteligentísimo Joss Whedon se adelantó y asentó las bases para reconciliar al público con el héroe asgardiano al mantenerlo atado, siempre e indivisiblemente, a su hermano Loki, el verdadero ídolo de masas.

Thor: El Mundo Oscuro (1)

Kenneth Branagh tenía ya en 2011 un material complicado entre manos, y pese a todo consiguió formar un correcto, e incluso alentador a ratos, origen del ‘Dios del trueno’. El hecho de colocar las piezas en un par de míseros set-pieces de Nuevo México acortaba disfrute y posibilidades a ese primer acercamiento, pero el resto afianzaba la llegada de Los Vengadores y, más importante, las reglas del juego para la segunda parte del ciclo Thor, que llega a nuestros cines hoy jueves como: Thor, el mundo oscuro.

[alert-yellow]Tras la debacle neoyorquina, Thor (Chris Hemsworth) vuelve a Asgard para restaurar el orden en los nueve reinos, pero las batallas y las fiestas no colman su felicidad, que todavía le espera en la Tierra. Jane Foster (Natalie Portman), mientras tanto, sigue tratando de hallar la forma de volver a tomar contacto con él hasta que da de bruces con el éter, un nuevo elemento de inimaginable poder que despierta a los elfos oscuros y su espíritu vengativo.[/alert-yellow]

Thor: El Mundo Oscuro (2)

Alan Taylor, de reconocido currículum por haber participado en Juego de Tronos, descarta el estilo kitsch propuesto por Branagh en la primera Thor para potenciar la herencia fantástico-épica de El señor de los anillos, una que congenia mejor con la comicidad marveliana (el momento ‘Gigante de piedra’ es muy del bromance Gimli-Legolas). En cada plano es posible respirar el aroma reminiscente de otras sagas cinematográficas, pero el hecho de colocar a un héroe tan carismático como Chris Hemsworth y, sobre todo, de posibilitar, sea como sea, la aparición de Tom Hiddleston, ameniza una velada que no tiene problema alguno en pormenorizar la explicación de su recorrido en pro de espolear el ritmo y agudizar el tono sarcástico. Humor infantil, sí, pero hilarante al fin y al cabo.

El sentido del espectáculo está además presente a cada recoveco que la trama es capaz de otorgarle al imaginario del cómic. Persecuciones aéreas, enfrentamientos a espadas y pistolas, ¡incluso carreras por los pasillos de palacio con Natalie Portman en modo escapismo! La compra de Star Wars por Disney nunca había cobrado mayor sentido. Pero si algo merece la pena en Thor: El mundo oscuro es por supuesto el enfrentamiento climático en Londres. Poco importan los ruines usos que han hecho del libreto los guionistas para acabar en Greenwhich, porque qué disfrutable es la conjunción de mundos, ésa que tanto le debe al ‘Portal’ de Valve, y perfecta la simbiosis de acción/comedia que es capaz de ensamblar Taylor en esos arreones finales.

Thor: El Mundo Oscuro (3)

Thor: El mundo oscuro está lejos de tener sentido, de ser la película más importante de la fase 2 de Marvel (a la que le queda mucho recorrido), o de acaso fijar nueva cátedra en las películas de súper-héroes (¡qué novedad!), pero confirma el establecimiento de un rumbo fijo en este flujo de sagas paralelas, el que en su momento determinó Joss Whedon en aquella magnífica Los Vengadores y continuó Shane Black con Iron Man 3. Es entretenimiento. No es serio. Pero nos gusta. Y es lo que hay.

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