“Timecode”, “En la azotea”, “Aitxitxe” y otros cortos “muy grandes”

Juanjo Giménez Peña opta al Oscar con su inolvidable"Timecode", mientras otros jóvenes cortometrajistas no dejan de sorprendernos

En la reciente (y relativamente justa y soportable) gala de los Goya, el veterano cortometrajista Juanjo Giménez Peña agradeció a la Academia, con mucha sorna, orgullo y ánimo reivindicativo, por “permitir que los largometrajes compartan la gala con nosotros”, para a continuación animar a los “largometrajistas para que muy pronto quizá puedan dar el salto al vacío” y rodar cortometrajes. Habitualmente minusvaloradas como “cartas de presentación”, las películas con duración inferior a la media hora merecen mucha más atención (y consiguiente acceso a los circuitos de exhibición) de la que actualmente disponen, sobre todo si tenemos en cuenta que la emergencia de Internet y las nuevas tecnologías han facilitado enormemente la realización y difusión de estas piezas de orfebrería generalmente innovadoras, estimulantes y de una precisión admirable.

Como ejemplo perfecto tenemos el corto con el que Giménez Peña ganó el Goya, la Palma de oro al Mejor Cortometraje en Cannes y aspira al Óscar el próximo domingo 26 de febrero: Timecode (disponible en ese milagro cinéfilo, alternativa modélica a Netflix, llamado Filmin). En el parking de unas oficinas, uno de esos no-lugares, como felizmente acuñara el antropólogo francés Marc Augé, asistimos al insólito descubrimiento de una nueva forma de comunicación y des-alienación por parte de Luna, la vigilante de seguridad diurna. Se trata de un corto ejemplar, en cuanto juega con pocos elementos (mejor no desvelar ninguno más), pero logra articular un relato universal, de singular belleza visual y narrativa, que deja las palabras a un lado para reivindicar la importancia de los movimiento del cuerpo… y del alma. Mención especial para los dos protagonistas (los artistas Laila Ayguadé y Nicolás Ricchini) de este inolvidable encuentro de dos personas y dos artes.

Si Timecode es un corto ejemplar, sencillo pero muy resonante, En la azotea aboga por la superación del miedo y la  aceptación de uno mismo con una fuerza y emoción que la convierten en pieza perfecta para el acompañamiento pedagógico

Entre las nominadas al Goya también figuraba En la azotea (igualmente disponible en Filmin), dirigida por Damià Serra Cauchetiez, y que constituye el trabajo fin de carrera de un grupo de estudiantes de la ESCAC, esa inigualable escuela de cine y fábrica de talento de Tarrasa a la que le debemos, entre otros, la formación de autores de la talla de J.A. Bayona, Kike Maíllo, Mar Coll o Roser Aguilar. Partiendo de la “travesura” de un grupo de adolescentes en una azotea desde la que divisan a una mujer tomando el sol en top-less en otro edificio, el corto desgrana, en tan solo 11 minutos,  la perversa dinámica de unas relaciones de amistad marcadas también por el miedo, la discriminación al diferente, y en última instancia, el bullying. Con un dominio total de la cámara y un agudo sentido de la observación para el habla y el comportamiento cotidianos de los jóvenes de 13-14 años, el guion aboga por la superación del miedo y la  aceptación de uno mismo con una fuerza y emoción que la convierten en pieza perfecta para el acompañamiento pedagógico en colegios e institutos y la demostración del talento de los alumnos de esta gan escuela de cine.

Otra plataforma de lanzamiento del talento de jóvenes cortometrajistas es el propio Festival de Cannes, que en su “Short Film Corner” de 2016 albergó a más de 2.500 participantes acreditados de 100 países. Explorando entre sus más de 2.400 cortos registrados, uno se encuentra cosas tan bonitas como Aitxitxe, de Markel Goikoetxea, un joven de Bermeo que finalizó sus estudios de cine en Los Ángeles el año pasado con este emotivo trabajo que combina localismo y universalidad. La relación entre un anciano vasco emigrado a Estados Unidos hace muchos años, que, víctima de la enfermedad, rememora el idioma y las tradiciones de su tierra de origen, y su nieto, curioso por ese lejano lugar al que su abuelo siente aún tanto apego. permite a Goikoetxea desarrollar un “cuento” familiar plagado de ternura y con un esforzado trabajo de representación mitológica. Todo un homenaje a los sentimientos y fantasías que presumiblemente iluminaron su infancia, y que sin embargo, podrán entenderse en todo el mundo.

Aitxitxe, de Markel Goikoetxea, participó en el Short Film Corner de Cannes, y es un corto tan localista como universal, en torno a los cuentos y tradiciones vascas

Y cómo olvidarse del Jameson Notodofilmfestival, el festival de cine online que este año celebra su 15º edición, abierto a todos los jóvenes creadores deseosos de dar el salto y atreverse a crear su propia obra.  En estos 15 años, muchos han logrado de hecho labrarse una carrera prometedora a partir de esta primera gran aventura: miren si no el caso de Manuela Moreno tras su célebre y divertido Pipas, o este mismo año, la nominación al Goya de Bla, bla, bla de Alexis Morante, una ingeniosa y sorprendente vuelta de tuerca a la mirada estereotipada con la que suele abordarse el síndrome de Down. Para aquellos que tengan una buena idea y estén ansiosos por traducirla a imágenes en movimiento, no lo duden, esta es su ocasión(el plazo de participación se ha ampliado hasta el 1 de marzo): solo les digo que hasta quien esto escribe se ha animado a hacer sus pinitos detrás de la cámara.

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