Tobe Hooper, (1943-2017) La Matanza de Texas y el Nuevo terror

La muerte de Tobe Hooper nos obliga a volvernos una vez más hacia una de las películas de terror más importantes del Siglo XXI y probablemente su obra maestra: La matanza de Texas.

Con la muerte de Tobe Hooper desaparece uno de los creadores más importantes de la década de los 60, probablemente uno de los primeros autores estadounidenses que ayudó a reformar la estructura del cine de terror y al mismo tiempo recuperó elementos clásicos del relato de terror (la casa encantada, la familia noble pero maldita) a través de una de esas películas que parecen menos de lo que son.

La matanza de Texas no es una película normal. Es una película mítica, y no lo digo tan sólo en el sentido de que es una película de culto. La ópera prima de Hooper maneja conceptos gigantescos como el apocalipsis, la destrucción de la familia, lo antiguo versus lo nuevo, la juventud, el pecado, la vejez y la resurrección de los muertos. Donde en apariencia tan sólo tendríamos una de las primeras películas gore o la punta de lanza del American Gothic (no es así, Last house on the left resulta más explícita en sus descripciones de la violencia y es anterior a La matanza), las desventuras de Sally Hardesty son un ejemplo perfecto de diseño, técnica y bajo presupuesto componiendo una película excepcional.

La Matanza de Texas es en parte una película/protesta y también una Road movie, un Western, y un documental

Probablemente a lo largo de los próximos días nos encontremos con muchos artículos que califiquen a La matanza de Texas simplemente como una de las películas de terror más importantes del Siglo. Y si bien eso es cierto, la película también pertenece a una multitud de pequeños géneros. Es en parte una película/protesta mezclada con Road movie, Western, documental, y soft core porn de acuerdo a David Roche. Y es que el principal motivo por el que la película forma parte de la colección permanente del MOMA (Museum Of Modern Art) de Nueva York es que elabora su discurso en torno al fracaso del sueño americano mientras bebe del horror clásico. Tras las protestas estudiantiles de los 60, la generación del amor se había convertido en la de la muerte gracias a Charles Manson y los asesinatos en la mansión de Roman Polanski. JFK había muerto hacía casi diez años. El doctor Martin Luther King le siguió poco después. El país estaba envuelto en una guerra que no deseaba y que perdería en Vietnam, en la que toda una generación de jóvenes quedaría marcada. La administración de Nixon destruyó buena parte de la esperanza en el futuro de los jóvenes a través del escándalo del Watergate, los panteras negras revolvían las calles… Alguien debía hacer algo. Alguien debía protestar de una manera que no se notase, alguien debía demostrar que el país más poderoso del mundo estaba patas arriba, y que las cosas debían cambiar. Ese alguien fue Tobe Hooper.

Hooper nos introduce en un mundo árido, caluroso, en el que el agua escasea y la única comida que tenemos a mano es una parrillada de dudosa procedencia. La casa de los Hardesty (de la familia de la protagonista) está prácticamente en ruinas. Los jóvenes, la siguiente generación, a pesar de que se preocupan por el bienestar de la tumba de su abuelo, lo han olvidado prácticamente. Sea como fuere, el entorno es desolador, pero está a punto de empeorar. 

Los últimos 30 minutos son una agonía constante gracias a una multitud de piezas que funcionan: Dirección, sonido, fotografía…

¿Que clase de terror crea Hooper? El director supo hacer malabares con la arquitectura, el tratamiento de la imagen y la historia, creando así tres puntos centrales, el de la historia clásica de monstruos caníbales que tienen más que ver con los cuentos clásicos de los hermanos Grimm; la crítica social, a través de las dos “familias” (los jóvenes y los viejos) enfrentadas por su supervivencia y por último el viaje (con vuelta incluída) hacia la locura. Se trata de algo comprable con la “caída por la madriguera del conejo”. A partir del momento en el que entramos en la casa de los caníbales, la película, su trama, su dirección y su fotografía se vuelven confusas, haciendo que el espectador se sienta incómodo.

Los últimos 30 minutos son una agonía constante, en los que Sally se encuentra atrapada en un mundo incomprensible, en las tripas del monstruo. Aunque la protagonista de este último tramo figure normalmente como una de las primeras Final Girls, en realidad funciona más como figura de aguante. Sally sobrevive la muerte de su hermano, cae por una ventana, huye por el bosque, es golpeada y secuestrada de vuelta a la casa, sometida a tortura durante la cena y finalmente salvada por pura casualidad. No es un personaje extraordinariamente inteligente ni que utilice habilidades especiales para escapar de la situación en la que se ve envuelta, tan sólo aguanta lo que le echen. El espectador no sólo sufre con ella, también a través de ella. 

Del otro lado de la mesa tenemos a la familia con su idiosincrasia particular. Han creado un mundo a su medida, en el que todos los elementos del cuerpo de los jóvenes que pasan pueden ser reutilizados para diversos fines (lámparas, sofás, máscaras, y diversos tipos de decoración). De esta manera, Leatherface y su familia convierten a sus víctimas en seres sin alma, cosas sin vida, recursos a explotar para construcción, carpintería, moda o mero entretenimiento. Lo que Robin Wood denominaba el máximo ejemplo de capitalismo al alimentarse también de ellos. La casa de los Sawyer representa no sólo el canibalismo más brutal (una primera lectura obvia), si no también una parte de la sociedad estadounidense que nadie quiere ver, la de la supervivencia de poderes antiguos que se niegan a morir.

Junto a La semilla del Diablo y El exorcista formó una tríada que elevó el cine de terror por encima de sus posibilidades

El hogar terrible, los Sawyer son primigenios y terroríficos, y tan sólo hay de distancia una generación entre los miembros de la familia de caníbales y Sally y sus amigos. En cierto sentido ambos han salido del mismo entorno (ambos abuelos trabajaban en el matadero), y ambas familias son un reflejo de otra. La casa de los Sawyer resulta terrorífica, quedarse en el interior ha hecho que se vuelvan agresivos, caníbales y asociales. Así, el entorno en el que se desenvuelve la película no es más que un reflejo del mundo en el que han crecido. Ambos hogares son la respuesta a dos preguntas: ¿Y si no dejamos morir a las tradiciones? nos convertimos en caníbales. ¿Y si las dejamos morir? Entonces, la casa de nuestros padres quedará derruida.

Por supuesto, La Matanza De Texas no es la única película de Tobe Hooper, pero si que es una de las películas más importantes que realizó. Junto a La semilla del Diablo y El exorcista formó una tríada que elevó el cine de terror por encima de las posibilidades que se le daban hasta entonces. Eso es algo que se quedará con nosotros para siempre.

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