Veep (HBO), la estupidez al poder

La sátira política de Armando Ianucci encara su cuarta temporada y se confirma como una de las comedias más sólidas del momento

En Choice, el segundo episodio de la tercera temporada de Veep, la Vicepresidenta de los Estados Unidos y su gabinete tratan de posicionarse en el debate nacional sobre el aborto. Han de decidir cuál es el límite de semanas más adecuado para la interrupción del embarazo, una cifra intermedia que les permita seguir conservando tanto el apoyo del lobby pro-vida como del pro-abortista. Con el fin de aclarar sus ideas, colocan sobre la mesa varias frutas para ilustrar el tamaño del feto en los diferentes estados de gestación, y mientras debaten sobre el tema, se las van comiendo. Incapaz de decidirse, la Vicepresidenta acaba haciendo la pregunta que todos tienen en mente: “¿No hay un lobby pro-me-importa-una-mierda?”

Eso es Veep. Lejos de la supremacía moral nórdica de Borgen, las intrigas palaciegas de House of Cards o el idealismo howardhawksiano de El ala oeste de la Casa Blanca, Veep es la única serie política que no parece transcurrir en un universo alternativo al nuestro, ese que cada día nos regala un nuevo episodio de vergüenza ajena con partidas clandestinas de Candy Crush y rimas a micrófono abierto. Sus personajes son el retrato más certero imaginable de las altas esferas políticas: una pandilla de seres miserables, caprichosos, incompetentes y rematadamente idiotas, más preocupados en hacer chistes sobre el intento de suicidio de la Primera Dama que en el rescate de unos mochileros americanos perdidos en país extranjero.

Veep es la traslación americana de la británica The Thick Of It, sátira política por excelencia que ridiculizó como ninguna el backstage del gobierno inglés y que tuvo su pico de gloria internacional con su versión cinematográfica, In the Loop. La HBO vio un filón a la hora de trasladar ese espíritu corrosivo a la Casa Blanca, así que encargó un remake… que no llegó a ir más allá de un piloto que, al parecer, era un completo desastre. Escarmentada, la cadena decidió confiar al creador de la original, Armando Ianucci, el desarrollo de una nueva serie que no fuese un remake per se de The Thick Of It, pero que mantuviera su misma esencia. Ianucci, una de las mentes cómicas de mayor relumbrón en su país (responsable de ese pilar del humor del patetismo tristemente desconocido por estos lares: Alan Partridge), aceptó el reto, no sin antes traerse consigo a algunos de sus más estrechos colaboradores; entre ellos, Christopher Morris, el tipo que ya había firmado hitos de la comedia resbaladiza como el episodio sobre la pedofilia de Brass Eye o la indispensable Four Lions. Y qué mejor punto de partida que inspirarse en uno de los acontecimientos más involuntariamente cómicos de la reciente historia política norteamericana: las frustradas aspiraciones presidenciales de Hillary Clinton.

Veep 5 - Julia Louis-Dreyfus

Cuanto más vapulea y humilla Veep a sus personajes, más disfruta con ellos el espectador

Veep da comienzo cuando Selina Meyer, la que tenía visos de ser la primera mujer en ocupar el Despacho Oval, acaba relegada al puesto de Vicepresidenta. Una figura florero, cuya labor se limita a intervenir en asuntos irrelevantes y servir de cabeza de turco para los entuertos en los que se mete el líder mundial; un Presidente al que nunca llegamos a ver y cuya ausencia es subrayada por un running gag durante las primeras temporadas: la inevitable respuesta negativa que obtiene Selina cada vez que pregunta: “¿Ha llamado el Presidente?“.

Los constantes despropósitos políticos y personales de la Vicepresidenta (que, las cosas como son, tampoco resultan más escandalosos que los de cualquier noticiario) son secundados por un séquito de cortesanos siempre dispuesto a rescatar a su jefa de la muerte política: un diabólico trepa sin escrúpulos, un patético y pusilánime jefe de prensa, un asistente personal que ejerce de servicial esclavo a tiempo completo, una jefa de gabinete en permanente crisis nerviosa…

Que nadie se confunda. Poco tiene esto que ver con sitcoms como Parks and Recreation o Community. No se trata de aprender a querer a un puñado de personajes que, pese a sus diferencias y excentricidades, acaban convertidos en una familia de gente adorable. Esto se trata de odiarlos, tanto como se odian los unos a los otros, y sólo así acabar cogiéndoles cariño. Cuanto más vapulea y humilla Veep a sus personajes, más disfruta con ellos el espectador. No hay sitio aquí para momentos emotivos de ningún tipo. Es puro sarcasmo sin adulterar en dosis de media hora.

Veep 2 - Julia Louis-Dreyfus, Anna Chlumsky

Veep es una oda al insulto y la vejación, el único idioma en el que saben comunicarse sus personajes

Escasos capítulos le bastaron a Veep para huir de la sombra de su predecesora y adquirir identidad propia. Puede que no posea el activo más valioso de The Thick Of It, ese Malcolm Tucker (Peter Capaldi, Doctor Who) en perpetuo estado de furia homicida, pero ni falta que le hace. El espíritu permanece intacto. Es tan cáustica y rezuma tanta bilis como la británica, y su ritmo es casi aún más vertiginoso. Veep va a tal velocidad que es posible que te pierdas el mejor gag del episodio si te da por parpadear. Y para no ser menos que su serie madre, es otra oda al insulto y la vejación, el único idioma en el que saben comunicarse sus personajes. Los diálogos hacen poesía con cada nueva ofensa. Ejemplos los hay a patadas en cada episodio, pero puestos a elegir, que sea uno dirigido a Jonah, el personaje predilecto del fan por ser el eterno objeto de las iras del resto: “Ni siquiera eres un hombre… eres un boceto preliminar de hombre, el garabato de un retorcido esqueleto gigante al que no hubo tiempo de añadir detalles como pigmentos o amor propio“.

Pero poco sería de la venenosa pluma de Ianucci y los suyos sin el respaldo de un elenco en estado de gracia. Vale que todos veneramos (o deberíamos) a la Elaine de Seinfeld, pero puede que sea el momento de decirlo alto y claro: nunca ha estado mejor ni se lo ha pasado tan bien Julia Louis-Dreyfus como encarnando a Selina Meyer. Tan déspota, egocéntrica y desalmada como vulnerable e insegura, Louis-Dreyfus no pierde ni un ápice de su encanto y carisma a la hora de pronunciar alegremente sentencias como “Los gordos no votan. No hay comida en las cabinas de votación”. Una interpretación digna de figurar en cualquier panteón de la comedia, la confirmación de una de las grandes actrices de nuestra era, capaz de deslumbrar pese a estar flanqueada por un plantel de secundarios que pueden adueñarse de la escena en un microsegundo, desde Tony Hale (que ha logrado hacernos olvidar ese monumento al humor que fue su Buster de Arrested Development) a la recuperada Anna Chlumsky (también recordada como la adorable mocosa por la que Macauly Culkin perdía la vida bajo los aguijonazos de unas abejas), pasando por un par de semidesconocidos Reid Scott o Timothy Simmons que debieran estar siendo rifados para figurar en cualquier comedia que se precie.

Veep 4 - Tony Hale, Anna Chlumsky

La cuarta temporada de Veep viene cargada de jugosas novedades, como la incorporación al reparto de un peso pesado del humor como es Patton Oswalt

Veep encara su cuarta temporada cargada de promesas electorales para sus fans. Selina Meyer ha alcanzado por fin su objetivo vital, lo que conlleva mayor responsabilidad. Es decir, más pasos en falso, estrés, caos y estallidos de histeria. Y sí, oh sí, más insultos. Viene además con jugosas novedades, como la incorporación al reparto de un auténtico peso pesado del humor como es Patton Oswalt (Young Adult) y la materialización del sueño húmedo de los seguidores de la serie: esa incipiente pareja formada por Jonah y Richard (Sam Richardson, Cómo acabar sin tu jefe 2), los dos mayores imbéciles de la Casa Blanca, que seguro proporcionará las dosis de estupidez integral que requiere el gabinete de Meyer para funcionar a pleno rendimiento. Por si eso fuera poco, Veep tiene la fortuna de que los astros se hayan alineado para que la trama de la serie pueda servir como espejo deformante del nuevo intento de Hillary Clinton por hacerse con la presidencia. Es, a diferencia de cualquier otra promesa electoral, más de lo que podríamos pedir. Al fin y al cabo, nosotros nos conformamos con que cada episodio cuente con líneas de diálogo como “No entiendes la complejidad, eres el mayor organismo unicelular que existe” para seguir dando a Veep nuestro voto incondicional.

Yomvi PlayVeep puede verse en Canal+, Canal+Yomvi y Yomvi Play

Filmin logoLa anterior serie de Ianucci, The thick of it, puede verse en Filmin

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