Vuelve American Pie, vuelve la adolescencia

Este viernes se estrena American Pie: El reencuentro, la última película de una saga que marcó a toda una generación.

Cuando el año pasado se estrenó Super 8 (J.J. Abrams, 2011), fueron muchos los que alabaron el homenaje que el director había realizado al cine juvenil de los ochenta. Aunque, en el fondo, la película no era para tanto, el revuelo que generó la cinta estaba marcado por un factor que está imperando en los últimos tiempos: la nostalgia. Muchos de los que disfrutaron con la obra de Abrams en realidad le estaban agradeciendo el haber tenido la oportunidad de vivir una pequeña regresión a la infancia, a una década en la que los niños crecían con E.T, el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), Gremlins (Joe Dante, 1984) o Los Goonies (Richard Donner, 1985).

De esta forma, si al factor nostalgia le sumamos la escasez de ideas que sufre el cine comercial norteamericano en los últimos años, no es de extrañar que este viernes se estrene en las salas españolas una nueva secuela. Claro que no se trata de una secuela cualquiera, sino de American Pie: El reencuentro (Jon Hurwitz, Hayden Schlossberg, 2012), una cinta perteneciente a una saga que, más allá de su cuestionable calidad cinematográfica, ha marcado a una generación.

Aunque los espectadores que se acerquen a ver esta nueva entrega puedan ser muy heterogéneos, lo cierto es que este reencuentro está dedicado a aquellos que allá por 1999, fecha del estreno de la primera American Pie, eran adolescentes o estaban a punto de entrar en esta complicada etapa vital. Así pues, de igual modo que Super 8 era una película para treintañeros, American Pie: el reencuentro es un regalo para esos jóvenes que están terminando su formación y, con suerte, están a punto de entrar en el mercado laboral.

Estrenada a finales del siglo pasado, American Pie supuso un punto de inflexión en el género de comedia juvenil, que desde John Hughes –El club de los cinco (1985), Todo en un día (1986), etc- estaba de capa caída. Esta nueva generación de comedias, que era menos ingenua y mucho más escatológica y políticamente incorrecta, sirvió además para catapultar a la fama al actor Seann William Scott, que durante unos años gozó del don de la ubicuidad en cintas como Colega, ¿dónde está mi coche? (Danny Leiner, 2000) y Road Trip, viaje de pirados (Todd Phillips, 2000), así como en las correspondientes secuelas de American Pie que se estrenaron en los cines –no tenemos en cuenta las que fueron directamente al videoclub-.

El legado de American Pie

Además de algunas de las películas mencionadas, American Pie tuvo tal impacto que muchas de sus expresiones, situaciones y personajes forman ya parte de la cultura popular de los jóvenes nacidos entre finales de los ochenta y principios los noventa.

Por ello no es de extrañar que tras conocer a Jim (Jason Biggs), y a su entrometido padre, ninguno de nosotros hayamos podido contemplar una tarta de manzana con los mismos ojos, del mismo modo que si te hablan de un campamento musical de verano sabes que una flauta puede ser un objeto multiusos. Con American Pie también aprendimos a usar una webcam, aunque por desgracia en nuestra habitación nunca entrara Nadia (Shannon Elizabeth), cuyos pechos, y no dudo en apostar, fueron los primeros que muchos jóvenes pudieron ver. Otra lección aprendida: si te encuentras un vaso de cerveza sin dueño en una fiesta, asegúrate de que lo que contiene es realmente cerveza.

Pero sin duda alguna fue Stifler (Seann William Sott) el que, con sus payasadas, su vocabulario y su gamberrismo; más incidió en la casi enfermiza obsesión por perder la virginidad antes de terminar el instituto. Paradojas de la vida, el más salido de la pandilla sería el que acabaría sufriendo las consecuencias de tener una MQMF (Madre Que Me Follaría) –aunque ahora, debido al dominio anglosajón del mundo digital, decimos las siglas en inglés: MILF-.

Esta semana alguien dijo en la red que si era necesaria una nueva película de American Pie y, en parte, tiene mucha razón, pues dudo de que esta nueva entrega pueda aportar algo más que las tres o cuatro bromas zafias que este tipo de cine acostumbra. La diferencia es que, como bien especifica el título de la película, ésta supone un reencuentro. Con unos personajes con los que crecimos pero, sobre todo, con una etapa de nuestra vida tan importante como la (pre) adolesencia. Y solo por volver a tener esa sensación ya merece la pena.

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