The Walking Dead, de mediocridades que aprovechar

La serie de AMC que bate récords de audiencia cerró una cuarta temporada repleta de malos (y muy buenos momentos)

Alimentados por el hambre y el peligro, aquellos que sobreviven a los apocalipsis más indeseables siempre deben responder a las constricciones más extremas de la condición humana. The Walking Dead, que tras cuatro temporadas sigue sin tener claro cuál es la concordancia narrativa entre un episodio y otro, sí sabe, al menos, qué nos quiere contar. Porque alejado el foco del devenir argumental, de los peligros que acechan, la serie nunca se ha desmarcado del obvio estudio de personajes, del enfrentamiento de estos a las más duras de las complicaciones.

The Walking Dead 4 temporada 7

The Walking Dead ha sufrido infinidad de estancamientos, sus temporadas han batido récords de irregularidad, y sin embargo sería un sacrilegio soslayar su evidente atractivo. Es probable que el fenómeno zombie, que ha creado uno de los géneros no ya cinematográficos, sino también televisivos y literarios más apasionantes del panorama cultural actual tenga mucho que ver con su éxito, pero cabe echar la mirada atrás y descubrir cuáles son los logros reales de la serie, pues pese a la abundancia de baches debemos admitir que su recorrido ha dejado algunos de los mejores momentos televisivos de lo que va de año.

Refería a la concomitancia entre capítulos porque si The Walking Dead ha tenido un problema indiscutible esta temporada ha sido por su forma de plantear cada episodio. Comprensible si tenemos en cuenta la división de trabajo del equipo creativo, con varios directores y guionistas afrontando cada rodaje, pero inaceptable si los distintos marcos argumentales querían mantener la coherencia narrativa del conjunto. Porque si dejamos de lado ese tramo inicial de epidemias (¿cuántas series post-apocalípticas han hecho uso del elemento pandémico?) y el sensacional arco que tuvo al personaje del Gobernador como protagonista, lo que viene después es un batiburrillo de tonterías con aciertos excepcionales.

The Walking Dead 4 temporada 5

Los capítulos que mejor prueban ese desatino son los dos primeros tras el parón navideño. En uno Michonne rememora tiempos mejores en ensoñaciones con careta de flashback, un elemento insólito en la serie que, con el añadido de lo pésima actriz que es Danai Gurira, nos dejó el que probablemente sea el momento más vergonzante de la temporada. Inmediatamente después, lo que vino fue un intento frustrado de proponer una estructura narrativa diferente con el uso de flashforwards y demás parafernalia pseudo-artístico-temporal, si es que puede acuñársele un nombre. Quizá habría que valorar los riesgos que toma The Walking Dead de vez en cuando, pero no si lo hace con formas tan desestabilizadoras.

Y sin embargo las facultades están ahí. Al tiempo que la serie aburría con enfermedades y búsqueda de medicamentos, que me gustaría atañer al antídoto que Robert Kirkman buscó tras las acusaciones de falta de ritmo (y de zombies) de la tercera temporada, The Walking Dead se apoyó en el personaje total: el Gobernador. El hombre del parche nos regaló una de las tres joyas de esta fourth season en un capítulo en el que los guionistas consiguieron convertirle en el anti-héroe definitivo. ¡Si casi estuvimos dispuestos a perdonarle sus vilezas por vislumbrar apenas un atisbo de su humanidad!

The Walking Dead 4 temporada 2

Pero la realidad, en tanto que escondida, siempre acaba resurgiendo, y el Gobernador no podía ocultarse demasiado tiempo en su disfraz de pater familias. Tanto es así que el poder, uno de los elementos con los que sí lleva jugando la serie desde hace mucho, volvía a poner el orden de héroes y villanos sobre la mesa. De nuevo The Walking Dead sabía dónde mirar. De nuevo The Walking Dead había encontrado lo que quería ser. Not for too long.

Porque pese a los dos pequeños tesoros restantes, de nuevo la necesidad de impartir ritmo, de añadir nuevas dificultades, enemigos y destinos hacía que la serie perdiera el rumbo, por mucho que recuperara parte de su mitología -o al menos la que debe engalanar los cómics de Kirkman. Es cierto que, a diferencia de las malogradas parálisis que sufrió The Walking Dead en sus crónicas granjera y carcelaria, esta cuarta entrega ha abierto el abanico en busca de un mayor número de coyunturas argumentales, pero en detrimento de lo que verdaderamente nos importaba: el descubrimiento, por cuanto profundo y sincero, de sus protagonistas.

The Walking Dead 4 temporada 1

Entonces la pregunta clara es: ¿qué capítulos nos han brindado esa posibilidad? No hay que buscar demasiado. El combate dialógico de Daryl y Beth* en la cabaña y la utopía doméstica de Carol*y Tyreese con Lizzie* y Mika fueron dos auténticos portentos; dos muy bien sembrados mediometrajes que deberían hacer las delicias de los auténticos fans del género zombie. No ha habido mejor exploración de personajes en The Walking Dead, con la excepción de aquel receso con el Gobernador, que en estos dos episodios, y su existencia justifica sin duda cualquier disgusto previo que hayamos tenido con esta serie. Porque es cuando se exponen las verdaderas preocupaciones, los debates espirituales y las incoherencias morales de los personajes el momento en el que The Walking Dead encuentra su cometido. Ya cuando sabe hacer esa aproximación de forma honesta, sin trucos de magia o sueños exóticos, y hermosa, aún conviviendo en la melancolía y brutalidad de ese mundo plagado de muertos vivientes, The Walking Dead acaba codeándose con las mejores.

The Walking Dead 4 temporada 3

*Melissa McBride, Emily Kinney y Brighton Sharbino son, con diferencia, los grandes descubrimientos interpretativos de esta temporada. No hay que perderlas de vista.

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