Whiplash, baquetas entre sangre, sudor y esparadrapo

El filme de Damien Chazelle, con Miles Teller y J.K. Simmons, es una de las propuestas más completas de entre las nominadas al Oscar

Tensión y jazz a golpe de batería

7 Interpretaciones
8 Ritmo
8 Música
8 Tensión
7.8

La exigencia a uno mismo es una característica común entre la mayoría de los genios; les impide aceptar como válido todo aquello que no llega a ser sublime y les obliga a sacrificar unas cuantas cosas en su camino al éxito, ya sea su propia salud o una buena vida social. Por este motivo, no es de extrañar que si alguien llega a ser el mejor haciendo algo, desarrolle una cierta animadversión hacia lo que hace. Paco de Lucía reconoció que muchas veces odiaba su guitarra por todo lo que le había quitado, su infancia y su adolescencia, por ejemplo, que las pasó casi por completo en un cuarto estudiando y practicando su instrumento. Otro crack, pero en este caso de la raqueta, André Agassi, cuenta en su reciente autobiografía, “OPEN”, que “odia el tenis con una oscura y secreta pasión”, aunque también declara que es el deporte que le ha dado todo lo que tiene.

Hablar de estos traumas mentales de personajes con mucho talento parece no venir a cuento en una crítica cinematográfica, pero en el caso de Whiplash nos viene bastante bien para entender uno de los principales temas que el filme pone sobre la mesa: la capacidad de sacrificio de quien de verdad quiere ser el mejor en algo y para lo que se autoexige lo indecible. En segundo plano, una película que se desarrolla en un conservatorio de jazz, por mucho que esta obsesión por la perfección se pueda extrapolar a muchas disciplinas de la vida y no solo a la música.

Otro aspecto importante es el rol que lleva a cabo el maestro en la formación de un talentoso alumno. Muchas veces, su trabajo consiste en convertir la rutina en obsesión innata, lo que hace que sus pupilos lleguen siempre al límite del desquicio. Y claro, el dilema moral que presenta esta circunstancia es precisamente el que retrata esta sublime ópera prima de Damien Chazelle; un duelo entre baquetas y batutas orquestado por un primerizo realizador que ya se ha convertido en uno de los directores más jóvenes en optar al Oscar a la mejor película.

Whiplash 2 - Damien Chazelle

Un duelo de baquetas contra batuta orquestado por un primerizo que ya se ha convertido en uno de los directores más jóvenes en optar al Oscar de mejor película

La historia de Whiplash se centra en el aprendizaje de Andrew Newman (Miles Teller ), un joven y brillante estudiante de batería de un elitista conservatorio cuya vida cambia radicalmente cuando empieza a ser instruido por el exigente profesor Terence Fletcher (J.K, Simmons), conocido tanto por su talento como por su temperamento agresivo. Alumno y profesor buscarán a partir de aquí la perfección musical del primero, poniendo a prueba el equilibro emocional del muchacho.

El papel de Andrew se presenta como una persona reservada e inocente que a medida que transcurre la trama transforma en irascible y arrogante. Aun así, las penurias que sufre por culpa de su exigente maestro nos hacen compadecernos de él y nunca nos distancian del personaje. Chazelle, que también firma el guión, logra mantener una tensión constante, siempre atenta a cómo se desarrolla la angustiosa carrera del músico. En este punto, es evidente ver cierto paralelismo con otro éxito de los últimos años, Cisne Negro, aunque Darren Aronofsky en aquel caso identificó la obsesión por la perfección con un estado mental psicótico. Aun así, ambas guardan en común la misma creación de empatía con un protagonista obsesionado con el virtuosismo y un cierto gusto por la sangre y los esparadrapos, algo que Whiplash explota al máximo en algunos de sus mejores momentos.

Además, Whiplash goza de una excelente puesta en escena que aprovecha los elementos propios del jazz para crear una estética muy personal e hipnótica en los tramos musicales. También destacable es el trabajo en la realización, que dota al filme de un ritmo muy característico, ligado -por supuesto- al jazz, y que combina elementos de movimiento veloz con imágenes más estables e incluso a cámara lenta, algo precisamente muy propio del género musical protagonista, que suele ser una mezcla variante de contratiempos y espacios musicales.

Whiplash 3 - J.K Simmons

Alzarse con la estatuilla  podría marcar la diferencia entre ser recordada como un clásico o una mera cinta de culto

En lo referente a las interpretaciones, el trabajo de J.K Simmons bien merece un Oscar por su papel de estricto profesor, aunque sea como secundario y no como protagonista -algo que parece evidente en algunos tramos del filme. Cabría pensar que ese es en cambio el lugar lógico de su apurado alumno, un correcto Miles Teller, pero en el fondo es mucho más agradecido interpretar un personaje irascible lleno de tan geniales líneas de diálogo como las de Simmons.

Lo que queda claro teniendo en cuenta la carrera de los Oscar es que Whiplash se perfila como una de las propuestas más completas de entre las nominadas a mejor película -sorprendente, por otro lado, el ninguneo a Chazelle en mejor dirección. Alzarse con la estatuilla  podría marcar la diferencia entre ser recordada como un clásico o una mera cinta de culto.

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