Yo, él y Raquel. Ríe y llora. Con ganas.

El debutante director Alfonso Gómez-Rejón encuentra su voz en esta emocionante y a la vez desternillante historia.

Hilarante, original y cautivadora. Una sorpresa para todos los públicos.

10 Originalidad
9 Fotografía
9 Dirección
9 Protagonistas
9 Guión
8 Ritmo
9

Basada en el best-seller homónimo de Jesse Adrews Me and Earl and the dying girl (en España Yo, él y Raquel) narra la historia de Greg, un simpático adolescente que limita sus relaciones sociales a un trato superficial y cuya madre lo obliga a entablar amistad con Rachel, compañera suya del colegio a la que han diagnosticado leucemia. La película, rodada con un presupuesto relativamente bajo y con un reparto bastante anónimo, ha arrasado en el Festival de Sundance, llevándose el Gran Premio del Jurado y el del Público en la categoría de U.S. Drama. Pero no se confundan: Yo, él y Raquel está más cerca de Juno o de Rebobine, por favor que de Restless de Gus Van Sant.

¿Qué es lo que lleva a un debutante director como Alfonso Gómez-Rejón -segundo de dirección habitual de Norah Ephron (Tienes un e-mail) o de González Iñárritu en Babel– a querer rescatar de la lista negra de novelas por adaptar a esta obra en particular? Muy sencillo. Sus protagonistas, Greg y Earl, son dos adolescentes que comparten el gusto por el cine independiente extranjero y dedican su tiempo a versionarlo en demenciales remakes tales como “Anatomy of a Burger” (Anatomy of a Murder), “The 400 Bros” (The 400 Blows), “Death in Tennis” (Death in Venice)... Y así hasta 42 títulos que arrancarán unas buenas carcajadas al público, tanto al que pille la referencia como al que no.

Greg, egocéntrico y bocazas se complementa a la perfección con Earl, una especie de Bob el Silencioso, el amigo de la inteligencia emocional que todos tenemos, el que lleva las cosas a un terreno más personal, verbalizando para una intrigada Rachel la pasta de la que está hecha Greg tras su cascarón.

Yo, él y Raquel 3

Yo, él y Raquel narra la historia tres jóvenes que se ven obligados a enfrentar la muerte desde tres diferentes perspectivas: la de Raquel, que ha de afrontar su propia muerte, la de Earl, que valientemente la apoya y la de Greg, que encarna todos los miedos más comunes en la sociedad con su negación a la pérdida de un ser querido.

Estos dos amigos (para Greg y su fobia social, solo “socios”) toman la decisión de hacer una película sobre Rachel. Las difíciles consecuencias que implicará esta decisión los cambiará para siempre y hará de estos dos adolescentes dos adultos sensibles y generosos.

Yo, él y Raquel, contra todo prognóstico, no es un drama romántico. Y por ello precisamente resulta total y absolutamente cautivadora. Ni los protagonistas se enamoran ni el drama hace presencia más de lo necesario: pero cuando lo hace, lo hace bien, con toda la crudeza con la que se presenta en la realidad, también os lo aviso. Los actores protagonistas Thomas Mann (Project X) -sí, como el escritor de Muerte en Venecia, una de las obras versionadas por Greg y Earl… ¿casualidad?- RJ Cyler (Second chances) y Olivia Cooke (Ouija) llevan con maestría el peso de esta trama que estará plagada de secundarios extremos: el padre sociópata de Greg, mate en mano y bata de cultureta ermitaño, y su madre, la pseudo-psicóloga con ataques de verborrea, el tatuado y ciclado profesor de historia que cede su despacho cada día a Greg y a Earl para comer, la madre pirada de Rachel, que parece un homenaje El graduado, las tribus urbanas y otros personajes prototípicos de instituto caricaturizadas al límite…

Ciertamente se trata de una película teen, aparentemente pensada para público joven. Sus protagonistas adolescentes se mueven en los habituales quiebros en forma de chascarrillos para evitar el momento intenso de expresar sentimientos que son evidentes e inevitables. ¿Recordáis aquel encantador y risible “Te quiero, tío. Y ni siquiera me da vergüenza decirlo” del personaje de Jonah Hill en Supersalidos? Pues aunque las risas sean las mismas Yo, él y Raquel va un paso más allá en el momento en que esta maduración emocional es el resultado de tener que encarar la pérdida de un ser querido, la lucha contra el cáncer y la muerte de una amiga.

ME AND EARL AND THE DYING GIRL - 2015 FILM STILL - Pictured: Olivia Cooke as "Rachel" and Thomas Mann as "Greg" - Photo Credit: Anne Marie Fox © 2015 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved

Cuando te dispones a ver Yo, él y Raquel, no imaginas que estás a punto de llorar… de risa.

Puede que el peso y la profundidad de este tema sea el que haga esta película atractiva también para el público adulto. Puede que lo sea precisamente la candidez y lo auténtico del torpe modo en que expresan su afecto sus jóvenes personajes.

Dicho esto, parece natural que cuando te dispones a ver Yo, él y Raquel, no imaginas que estás a punto de llorar… de risa. Tanto para jóvenes como para adultos habrá grandes dosis de surrealismo desternillante como el momento en el que Greg y Earl se drogan accidentalmente y unos enormes ositos de peluche van apareciendo en escena, o en el que la voz del auténtico Hugh Jackman apela a Greg desde su foto de Lobezno colgada en la pared del cuarto de Rachel.

Más allá de la innegable reacción emocional que sin duda provoca, Yo, él y Raquel soprende una y otra vez por la originalidad tanto en enfoque como en técnica, y el conjunto de estos logros es lo que hará de ella un eslabón en la historia fílmica de una generación.

La película ofrece al público dosis desacostumbradas de risa y también de lágrimas. Una catársis completa y un disfrute asegurado de principio a fin.

Con todo un despliegue de divertidos artificios formales su nobel director Alfonso Gómez-Rejón consigue junto con el director de fotografía Chung-hoon Chung (Old Boy) una estética de lo más refrescante. Desde drásticos giros de cámara, planos elocuentes hasta decir basta, decorados encandiladores que visten las personalidades de los excéntricos portagonistas al estilo del más luminoso y colorido Wes Anderson, secuencias en Stop Motion, travelings demenciales a través de un comedor de colegio asalvajado aderezados con una buena banda sonora a a cargo del mismísimo Brian Eno (Trainspotting) y la narración en voz en off mejor tratada y más pertinente que haya visto en mucho tiempo.

Si alguna obra fílmica merece la etiqueta por separado de COMEDIA y DRAMA, es ésta, ya que alcanza el cénit de cada categoría asegurando al público dosis desacostumbradas de risa y también de lágrimas. Una catársis completa y un disfrute asegurado de principio a fin.

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