Yo, él y Raquél; y otras 5 películas melancólicas young adult

Si hace unos días analizábamos el fenómeno young adult en el que hacíamos un repaso de las franquicias postadolescentes sobre las que se están estableciendo auténticos imperios del dinero en torno a blockbusters de características similares, el inminente estreno de Yo, él y Raquél, nos obliga a echar un vistazo al otro lado del fenómeno.

El cine y la adolescencia, siempre han sido buenos compañeros, pero desde hace unos años las edades del cambio han mutado alargando los procesos de adaptación y el cine, ha aprovechado para enfocarse a un público postadolescente como no lo había hecho antes. Series de corte independiente como Skins o Girls habían abierto la puerta a una nueva mirada más realista de la edad. Y el cine ha recogido el testigo: el éxito de Juno y la enorme nostalgia contagiosa de Ventajas de ser un marginado adoptaron con ganas esta nueva vía.

Así, el séptimo arte ha sabido ver que la adolescencia tardía de la generación anterior al nuevo siglo es una época defuertes contrastes: la entrada en un mundo adulto cada vez más cambiante y lleno de dudas tiene como contrapartida la reticencia a abandonar las facilidades y comodidades de preadolescente nacido en una sociedad de bienestar aparentemente inocua.

El contraste ha dado como resultado un género particular en el que adolescentes tardíos se enfrentan a problemas adultos obligados a descubrir la verdadera cara de la realidad, siempre asociada al drama. Así, entre la fina línea (siempre artificial) de la comedia y el drama más habituales, se han sucedido estrenos que han conquistado, en bastantes ocasiones, tanto a crítica como a público.

Bajo la misma estrella de Josh Boone (2014)

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Bajo la misma estrella se construyó con un formato comercial romántico que empañaba el conjunto

El fenómeno de ventas editorial de los libros de John Green ha sido el ejemplo más agradecido en taquilla de este fenómeno paranormal. De hecho, también tenemos sucedáneos españoles y si no sólo hay que mirar las estanterías llenas de libros de Albert Espinosa para comprobarlo. El éxito, concretado en Bajo la misma estrella, contaba con la presencia de la estrella adolescente de la saga Insurgente Shailene Woodley, y entró por la puerta grande en un nicho de mercado que hasta entonces pertenecía de forma más concreta al cine indie.

Bajo la misma estrella no disgustó a la crítica y gustó mucho al público general por su acertada combinación de feel-good movie, drama de enfermedad y dosis de ácida crítica. Todo ello dentro de un formato comercial romántico que, en general, empañaba el conjunto por obligarlo a recorrer caminos convencionales y artificiales.

La respuesta del público a otra adaptación del mismo autor este año, Ciudades de papel, no ha sido desde luego la esperada. Con la misma combinación añadiendo el siempre atractivo desarrollo de road movie, y quitando al cóctel algo de dramatismo, pretendió ser la respuesta de adolescentes más enamoradizos y soñadores. Pero la historia de amor de instituto y lo forzado de su premisa hacía suspender la credibilidad de aquello que había funcionado en Bajo la misma estrella.

Si decido quedarme de R.J. Cutler (2014)

si decido quedarme

Con la intención de atracar taquilla y corazones adolescentes se estrenó Si decido quedarme, una romanticona y vacía película young adult

Con la misma intención de atracar la taquilla y el corazón de los adolescentes de clase media, llegó a nuestras pantallas Si decido quedarme. Una romanticona, excesiva y vacía historia de adolescencia irreal que contaba con la cada vez más desvirtuada Chloë Grace Moretz, y con todo un cargamento de peso desasosegadamente dramático que no tuvo más repercusión. Aunque tal vez le dejase secuelas a alguien.

Dos estrenos más alternativos (y arriesgados) precedieron al aterrizaje de las adaptaciones comerciales de John Green y compañía. Hijas innegables de Sundance en tono, crítica y voluntad de ofrecer relatos más abiertos y alternativos de la adolescencia Kings of Summer y Aquí y ahora ofrecieron otra mirada a la misma edad con tonos diferentes pero igual de equilibrados y efectivos.

Aquí y ahora de James Ponsdolt (2013)

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Aquí y ahora ofrecía embargo una mirada más adulta y equilibrada de la consabida pérdida de la infancia

Aquí y ahora se establecía en una narración más convencional que ofrecía sin embargo una mirada más adulta y equilibrada de la consabida pérdida de la infancia. Miles Teller (impresionante en Whiplash) y Shailene Woodley (de nuevo) protagonizaban una historia de amor de un realismo y una química realmente envidiables que hacían olvidar los recovecos y lugares comunes en los que la cinta caía de tanto en tanto. Una película de personajes creíbles y situaciones realistas que ofrecía la visión menos edulcorada (aunque melancólica) de la nueva narrativa young adult que aquí repasamos.

Kings of Summer de Jordan Vogt-Roberts (2013)

KINGS OF SUMMER

Todos conforman un retrato poliédrico que sustenta un discurso melancólico dedicado a reforzar la identidad adolescente con historias que les enfrenten al mundo adulto a la fuerza

Al contrario que Aquí y ahora, Kings of summer optaba por el riesgo y la confianza en intérpretes desconocidos en un plano formal. Con toques de comedia absurda, y una falta de complejos total en el tratamiento de determinados temas, ofrecía la historia de tres adolescentes que se escapan de casa para vivir en la montaña y huír de sus problemas con alcohol, hogueras, bailes y naturaleza. Una melancólica pero realmente divertida ópera prima que al contrario que otras, decidía remarcar el carácter pasajero y provisional de los “problemas” y “dramas” adolescentes.

Cierto es que, aunque diferentes entre sí todos estos títulos ofrecen un mismo retrato poliédrico que sustenta un discurso melancólico dedicado a reforzar la identidad del espectador adolescente con historias en las que se pueda identificar y que les enfrenten al mundo adulto a la fuerza. A un mundo adulto que, no obstante, estará casi siempre tocado por un discurso amable y cómico que deshincha y relaja su narrativa.

Yo, él y Raquel de Alfonso Gómez-Rejón (2015)

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Yo, él y Raquél se escapa del desarrollo narrativo tradicional ofreciendo una visión cargada de imaginación y referencias del mundo adulto

Sin salir de Sundance llegamos por fin a la genial Yo, él y Raquél, la más conseguida, autoreferencial e irreverente de este breve recorrido por la cara indie del fenómeno young adult.

Yo, él y Raquél llega con los dos premios grandes del festival de Sundance bajo el brazo, Mejor Película y Premio del público para esta comedia dramática tan bella como dura sobre la entrada en la edad adulta. Un experimento en lo formal y en lo narrativo dispuesto a romper con los cánones típicos y tópicos del drama adolescente para llegar como un tiro directo al corazón del espectados que se deje sorprender.

Yo, él y Raquél decide lanzarse al vacío durante casi mitad del metraje para que el espectador entre en el imaginario genial de dos adolescentes tan inadaptados como invisibles para el conjunto de la fauna de último curso de secundaria. Escapándose del desarrollo narrativo tradicional y ofreciendo una visión cargada de imaginación y referencias cinematográficas del mundo adulto y la evolución propia asociada a él.

Aunque se sienta igual de cómoda en su último tramo, de un desarrollo mucho más convencional, en realidad parece que su director, Alfonso Gómez-Rejón, le estuviese diciendo al espectador que puede contar una historia normal si se lo propone. Una estrategia bien llevada que desemboca en una escena final que arranca el corazón del espectador cuando éste ya está relajado.

Yo, él y Raquél es un jugete roto surgido de una alteración genética entre la dura y consciente mirada de Truffaut, las virguerías visuales y el ritmo artificial de Wes Anderson, el gusto por los referentes de Bogdanovich o incluso el gusto por el absurdo de Kevin Smith. Una delicia, y una de las películas más sorprendentes e inesperadamente buenas de lo que va de año.

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