[Zinegoak 2018] De la mejor fantasía a la más cruda realidad

Dos joyas brasileñas, "Corpo Electrico" y "As boas maneiras", y la sorpresa rumana de "Soldados", destacan en un edición de gran nivel

La 15º edición del Festival internacional de cine y artes escénicas gaylestrans de Bilbao, Zinegoak, ha venido marcada por el recuerdo emocionado a Ekai, el joven transexual de Ondarroa cuyo trágico suicido hace unas semanas nos recordó la importancia vital de seguir luchando por los progresos, tanto sociales como político-administrativos, que garanticen la plena realización personal de quien, sencillamente, reivindica un reconocimiento, a todos los efectos, de suverdadera identidad. Gracias a Zinegoak, el cine demuestra toda su fuerza como herramienta formativa, combativa y poética.

A nivel cinematográfico, Brasil nos ha regalado las dos joyas más contundentes de la edición. Por un lado, Corpo Eléctrico, la hipnótica aproximación de Marcelo Caetano (ganador del premio al Mejor Director, pese a debutar en el mundo del largometraje – quién lo diría), al día a día de un atractivo veinteañero (perfecto Kelner Macêdo) que trabaja como asistente de la jefa de taller de una modesta fábrica de confección. La llegada de un nuevo e inexperto empleado de Guinea-Bisáu y el estresante pico de trabajo al que se enfrentan por la llegada de las vacaciones navideñas estrechará las relaciones entre los compañeros del taller, que celebrarán el nuevo año entre cervezas, risas, confidencias, partidos de fútbol, fiestas en la playa y nuevos amores. No ocurre nada “especial” en esta película, pues no hay una “narrativa” en el sentido convencional de la palabra , y sin embargo, todo lo que ocurre es muy especial, porque rezuma verdad: asistimos a la precariedad de las condiciones laborales, pero también a la amistad entre personas muy distintas que sufren y disfrutan juntas los sinsabores y placeres de la vida.

El filme refleja con naturalidad y cariño algunos aspectos fundamentales de la vida gay contemporánea (los encuentros furtivos, el goce desacomplejado del sexo, las dinámicas de profunda solidaridad – y sarcástica competitividad- de los grupos drag), insertándolos en una realidad más global para así entonar un canto a la tolerancia, la diversidad y el encuentro, como vías (aún perseguidas) para salir de la oscuridad. Caetano despliega un estilo rebosante de sensualidad y virtuosismo (incluido un meritorio plano-secuencia), y nos deja con una dulce sensación entre la felicidad y la melancolía, esa nostalgia por lo imposible, por una vida que fuera una vibrante fiesta eterna.

 

Corpo eléctrico refleja la amistad entre personas distintas que sufren y disfrutan juntas los sinsabores y placeres de la vida, y entona un canto a la tolerancia, la diversidad y el encuentro

La otra sorpresa brasileña, aún más impredecible, ha sido As boas maneiraspremiada en festivales tan diversos como Locarno y Sitges, y que aquí ha sido acreedora del los Premios a las Mejores Interpretaciones Protagonista y Secundaria para sus dos protagonistas. Sí, en efecto, estamos ante una película de género, pero de un modo insólito y muy estimulante, que nos revela el talento de su pareja de realizadores, Marco Dutra y Juliana Rojas. Desde los bordados, con reminiscencias góticas, que enmarcan los créditos iniciales, uno intuye que algo extraño va a ocurrir ente las dos protagonistas, una adinerada joven recién llegada a Sao Paulo (excelente Marjorie Estiano, entre divertida y turbadora) y  la solitaria enfermera que esta contrata para ayudarla durante su embarazo y la crianza del bebé (inolvidable Isabél Zuaa, que nos hace recorrer un complejísimo arco dramático). Del thriller psicológico al erótico-vampírico, de ahí al cruce entre “La semilla del diablo” y “Crudo”, y al final, en una especie de “segunda parte”, prácticamente independiente, rumbo al desatado melodrama materno-filial que haría las delicias de un Bayona especialmente inspirado. Quizá he contado demasiado, porque lo ideal es asistir a esta experiencia con la mínima información posible.

Todos los géneros y estilos (el terror, el costumbrismo, el musical, el relato romántico) caben en esta “saga” con la extensión y el poso de un gran culebrón brasileño (el metraje es largo, pero el ritmo siempre aceptable), que moderniza los cuentos clásicos y los viejos códigos genéricos, adaptándolos a las nuevas realidades sociales y afectivas, sin perder de vista el retrato de un país con grandes desigualdades económicas. Con los medios justos y el talento al máximo rendimiento, los realizadores Marco DutraJuliana Rojas nos regalan escenas memorables, que pasarán seguro a formar parte de antologías del fantástico contemporáneo y harán las delicias de todo cinéfilo con ganas de aventura. En todo caso, As boas maneiras es sobre todo un canto al amor entre diferentes, un mensaje de resonancia y pertinencia universal.

La inclasificable “As boas maneiras” reúne erotismo, amor, terror, melodrama y musical con resultados impredecibles e inolvidables

Si hablamos de valentía, hay que hablar también de la flamante película ganadora de esta edición, Soldados. Una historia de Ferentari, película que ya causó cierto desconcierto en su paso por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián y que en Zinegoak se ha erigido como la muestra más radical y directa de un cine apegado a la más cruda realidad. Se trata de una aproximación sin concesiones, dirigida con arrojo y estupenda dirección de actores por Ivana Mladenovic (previamente realizadora del documental Turn Off the lights), a la comunidad romaní del barrio de Ferentari (el más pobre de Bucarest), y a la inclasificable relación (movida por el afecto, la dependencia económico-sexual, la curiosidad, la desesperación o una mezcla tóxica de todas ellas) entre un antropólogo estudioso de la música popular romaní y un ex-convicto sin muchos escrúpulos, pero puntualmente cariñoso.

Todo en esta película exhala un costumbrismo sórdido y alejado de cualquier propósito de estilización, lo que supone su mayor punto distintivo, y al mismo tiempo, su mayor temeridad, pues el intermitente pulso narrativo y la considerable duración de la cinta dejan al espectador sin asideros fáciles ante la contemplación de una realidad en lo límites. Esta es por tanto una experiencia cinematográfica tan estéticamente “desagradable” como insólitamente auténtica, donde realidad y ficción parecen confundirse.

La película ganadora del certamen,  Soldados. Una historia de Ferentari, se ha erigido como la muestra más radical y directa de un cine apegado a la más cruda realidad

El cine realizado por mujeres ha ocupado de este modo un lugar privilegiado, y muy bienvenido, en una edición donde hemos podido ver también lo nuevo de la argentina Julia Solomonoff (El último verano de la Boyita, Hermanas), que esta vez traza un retrato íntimo y desencantado de la supervivencia en Nueva York de un famoso actor de televisión (magnético Guillermo Pfening), que escapa de su situación sentimental en Buenos Aires (donde mantiene una relación secreta con su jefe en la televisión), para participar en un proyecto con financiación estadounidense que nunca llega a materializarse.

Nadie nos mira concentra así en un mismo personaje las dificultades existenciales de un hombre gay, actor e inmigrante, sin aportar grandes novedades narrativas ni saber mantener un ritmo lo suficientemente sólido a lo largo del metraje, pero con la suficiente delicadeza y credibilidad como para hacernos partícipes de los desafíos a los que se enfrenta este personaje perdido en la Gran Manzana, y en su propio corazón. 

Por su parte, el debut en el largometraje del gallego Lázaro Louzao se salda con una pieza intimista de considerable ambición y notables resultados: Nove de novembro recorre la evolución y deterioro de una pareja gay durante los años 80, paralelamente a los sucesos sociopolíticos que marcaron aquella década (los primeros pasos de la democracia en España, la agonía del régimen soviético, la aparición del VIH…). Con gran economía de medios, inteligencia narrativa y formal (la película se desarrolla casi íntegramente en la habitación de su piso compartido, pero también respira en sus puntuales salidas a sugestivos enclaves naturales) y el apoyo de dos actores entregados (los brillantes Ademar Silvoso y Brais Yanek), Louzao nos introduce en la dinámica más profunda de los protagonistas, y logra combinar romanticismo, amargura y melancolía con magnético realismo.

Nove de novembro, el debut en el largometraje del gallego Lázaro Louzao se salda con una pieza intimista de considerable ambición y notables resultados

Por el lado de los documentales, se programó el interesantísimo Dream Boat (disponible en Netflix), una visión caleidoscópica de la realidad gay contemporánea a través de las historias y los sentimientos de diversos hombres a bordo de uno de los famosos “cruceros gays” del verano. La búsqueda del amor, el culto al cuerpo, el miedo a la vejez y a la soledad… Por debajo de las espectaculares tomas visuales y la música atronadora del barco, este filme indaga con agridulce lucidez en los recovecos más incómodos de dicha realidad.

No puede tampoco dejar de mencionarse la originalidad y fuerza emotiva de Mr. Gay Siria, que relata el intento real de la comunidad gay siria afincada en Turquía por enviar un representante a dicho certamen. Una crónica estremecedora que insufla pese a todo ganas de seguir luchando. Un espíritu que Zinegoak representa, y esperemos siga representando, por mucho tiempo.

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